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 domingo, 11 de enero de 2004

Técnicas complementarias: Experiencias que suman

El término "complementaria" va a ser el que acompañe a las técnicas, hasta ahora denominadas alternativas, que abandonen la esfera de lo esotérico y demuestren sus virtudes para prevenir ciertos trastornos, mejorar la calidad de vida, paliar síntomas o curar.

El método científico vigente tiene un estricto protocolo (pruebas de laboratorio y ensayos clínicos) indispensables para que los productos farmacéuticos y terapias obtengan la calidad necesaria para su aplicación en la práctica clínica. Sin embargo, desde hace tiempo el ser humano ha tratado de aliviar las alteraciones relacionadas con la salud con diversos métodos: hierbas, masajes, ritos espirituales, meditación, acupuntura, baños, aceites esenciales, ejercicios y artes marciales cuyos efectos positivos no pueden ser medidos con herramientas convencionales. Por este motivo las llamadas terapias alternativas han sido muchas veces denostadas por los defensores de la medicina basada en la evidencia.

Ultimamente las cosas han cambiado de una manera radical y lo seguirán haciendo en los años venideros. Desde hace un tiempo, la ciencia más rigurosa viene constatando las propiedades beneficiosas (no solamente para curar, sino también para mejorar la calidad de vida) de algunos de estos recursos que ya están empezando a denominarse complementarios, en lugar de alternativos, ya que este término responde mejor a su esencia. De esta forma, la medicina moderna aspira a integrar la medicina alopática (la que resulta más familiar en Occidente) con la complementaria (el conjunto de esas otras formas de curar).

Lo que se trata es de lograr un beneficio sirviéndose para eso de cualquier método eficaz que ayude a superar, o al menos a paliar, el sufrimiento y la enfermedad.

Actualmente, hospitales de prestigio internacional ya cuentan con especialistas en tratamientos complementarios y unidades dedicadas a ellos. Muchas de estas disciplinas (fitoterapia, masaje, homeopatía, acupuntura) alcanzaron el rango de materia universitaria en centros docentes y facultades de medicina de todo el mundo.

Sin embargo, el auge de los productos y tratamientos complementarios también trajo consigo la otra cara de la moneda: el fraude. Aprovechando las lagunas legales y el desconocimiento popular, hay quienes no tienen escrúpulos y proclaman la curación de cualquier trastorno, aprovechando el dolor y la desesperación de los que necesitan alivio.


Enemigo de nuestro tiempo
Muchos de los tratamientos alternativos que más adeptos consiguen se encaminan a desterrar el estrés, un mal endémico de las sociedades modernas implicado en el deterioro del sistema inmunológico y en la aparición de enfermedades cardiovasculares. Meditación, respiración, yoga, masaje, aromaterapia, artes marciales, hidroterapia y un sinfín de métodos para relajarse y desconectar momentáneamente de la frenética actividad diaria, ganan seguidores a pasos agigantados. Algunas grandes empresas se han dado cuenta de las ventajas que supone eliminar la ansiedad de sus empleados e imparten estas terapias entre ellos. Algunas de las más difundidas son:

* Arteterapia: aprovechar la capacidad artística para tratar enfermedades supone un gran crisol de disciplinas, ya que aúna las cualidades del psicoanálisis, la psiquiatría, la pedagogía y la sociología. A través de la pintura, la escultura, la escritura, la danza o el teatro el paciente se enfrenta al problema que padece, controla el estrés y tolera mejor la terapia.

* Respiración profunda: el acto inconsciente y vital de respirar tiene un papel preponderante dentro de las terapias complementarias. Muchas empresas ya imparten cursos de respiración procedentes de la tradición yogui para eliminar la tensión laboral entre sus empleados. Existen trabajos preliminares que sugieren la posibilidad de que la respiración fortalece el sistema inmune y equilibra las cifras de colesterol. La clave está en inspirar intensamente, por la nariz y conducir el aire hasta el diafragma.

* Meditación: esta técnica milenaria ha dejado de ser coto privado de budistas o seguidores de la filosofía zen. Los millones de occidentales que hacen meditación ya están experimentando sus efectos sobre el lóbulo temporal del cerebro, lo que potencia los sentimientos y las emociones positivas. La reducción de la ansiedad y el aumento de la calidad de vida de los afectados por las más diversas patologías, incluso algunas graves como el cáncer, son otras de las ventajas de un procedimiento que aún está por explorar.

* Tai chi: esta disciplina oriental, basada en movimientos lentos y suaves, ayuda a las personas de la tercera edad a prevenir la desmineralización ósea, a mejorar la circulación, movilidad y equilibrio. La revista Psychosomatic Medicine publicó el primer trabajo en el que se observó una reacción bioquímica constatable: los que lo practican tienen mayor número de glóbulos blancos, es decir, un sistema inmune más potente frente a la invasión de los virus.

* Aromaterapia: egipcios, griegos y romanos ya comenzaron a explorar el potencial terapéutico de determinados aromas y colores (hay constancia de estas maneras de curar en tratados médicos que datan de 5.000 años atrás). Actualmente, esta forma de estimulación sensorial se emplea para disminuir la ansiedad y el estrés, mejorar los estados depresivos, eliminar algunos trastornos del sueño y para mitigar dolores osteoarticulares propios de algunas dolencias crónicas.

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