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 domingo, 09 de noviembre de 2003

Rosario desconocida: Desnudos en la calles

José Mario Bonacci (*)

El cuerpo, claro cofre de arquitectura carnal, energía mental y espíritu, siempre fue instrumento para mensajes contenidos en símbolos variables. Un cuerpo nace, lucha y se desarrolla en el proceso de descubrirse a sí mismo y hallar su lugar en la vastedad infinita de vibraciones insertadas en la aventura existencial que motoriza principio y fin de cada ser.

En las más antiguas manifestaciones de la historia, el cuerpo estuvo siempre en la imaginación de otros cuerpos que lo fijaron perenne mediante mensajes visuales sobre su propia condición y simbolismo.

Crear y valorar belleza es acción exclusiva del ser humano, único animal con capacidad y discernimiento estético. Si en la prehistoria el hombre ya decidió autorepresentarse en el plano o en volumen, fueron los antiguos griegos quienes llegaron a la perfección, arribando a su alto desarrollo en el período helenístico para resonar en capítulos históricos sucedidos de acuerdo a cánones artísticos de cada momento. ¿Qué testimonio más contundente que el golpe de suprema belleza fijada por Buonarotti para la eternidad a través de su David?

El cuerpo humano desnudo, fuerte y magnífico, tiene presencia en el territorio urbano, disperso en calles que se recorren a diario y que la mayoría desconoce. ¿Por qué un casi total y abrumador número de caminantes fija su horizonte a no más de dos o tres metros sobre el nivel del suelo que pisa, despreciando la voz de la ciudad que intenta comunicarse? Estos son algunos indicios, sabiendo que estas citas no se agotan en una breve nota.

Cuerpos desnudos

El Monumento a la Bandera, parte en punta en lo referido a cuerpos esculpidos en vibrante desnudez. El río Paraná, el océano Atlántico, La Pampa, Los Andes, los cuatro horizontes de la Patria, el Ideal, la Gloria, las cuatro Américas: India, Colonial, Republicana y del Futuro integran un conjunto salido del arte de Fioravanti y Bigatti, donde se destacan de manera especial la Patria de la Fraternidad y el Amor y la Patria Abanderada sobre la proa de la nave simbólica, que Angel Guido gustaba llamar "La Samotracia Argentina", en relación con la Victoria exhibida en el Louvre de París. En todos estos rostros no hay emoción pasajera. Hay fortaleza y convicción eternas de lo que simbolizan.

Integrando el conjunto, el pasaje Juramento contiene La Libertad soñada por Lola Mora en decidida acción de marcha con los pechos libres al viento.

En Córdoba y Maipú la ochava SE integra un escudo ornamental: "1908-Jockey Club-l9l5". El cuerpo izquierdo mira altivo hacia el futuro, y el otro muestra sus magníficas formas liberadas, con mirada provocante hacia el pulso de la calle.

En igual sentido, el antiguo Banco Nación remata su simetría en San Martín 750 con dos desnudos descomunales, paradójicamente divisables mejor desde Maipú a cien metros por la estrechez de la calle. El ex-Banco Monserrat, de San Lorenzo 1346, sostiene sobre su entrada el blasón de marca, protegido por dos cuerpos de torsos desnudos y miradas confiando en el futuro y poder del dinero.

El Palacio Fuentes, de Sarmiento y Santa Fe, muestra bajo su cornisa superior varios cuerpos clásicos expuestos al sol, y cien metros al sur, la ex-tienda La Favorita, corona su esquina con un cuerpo dando la espalda a la calle recatadamente y observando a un delicioso querubín que la acompaña. La ex Federación Agraria (Sala Lavarden), resuelve su ochava con otro grupo monumental donde el cuerpo femenino alimenta el espacio mostrándose con franqueza.

El magnífico Palacio Minetti de Córdoba 1452 culmina su volumen con las popularmente llamadas "mellizas Minetti" que alzan sus cuerpos decó desnudos y expuestos en su espectacular factura de bronce brillando al sol. La puerta de ingreso se completa con 38 mujercitas engarzadas con arte mayor en la trama geométrico-compositiva.

El Palacio Tiscornia, sobre ochava del tercer piso, muestra dos cuerpos en desnudo total y tamaño natural. El izquierdo, como alegoría del acto en que Zeus (Júpiter), transformado en cisne fecunda a Leda y de cuya unión nacerá Helena de Troya, en una variante del tema en fachada del Mina de Oro en la zona de Pichincha.

Debajo de su cúpula y sobre la ochava, la Bolsa de Comercio muestra un impactante remate: cuatro cuerpos desnudos representan la razón de ser de la institución, donde brillan los dos superiores exaltando el escudo, inmersos en frutos y espigas.

En Entre Ríos 1338, un simple sostén de arcos en ventanas muda su base columnaria transformada en un busto firme, generoso, mientras al 1260 de la misma, el Círculo de Obreros se engalana con un conjunto de querubines y grifos. En la Facultad de Medicina, dos de estos seres mitológico vigilan la labor de dos desnudos centrales alegóricos al carácter de esa ciencia.


La Venus de Milo
Comenzamos citando a los antiguos griegos adorando la belleza humana en franca y total desnudez. Los mismos griegos que integraban su simbolismo mitológico entre Zeus-cisne y Leda en su acto de amor. Entonces con idéntico espíritu, vayamos al ingreso histórico de la Biblioteca Argentina en plaza Pringles, donde estará esperándonos eterna y hermosa la única reproducción local en tamaño natural del original atesorado en el Museo del Louvre: la Venus de Milo. Esto, a pesar de un abandono que no la exalta como debiera.

Una expresión de Hegel dice que lo cotidiano, por cotidiano, no llama la atención y por eso resulta desconocido. ¿Cuántos ciudadanos caen en el desconocimiento a causa de la cotidianeidad? El saberlo aportaría un inquietante y abultado dato pero a su vez sería un aliciente para atender a Eduardo Galeano: "somos lo que hacemos y lo mejor de lo que hacemos, es cambiar lo que somos".

(*) Arquitecto

bonaprin@ciudad.com.ar

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San Martín al 700, fachada del viejo Banco Nación.

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