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 domingo, 28 de septiembre de 2003

Analisis: Lo urgente también es lo importante

Mauricio Maronna / La Capital

Néstor Kirchner lejos está de padecer el "síndrome de la hoja en blanco", esa maldición que además de carcomer las esperanzas depositadas en Fernando de la Rúa también se llevó puesta a la Argentina.

El presidente legitima su poder instalando la agenda mediática y mostrándose como "un hombre común con responsabilidades importantes", aun a costa de sobreactuaciones. Con la oposición en rigor mortis, el santacruceño sabe que si bien su mayor frente de tormenta a mediano plazo está en el partido oficialista (que lejos se encuentra de digerir su pretendida estrategia transversal), el PJ no se despegará del pragmatismo a prueba de balas que le inculcó Juan Domingo Perón. Aunque sea por ahora, y solamente por ahora.

Kirchner hace de su gestión un abanico que, según las circunstancias, el lugar y los interlocutores, se columpia hacia la izquierda, el centro o la derecha. George Bush, Fidel Castro, Hugo Chávez, Anne Krueger, George Soros, Hebe de Bonafini (y siguen las firmas) sienten que ese hombre les pertenece. Y pertenecer tiene sus privilegios.

El PJ es un paraguas increíblemente amplio que ofrece refugio y un bill de indemnidad. Como decía el personaje de una de las novelas de Osvaldo Soriano: "Yo nunca me metí en política, siempre fui peronista", en una definición abrumadoramente exacta.

Más allá del "oficialismo adolescente" (Elisa Carrió dixit) que embriaga a determinados medios, convertidos en auténticos house organ del gobierno, el nuevo manual de zonceras criollas que tratan de imponer desde la oposición, o desde ciertas usinas ideológicas de la derecha, no logra pasar el tamiz del sentido común.


El precio del poder
"Estamos ante un gobierno hegemónico", "el justicialismo se quiere convertir en partido único", son dos de las muletillas más escuchadas. ¿Alguien conoce a algún presidente que no quiera para sí el mayor poder posible? ¿Acaso la lucha por el poder no es la primera hoja del libro de la real politik?

El PJ gana elecciones en cascada, aun en provincias que bordean el desquicio, porque los otros son peores. ¿O alguien creía que la pobrísima administración de Felipe Solá en Buenos Aires haría que los votantes optaran por los caricaturescos (y oscuros) Aldo Rico o Luis Patti?

Si en el fútbol los goles que no se hacen en el arco de enfrente se sufren en el propio, en la política los espacios que se regalan jamás son desaprovechados por el adversario.

Ricardo López Murphy, el opositor más votado el 27 de abril, se desinfló como un globo ante el primer cactus con el que chocó; Carrió se aleja de la Cámara de Diputados el 10 diciembre y el radicalismo tendrá que hacer 500 convenciones para realinear una tropa en elaboración constante de duelos.

El mayor frente opositor, en términos de largo plazo, estará constituido por la mayoría legislativa justicialista que responde al gran jefe Eduardo Duhalde, receptor de las esperanzas de los caciques bonaerenses que consideran a Kirchner como un virus demasiado extraño para el ideario del PJ. "Tranquilos, no es tiempo de mostrar los dientes", calma el ex presidente a los barones del conurbano.


La campaña permanente
Se escribió en esta columna la semana posterior al frustrado ballottage que la razón de ser de los primeros meses de un jefe de Estado votado apenas por el 20 por ciento del electorado se encaminaría hacia el "estado de campaña permanente". Así fue y así será mientras las encuestas de imagen le sigan sonriendo al santacruceño y las luces de las grandes ciudades europeas y norteamericanas iluminen el camino del promocionado estilo K.

La preocupación de ahora en más debería estar centrada en la postración social de millones de argentinos que se debaten entre el desempleo, la pobreza y la indigencia. Y qué lejos están de ser solamente una sombra, un índice o una estadística. Si a eso se le agrega el sombrío panorama que se levanta sobre las futuras jubilaciones, nadie debería dudar sobre lo mucho que queda por hacer.

La necesidad de implementar políticas para salir de la crisis extrema es lo urgente, pero también constituye lo importante.

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