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 domingo, 01 de febrero de 2004

Lecturas. Indagación de la sexualidad en una novela premiada
"Middlesex": Niña primero, chico después

Leonel Giacometto

Jeffrey Eugenides (Detroit, EEUU, 1960), poco había publicado hasta que recibió el Premio Aga Khan, años atrás, con su primera novela "Las vírgenes suicidas", donde relataba cómo cinco hermanas se suicidan en un típico suburbio de Estados Unidos, y cómo ese hecho, inexplicable e incomprensible, obsesiona a un grupo de jóvenes, ahora cuarentones, que en su momento conocieron a las chicas y se sintieron atraídos por ellas. Esta novela se hizo aun más famosa cuando Sophia Coppola, con mucha plata y poco talento, la llevó al cine.

"Nací dos veces: fui niña primero, en un increíble día sin niebla tóxica de Detroit, en enero de 1960; y chico después, en una sala de urgencias cerca de Petoskey, Michigan, en agosto de 1974". Así comienza Middlesex, la segunda novela de Eugenides, con la cual el año pasado ganó el Premio Pulitzer y se convirtió, con apenas dos novelas y uno que otro cuento publicado en alguna revista, en uno de los más interesantes y renovadores escritores norteamericanos.

Uno de los rasgos, digamos, "morales" más sobresalientes de la narrativa norteamericana de parte del siglo XX fue el machismo, acompañado y fundado en un lenguaje seco y directo. Eugenides, con Middlesex, golpea por varios flancos (tanto literarios como morales) y crea un personaje tan ambiguo como significante de la realidad que lo circunda sin posicionarse en un, digamos, estudio de los géneros (y de la presión que ejerce uno sobre otro), sino que le da voz a uno de los (por llamarlo de algún modo) "debates" que (secretamente o no) desvelan a buena parte de la medicina y la sociedad actual. Y lo hace en una maravillosa primera persona que, a través de casi setecientas páginas, cuenta su historia. En realidad, pareciera, cuenta la historia de un gen.

Cal Stephanides tiene 41 años y es agregado cultural en la embajada de los Estados Unidos en Berlín. Está enamorado de una desconocida que todas las mañanas cruza en bicicleta y, temeroso de lo que pueda suceder en el momento de la verdad, dice, "ahora, que tengo cuarenta y uno, siento que se acerca otro nacimiento. Tras decenios de despreocupación, de pronto pienso en mis tíos abuelos fallecidos, en abuelos olvidados mucho tiempo atrás, en desconocidos primos de quinto grado, o bien, tratándose de una familia endogámica como la mía, en todo eso a la vez. De manera que, antes de que sea demasiado tarde, quiero ponerlo por escrito de una vez: ese viaje en montaña rusa de un solo gen a través del tiempo". Cal, que en su partida de nacimiento figura como Calliope, ha vivido como mujer y como hombre. No es ni un/a travesti ni un/a transexual: es un hermafrodita (o un intersexo, para ser moderno) que, hasta los catorce años vivió y experimentó las sensaciones de una chica ingresando a la adolescencia pero que descubre, de pronto, que es un varón. Debido a un defecto genético, su cuerpo no responde del todo a las hormonas masculinas y a partir de allí inicia un raid medico-científico para saber qué y quién es.

Dos (o más) historias hay en "Middlesex" que se hacen una, dos espacios geográficos a la búsqueda de un mismo sueño, dos sexos en una misma persona ya que en su confesión, Cal comienza a relatar la historia de su familia hasta llegar a él/ella. Lo épico y lo íntimo, la epopeya familiar y la personal, la historia (incluso su historia genética) aparece en Middlesex. Por momentos, la novela se transforma en una saga familiar griego-americana donde aparecen los conflictos bélicos entre Grecia y Turquía de los años 20, la inmigración a Estados Unidos, la Gran Depresión, la Alemania dividida, los problemas raciales en los pueblos norteamericanos y hasta un rastreo en su árbol genealógico para explicar su condición hermafrodita. Como dijimos, "Middlesex" está narrada en primera persona, y con esto Eugenides hace mucho más íntima y asombrosa la transformación del personaje, pero también obvia los problemas pronominales de él o ella y se atreve a destruir la línea que divide la literatura escrita por varones de la escrita por mujeres.

A diferencia de muchas "grandes" novelas norteamericanas, Middlesex es barroca, exuberante de adjetivos y situaciones grotescas y casi imposibles que guardan cierta reminiscencia con el realismo mágico (sin llegar a tal). "He sido guardameta de hockey sobre hierba, miembro durante mucho tiempo de la Fundación para Salvar al Manatí, esporádico asistente a la misa ortodoxa griega y, durante la mayor parte de mi vida adulta, funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores de Estados Unidos. Como Tiresias, primero fui una cosa y luego otra. Fui ridiculizado por mis compañeros de clase, convertido en conejillo de Indias por los médicos, palpado por especialistas y calibrado por Don Dinero. Una pelirroja de Grosse Pointe se enamoró de mí, sin saber lo que era (También le gusté a su hermano). Un carro blindado me condujo a una batalla urbana; una piscina me convirtió en mito; abandoné mi cuerpo para tomar posesión de otros...", cuenta Cal con grandes dosis de humor (una característica sobresaliente de la novela) y lírica sensibilidad.

"Middlesex" habla sobre un lugar, sobre una familia; es la historia de un hermafrodita pero es, básicamente, la historia de alguien en busca de un significado casi imposible de definir: la identidad (no sólo sexual sino personal); la identidad personal como resultado de la confusión y fusión con otras identidades y donde la búsqueda del yo siempre está jugando en espejo con el otro.

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