Año CXXXVI Nº 48202
La Ciudad
Política
Información Gral
Opinión
La Región
El Mundo
Policiales
Cartas de lectores


suplementos
Ovación
Escenario
Economía
Señales
Turismo
Mujer


suplementos
ediciones anteriores
Educación 08/11
Campo 08/11
Salud 05/11
Autos 05/11


contacto

servicios

Institucional

 domingo, 09 de noviembre de 2003

Interiores: Los destinos humanos

Jorge Besso

Clásicamente nos pensamos teniendo un destino. La afirmación no es cualquiera, un aserto entre otros, una opinión entre otras, con lo que ella misma resultaría en consecuencia, opinable. Por el contrario, la idea del destino es una afirmación con valor de sentencia, y además con carácter de inapelable. Sentencia quiere decir que, desde el punto de vista del destino, el humano es un sentenciado desde el comienzo mismo, de lo contrario de no ser así, sería un destino trucho, lo cual sería el colmo de la truchez ambiente. Sentenciado se refiere, entonces, a que algo o alguien aprieta el botón inicial o lleva el mouse a la posición "inicio" como en las computadoras, y a partir de ese momento inicial la vida de alguien irá pasando por diferentes programas hasta alcanzar el final, ya previsto y latente en el inicio. Punto final donde la máquina se apaga, donde ya no es posible que se re-inicie, al menos no es posible para el punto en cuestión.

Precisamente por ser punto y no banca, el sujeto es una máquina, con inteligencia y con alma, pero una máquina que el susodicho no enciende, ni apaga. Todo está en saber si esto es una ley humana, o una ley divina. La diferencia es más que importante, ya que la cuestión es poder determinar si se trata de una disposición divina que nos trae y nos quita de este mundo, o si, en cambio, la mortalidad es concerniente y esencial al ser humano por razones propias y no por determinación de la providencia.

La vida es algo que transcurre entre dos evidencias: la evidencia del comienzo y la evidencia del final. Ahora bien, dichas evidencias sólo adquieren el carácter de tal a posteriori, es decir toda vez que efectivamente sucedieron, por caso, una vez celebrado el nacimiento o una vez que se produjo el desenlace. Precisamente la idea del destino, pretende enlazar el comienzo con el final a través de un hilo invisible pero conductor, que tiene una característica fundamental. Dicho hilo conductor no lo tiene el sujeto en sus manos, ni mucho menos la punta del ovillo en la que se trama su existencia. Es más, en realidad y por lo general, hay más de un hilo, hay el ovillo con el que vamos anudando nuestra vida, y también enredándola, todo hecho con una lucidez más que relativa, hasta que todos los enlaces que supimos conseguir se desenlazan al final, momento a partir del cual a lo sumo quedarán huellas, y pasaremos a formar parte de los recuerdos de algunos.

La especie humana es un gigantesco club, varias veces milenaria, un club de alcance planetario con una variedad y diversidad de integrantes que no tienen parangón con cualquiera de los miembros de las otras especies de la escala general de lo viviente. Esto es que si bien hay toda una variedad vacuna, canina y felina y demás, dicha variedad tiene ciertos límites, en tanto los collies o los siameses, por comparar, se parecen mucho entre sí, a veces como dos gotas de agua, pero no se puede decir exactamente lo mismo de los denominados humanos ya que es más lo que divergen que lo que concuerdan.

Por lo demás no hay que olvidar el agravante de que hay humanos que son vacunos o son unos perros o son unos gatos, y que muchas veces se llevan como tales, es decir como perros y gatos. En suma hay una variedad humana que si intentáramos enumerar nos encontraríamos con que tenemos una diversidad de:

* Rasgos y tamaños.

* Usos y costumbres.

* Teorías y prácticas, pensamientos y acciones.

* Sexos.

* Gustos sobre los que no hay nada escrito y de gustos sobre los que hay mucho escrito. Y todos los etcéteras posibles.

Toda esta variedad de ejemplares lo único que comparten son las dos evidencias, la inicial y la final, en todo lo demás, con toda probabilidad son más las diferencias que las similitudes. Al punto que pueden constatarse diferencias aun dentro de una misma clase de ejemplares, es decir a lo largo de la historia de una sociedad determinada, en la que se pueden observar los cambios en los usos y costumbres que han ido alterando la vida de dicha sociedad.



Por ejemplo, los usos y costumbres con respecto al amor y al baile entre los sexos, que en ciertas épocas suponían una serie de pasos y códigos que iban pautando el acercamiento entre los ejemplares: en el caso de los ejemplares con gustos y apetencias clásicas conformaban una danza hetero. En los casos de ejemplares con gustos diversos a los que se consideraban normales, configuraban una danza homo. Hoy por hoy, en cambio, parece tan importante el boliche como la propia danza, con menos pautas y más libertad, y donde vaya a saber por qué, siempre se baila "al otro día", es decir que si se programa la salida del viernes, hay que esperar a la madrugada del sábado para el baile y los encuentros probables, completando un espectáculo donde no está claro si se trata de un encuentro masivo, o de una masiva soledad.

Tanta variedad debería hacernos reflexionar acerca del destino, y de muchas cosas más, pues es muy probable que la certeza de que hay un destino no sea más que la necesidad ilimitada del humano, precisamente, de tener alguna certeza. Lo que fascina del destino es ese aire y esa consistencia de certeza que tiene, ese giro de los acontecimientos que parece romper con el escándalo de la apariencia y de la esencia, con lo que por fin algo es de verdad.

Desde el ángulo del destino somos punto, tanto en el éxito, como en el fracaso, como en la grisura. Desde de la reflexión somos banca. No la banca de los banqueros claro está, pues esos van al cielo. Más bien la banca de bancarse la incertidumbre y lo que venga, lo que nos permitirá ser más actores que espectadores, o dejar de ser títeres. A todo esto, si podemos aprovechar nuestro turno para reflexionar sobre lo que nos determina, con lo que podemos aspirar sin ninguna pompa a ser, al menos, co-autores de nuestra vida.





enviar nota por e-mail

contacto
buscador

  La Capital Copyright 2003 | Todos los derechos reservados