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 jueves, 01 de abril de 2004

Charlas en el Café del Bajo

-Por eso, Inocencio, y retomando la conversación de ayer en el marco de las pascuas cristianas y judías, no puede haber verdadera reconciliación sin reconocimiento y aceptación absolutos del pasado. Esto no quiere decir que se deba mirar hacia lo sucedido para quedarse allí, todo lo contrario. La reconciliación es otra cosa.

-¿Qué es?

-Es conocer el pasado para traspasarlo. Voy a ejemplificar sobre perdón y reconciliación a partir del caso de un matrimonio, una pareja y tomando como punto de referencia una situación bastante usual: la infidelidad (tal como se la entiende vulgarmente).

-A ver.

-Ella fue siempre una buena mujer, dedicada a su esposo, a su hijo, a su profesión. De pronto se siente vacía, descuidada e incomprendida por su pareja. Es decir, entra en terreno fértil para lo que comúnmente se denomina "el affaire" y en cierta medida éste se produce. Digo en cierta medida, porque la mujer de nuestra historia si bien mantiene dos o tres encuentros con un hombre no se decide aún a transponer los límites que la separan de lo que ella supone o cree la trasgresión absoluta. Pero he aquí que el esposo tiene noticias de la actitud de su mujer y el matrimonio parece a punto de desmoronarse.

-Una historia cotidiana.

-Con todo, no puede decirse que el sentimiento se haya extinguido en esa pareja y la mujer, quien en realidad nunca estuvo convencida de lo que hacía, pide perdón y propone reconciliación. El esposo, dolorido, acepta, ¿sobre qué se edifica ese perdón?

-Sobre la verdad, porque ninguna enfermedad puede ser curada si antes no se conoce, si no es diagnosticada.

-Así es. La mujer le dice: "Bueno, te enteraste de lo ocurrido y de lo que me arrepiento de veras, te pido que lo asumas (asumir, hacerse cargo) para perdonarme enteramente". El perdón no puede basarse en la ignorancia, en la incertidumbre sobre la verdad o en la no aceptación de ésta, pues estará siempre a merced del resentimiento. Una vez observado el error el esposo dispuesto a la remisión dirá: "Lo he visto todo. Ahora miremos hacia adelante y avancemos juntos". El perdón implica desterrar de uno la parte amarga del pasado para evitar el reproche en el futuro. Si Moisés, al salir de Egipto con su pueblo, se hubiera sentado a llorar y a maldecir nada más los días de la esclavitud terrible inflingida por el faraón hubiera estado perdido y hubiera perdido a su pueblo. En el Monte de los Olivos, Jesús, como si estuviera observando desde un punto del futuro, ve lo que le está sucediendo. Las escrituras dicen que se puso a llorar, se quebró. Pudo haber evitado todo eso, haber resuelto su vida borrando el pasado que estaba viendo en ese momento premonitorio. Tenía varias opciones: fugarse; arreglar con la parte del Sanedrín que no estaba de acuerdo con sus ideas (sostengo que Jesús y sus discípulos tenían estrechos vínculos con los sacerdotes de su pueblo); llegar a un acuerdo con las autoridades romanas. Es decir, pudo haber hecho muchas cosas para evitar ese "pasado doloroso" que veía. Pero decidió enfrentarlo, aceptarlo. Y no lo aceptó para quedarse en un mundo pretérito, sino para transponerlo. No lo hubiera podido hacer sin antes conocerlo, de la misma manera que Moisés no hubiera liberado a su pueblo sino hubiera "asumido" su pena y esclavitud.

-Reflexión final sobre perdón y reconciliación.

-Las pascuas judías y cristianas son propicias para un cambio, para el perdón y la reconciliación. Hemos girado sobre tres palabras: pasado, aceptación y liberación. Palabras que enmarcan momentos de Moisés y de Jesús. Al perdonar sinceramente uno se libera y libera a su prójimo de una carga pesada, muy pesada a veces. Perdonar es, antes que nada, observar el pasado, la verdad dolorosa que nos presenta el ofensor, asumirla y decidir: "Esta certeza que me aflige es real, pero la aflicción o el reproche no tendrá parte en mi destino". Es lo que hizo Moisés cuando salió de Egipto, es lo que hizo Jesús cuando enfrentó la cruz.

Candi II

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