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 miércoles, 01 de octubre de 2003

La filtración del nombre de una agente de la CIA jaquea a la Casa Blanca
El fiscal general abrió una investigación para develar si se trató de una venganza contra un crítico de la guerra

Washington. - Como en los tiempos de Bill Clinton y Kenneth Starr, el fantasma de un investigador especial vuelve a recorrer los pasillos de la Casa Blanca. Desde allí habría sido filtrada la identidad secreta de una agente de la CIA, esposa del crítico de la guerra de Irak Joseph Wilson. El secretario de Justicia estadounidense, John Ashcroft, ordenó ayer una investigación sobre la posible filtración intencionada de información, pero un senador demócrata sugirió que la pesquisa debe estar a cargo de un fiscal especial que garantice la independencia de la misma.

"Si el Departamento de Justicia conduce la investigación, ésta permanecerá bajo la autoridad de Ashcroft", destacó ayer el senador Charles Schumer, quien reclamó el lunes el nombramiento de un fiscal especial para garantizar la independencia de la investigación. Schumer estimó que Ashcroft es "muy cercano a George W. Bush. Aunque realice una investigación exhaustiva, surgiría un probable conflicto de intereses y nadie confiará en su profundidad", dijo a la cadena de televisión NBC.

El asunto central es la presunta intención de la Casa Blanca, denunciada en medios de prensa estadounidenses, de vengarse de críticos del curso belicista del gobierno de Bush e intimidar a potenciales adversarios. Después de viajar a Africa por encargo de la CIA, Wilson -casado con la espía ahora conocida- descalificó como totalmente equivocada la acusación que la Casa Blanca lanzó contra Irak sobre la presunta compra de uranio en Níger para su programa nuclear. Sin embargo, Bush mantuvo la acusación.

Con la difusión de su identidad, la agente, cuyas funciones incluyen la localización de armas de destrucción masiva en el extranjero, corre ahora grave peligro, según algunos expertos. Schumer afirmó: "Publicar el nombre de agentes es como apuntarles con una pistola a la cabeza". Con cierta sonrisa irónica, los demócratas difunden ahora un video en el que Bush asegura que no hay nada peor que revelar la identidad de un espía.

Ante los primeros ataques, el gobierno concentró sus esfuerzos en minimizar los daños. El portavoz de la Casa Blanca, Scott McClellan, intentó quitar al estrecho colaborador de Bush, Karl Rove, de la línea de fuego. Rove fue señalado por Wilson como posible fuente de la filtración, o al menos como partícipe en la operación. El estratega no tuvo nada que ver, aseguró una y otra vez McClellan ante las preguntas de la prensa, inusualmente incisivas esta vez.

Pero la Casa Blanca no recuperará la calma pronto. Los demócratas reclaman que las tareas del Departamento de Justicia deben ser complementadas con una investigación independiente del Congreso o incluso con la designación de un investigador especial. El precandidato presidencial Richard Gephardt advirtió sobre un "obvio conflicto de intereses" si la cuestión queda en manos del Departamento de Justicia.

Para Bush, cuya popularidad se encuentra ya en mínimos históricos, el escándalo cae en el momento más inoportuno. Incluso sus correligionarios republicanos critican ahora que las informaciones secretas sobre las presuntas armas de destrucción masiva iraquíes carecían de fundamento o eran obsoletas.

La incomodidad de Bush aumentará seguramente cuando David Kay presente su primer informe sobre la hasta ahora infructuosa búsqueda de armas de destrucción masiva en Irak. "Es sólo un informe sobre el avance" de la investigación, advirtió la asesora presidencial de Seguridad Nacional Condoleezza Rice. Kay tiene mucho que hacer aún en el país del golfo Pérsico, apuntó.

Pero sobre todo, demócratas y republicanos están furiosos por los 20.000 millones de dólares que Bush quiere destinar a la reconstrucción iraquí. Ante los forzosos ahorros en la educación y el sistema de salud estadounidenses, muchos se preguntan porqué deberían aprobar el envío de tanto dinero a un lejano país de Medio Oriente. (DPA)

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Ashcroft ya abrió la investigación.

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