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 domingo, 15 de febrero de 2004

El funcionario de Cámpora tiene una activa historia dentro del peronismo
Esteban Righi, de la Masacre de Ezeiza a la Procuraduría General de la Nación
El ex ministro, uno de los protagonistas del regreso de Perón al país, vuelve luego de 31 años a la función pública

Hernán Maglione / La Capital

"Cámpora al gobierno, Perón al poder", gritaban en 1973 en Plaza de Mayo, con tanta fuerza como para que el propio Juan Domingo Perón escuchara desde Madrid. El 25 de mayo, tras haber sido elegido presidente con el 49,59 por ciento de los votos, asumió El Tío, Héctor J. Cámpora. Era el inicio de una ilusión precedida por botas militares, pero el sueño duró poco, tan sólo 49 días.

El ascenso y caída de Cámpora tuvo como uno de sus protagonistas al entonces ministro del Interior, Esteban Righi, el mismo nombre que sonó con insistencia 31 años después, cuando el presidente Néstor Kirchner debió nominar a un candidato para reemplazar a Julio Nazareno en la Corte Suprema. Ese lugar finalmente fue para Eugenio Zaffaroni, ya que la amistad entre Righi y el presidente representó un obstáculo para su nominación. Pero la renuncia de Nicolás Becerra a la Procuración General de la Nación posibilitó la entrada del ex colaborador de Cámpora en la administración "K".

"Kirchner no se hace el progre: es progre", asegura Righi. Su relación con el presidente nació de la admiración del santacruceño, quien junto a su entorno siempre recuerda el discurso que el entonces muy joven titular de la cartera de Interior pronunció en el Departamento Central de Policía. Corría 1973. "Las reglas del juego han cambiado. Ningún atropello será consentido. Ninguna vejación a un ser humano quedará sin castigo", sostuvo tras años de dictadura.


El otro Cámpora
Esteban Justo Antonio Righi, Bebe para sus íntimos, nació en Resistencia el 4 de septiembre de 1938. Es egresado del Liceo Militar General José de San Martín y se graduó como abogado en la UBA, donde también se doctoró en Derecho Penal. En los pasillos de esa casa de estudios conoció a Héctor Cámpora hijo, posteriormente su socio en un estudio jurídico y también su boleto de entrada a la historia política argentina. Fue militante de la "Jotapé" y participó activamente del regreso de Perón de 1972 y, en menor medida, del de 1973. El 25 de mayo de ese año se convirtió en el ministro más joven del gabinete de Cámpora (padre).

Con la renuncia de Cámpora abandonó su función. Dos años antes de la caída de Isabel Perón se exilió en México junto a su mujer y sus tres hijos, luego de sufrir reiteradas amenazas. Acompañó a Cámpora durante sus últimos días de vida e incluso trabajó para repatriar sus restos. Retornó al país en 1984 y, aunque nunca dejó de lado la militancia, se dedicó a trabajar en su estudio privado. Publicó varios libros y accedió por concurso al cargo de profesor titular de Derecho Penal de la Facultad de Derecho de la UBA, donde tuvo como adjunto al actual jefe de Gabinete, Alberto Fernández. Pero, en el medio de su historia personal, le tocó bailar con la más fea: la Masacre de Ezeiza.

A las dos de la mañana del 25 de mayo de 1973, seis horas antes de que Cámpora leyera las 160 carillas de su discurso de asunción, el primer aviso de lo que se venía retumbó en las puertas de Casa de Gobierno. Un grupo de jóvenes fue baleado por desconocidos. A las diez de la mañana, hubo otra lluvia de balas, esta vez disparadas por uniformados que atacaron a quienes entonaban cánticos que prometían venganza para los 16 muertos de Trelew. "Con indulto somos todos compañeros, sin indulto somos todos Montoneros", se escuchó cantar, no mucho después.


El principio del fin
El 20 de junio fue pensado como el gran día peronista, el comienzo de la reconciliación interna, la solución a todos los problemas. Sin embargo, el saldo del último operativo regreso fue de unas veinte muertes, al menos dos centenares de heridos y el principio del fin del gobierno de Cámpora. El clima se enrarecía más a cada momento: rumores y acusaciones cruzadas, supuestos planes de atentado contra Perón, "provocadores marxistas", "maccartistas", "infiltrados izquierdistas", la firma de Juventud Peronista, sindicalismo, las 62 organizaciones, montoneros, ERP, FAR... Mientras Argentina se convertía en un campo de batalla.

Algunos creen que aquel día hubo dos millones de personas en Ezeiza, algo así como el diez por ciento de la población del país. Todos querían presenciar el regreso de Perón. Un grupo de jóvenes intentó llegar hasta el palco y una ráfaga de ametralladora inauguró 45 minutos de disparos cruzados. En medio de la confusión, muchos fueron víctima del fuego amigo y hay quienes afirman que de las ambulancias del Ministerio de Bienestar Social bajaban hombres fuertemente armados. A las 16.30, tras una nueva balacera, el vicepresidente Solano Lima deja Ezeiza y ordena al avión que aterrice en Morón.

No tardaron en aparecer los que pedían la cabeza del ministro del Interior. "El culpable es Esteban Righi, por no haber tomado las previsiones del caso", sostuvo el diputado Rodolfo Arce. Años después, Horacio Verbitsky opinó que "el plan que había preparado la Policía Federal para Ezeiza, desde el punto de vista técnico, era muy inteligente y muy sensato. De haberse seguido sus recomendaciones no hubiera sucedido lo que pasó".

Cámpora cayó rápidamente, obligado a renunciar a 49 días de asumir. Righi fue el ministro que más duró en el gobierno, pero no resistió las presiones de la derecha. Hoy regresa a la función pública, subido a la esperanza que genera Kirchner, aunque no sea partidario de comparar el sentimiento de mayo de 1973 con la actualidad argentina. "Son procesos políticos muy diferentes", resalta. Aunque se define como un pesimista, no alcanza a ocultar su entusiasmo con el rumbo de la actual administración.

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