Año CXXXVII Nº 48297
La Ciudad
Política
Información Gral
Opinión
La Región
El Mundo
Policiales
Cartas de lectores


suplementos
Ovación
Turismo
Mujer
Economía
Escenario
Señales


suplementos
ediciones anteriores
Educación 14/02
Campo 14/02
Salud 11/02
Autos 11/02


contacto

servicios

Institucional

 domingo, 15 de febrero de 2004

Lecturas. Análisis de relatos de viajeros por la Patagonia
"Geografías imaginarias": Espacio de mitos y utopías

Osvaldo Aguirre / La Capital

Por qué estos áridos desiertos han echado tan profundas raíces en mi memoria? ¿Por qué no hacen otro tanto las verdes y fértiles Pampas, superiores a las extensiones patagónicas?" La pregunta del naturalista Charles Darwin sitúa una cuestión central en la mirada que científicos, aventureros y exploradores trazaron sobre la Patagonia: la contradictoria fascinación ante un paisaje desolador. Ernesto Livon-Grosman recrea ese interrogante en una perspectiva histórica: la de los viajeros que recorrieron la región y dieron testimonio de sus experiencias a través de la literatura.

El relato de los viajeros por la Patagonia tiene un estatuto ambiguo. Participa de la literatura y a la vez de la historia, remite a los tópicos de la ficción y a la vez es leído como documento, trata de extender los límites del saber científico y de contribuir a un proyecto político. Los géneros, decía Jorge Luis Borges, dependen menos de sus reglas que del modo en que son leídos.

Livon-Grosman plantea tres estaciones en su recorrido. La primera corresponde a las expediciones inaugurales, los contactos de españoles y británicos con ese otro mundo desconocido y que se transmitieron a través de los relatos de Antonio Pigafetta, Thomas Falkner y Charles Darwin. La "conquista del desierto" del general Julio A. Roca y la incorporación de la Patagonia al territorio nacional funcionan como bisagra para el segundo momento, que es el de los viajeros argentinos, como Estanislao Zeballos, Roberto J. Payró y, sobre todo, el perito Francisco P. Moreno. Es la época en que se plasma el proyecto político de la generación del 80 y en que conocer esas regiones olvidadas asume el sentido de enfrentarse con Chile. A continuación se configura otro período, aun abierto según el autor, que "se caracteriza por la metaforización del territorio patagónico" y puede leerse en los textos de William Hudson, Bruce Chatwin y Paul Theroux.

Para justificar su recorte, Livon-Grosman dice que ha elegido los relatos que fundaron el "doble mito" de la Patagonia, como tierra de nadie y a la vez como parte integral de la nación. La percepción de que se abría un espacio vacío planteaba el temor de que otro -un otro extraño, amenazador- pudiera ocuparlo. Así, el autor se propone explorar las relaciones de la literatura de viaje con la historia política del país: las exploraciones, dice, estuvieron ligadas al desplazamiento de la frontera nacional, desde la zanja con que el gobernador Alsina trató de proteger la provincia de Buenos Aires.

En uno de los pasajes más atractivos del ensayo, la construcción de la identidad nacional argentina aparece ligada al exterminio de la población aborigen. La constitución de un estado central hegemónico, dice Livon-Grosman, excluyó a los indígenas y los condenó a la desaparición.

El terreno ya estaba preparado por los testimonios de los viajeros que observaron el "desierto" patagónico e ignoraron a los pueblos indígenas, como si no fueran seres humanos. En ese sentido se destaca la "contribución" de Darwin, quien creyó que los onas eran caníbales y no supo apreciar la extraordinaria riqueza de la lengua yámana.

Pigafetta integraba la expedición de Fernando de Magallanes, que en 1520 desembarcó en la Patagonia. "Un día en que menos lo esperábamos -dijo- se nos presentó un hombre de estatura gigantesca (...) Este hombre era tan alto que con la cabeza apenas le llegábamos a la cintura". La ficción está cifrada en el nombre mismo de esos seres fabulosos, que Pigafetta habría tomado de Patagón, personaje de la novela de caballería que tenía figura humana y rostro de perro. A partir del "testimonio" del viajero, "la Patagonia llevará para siempre la doble marca de la exageración, por un lado el gigantismo de los indígenas, por el otro la dimensión sublime del paisaje".

Thomas Falkner recurrió también a la ficción, ya que pudo describir la Patagonia sin haberla conocido. Su texto, publicado en 1774, fue una recensión de informes de indígenas, multiplicados por los equívocos y los agregados de la imaginación. Durante más de un siglo, hasta el viaje de George Ch. Musters (1869), constituyó la principal autoridad sobre la Patagonia. La imaginación inspiró asimismo a William Hudson, cuyo viaje al sur quedó frustrado por un accidente que lo obligó a permanecer en Carmen de Patagones. Aun así pudo escribir "Días de ocio en la Patagonia".

Los viajes del perito Francisco P. Moreno estuvieron relacionados tanto con los propósitos de investigación científica como de posesión de tierras que hasta ese momento no tenían ocupantes y eran disputadas con Chile. Moreno se compadeció del exterminio de los indígenas y hasta ayudó a algunos caciques, como Inacayal y Foyel, pero no por eso dejó de participar en el proyecto de Roca. "De ahora en más -dice Livon-Grosman- el viaje a la Patagonia adoptará un tono de carácter individual y el tono de los viajeros se volverá progresivamente más y más nostálgico". En el mismo movimiento, cuando parecía conocida hasta en sus rincones más alejados, la Patagonia se refuerza como mito para apostar al porvenir, "como el repositorio del futuro de la nación".

enviar nota por e-mail

contacto
buscador

Ampliar FotoFotos
Ampliar Foto
Fábula. Parte del mapa que acompañó la "Descripción de la Patagonia", de Falkner.

  La Capital Copyright 2003 | Todos los derechos reservados