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 domingo, 24 de agosto de 2003

Educación solidaria, tan eficaz como aprender a sumar

Marcela Isaías / La Capital

Nadie duda del importante papel que jugaron las escuelas en la ayuda que se movió y se mueve alrededor de la gran inundación en Santa Fe; concretamente, la tarea que desempeñaron -sin medir tiempos ni jornadas- docentes, alumnos y padres. Se puso así en evidencia otro aprendizaje, no siempre explícito como enseñar un cálculo o sustantivos, pero tan eficaz y necesario como estos contenidos. Se trata del aprendizaje de la solidaridad.


La cuestión no es nueva para los colegios y abarca diferentes grados de experiencias en distintas realidades argentinas. Quizá lo novedoso pase por hacer de ella una práctica de aprendizaje que lleve a una tarea sistemática que asume la escuela.
Al respecto, un informe preparado por el Instituto de Planeamiento Internacional de la Educación (IIPE, dependiente de la Unesco) afirma que este tipo de programas educativos se ha desarrollado notablemente. "En muchos casos, la recesión y la necesidad de encontrar formas creativas de sobrevivencia -se asegura- han sido el motor de cambio y el incentivo para que muchos alumnos y comunidades educativas decidieran salir a ayudar al prójimo".

En rigor, más allá de destacar a las instituciones abocadas específicamente a la ayuda, el estudio explica que se ha registrado un importante crecimiento en los últimos años de "las prácticas solidarias instaladas en el aula como una metodología pedagógica, con el fin de lograr la formación integral de los alumnos". También se valora que no se trata de actividades de asistencia limitadas a ayudar a los más pobres, sino de experiencias planificadas y sistematizadas que desembocan en mejores aprendizajes escolares.

En este sentido, el informe del IIPE cita los datos aportados por el Centro Latinoamericano de Aprendizaje y Servicio Solidario (Clayss): "El 30% de las escuelas argentinas desarrolla proyectos de servicio a la comunidad. Se estima, así, que unos 600.000 niños y adolescentes participan de distintas formas de acciones solidarias". De todas maneras, también se advierte que es muy difícil registrar las experiencias de aprendizaje cuando la solidaridad es el eje del trabajo.

Del dicho al hecho

Según señala una especialista en el tema, María Nieves Tapia, la práctica de lo que se denomina aprendizaje-servicio está más difundida de lo que podría parecer a primera vista.

¿Cuál es el paso sustancial que define a una experiencia educativa basada en la solidaridad y la distingue de la mera enseñanza del concepto como si se tratara de un valor abstracto? También Tapia (quien coordina un programa a nivel nacional en la cartera educativa específicamente abocado a este tema) explicaba en un artículo de su libro "La solidaridad como pedagogía" (Ciudad Nueva) que los educadores que asumieron esta tarea en las aulas son aquellos que "dejaron de predicar los valores de la solidaridad y la participación ciudadana exclusivamente con discursos y análisis de textos" y "les dieron a sus alumnos la oportunidad de poner en práctica esos valores, de aplicar lo aprendido en la escuela en su propia comunidad, o al servicio de otras comunidades, y como resultado creció la autoestima de los estudiantes, mejoraron los rendimientos escolares y bajaron los niveles de conflicto".

Claro está, sin perder de vista que la misión que primero debe garantizar la escuela -recuerda la especialista- es el aprendizaje de saberes básicos que sólo ella puede ofrecer.

Las reflexiones de Tapia sobre las experiencias solidarias alrededor de la escuela concluyen con que sus protagonistas no son los docentes que tienen buenas ideas, sino los propios alumnos: "La generación de estudiantes que pueblan las escuelas y universidades latinoamericanas en este inicio del tercer milenio tiene mucho que ofrecer. Ellos no escuchan de buena gana los discursos, pero los atraen los hechos. Valoran la democracia y la solidaridad más que muchas de las generaciones que los precedieron. Y tienen derecho a que sus mayores les ofrezcan cauces de acción para que sus energías no se desperdicien en la frivolidad y la desesperanza. Tienen derecho a ser una esperanza para el presente, y no sólo la tan mentada promesa para el futuro. La solidaridad puede ser para esta generación mucho más que una buena intención".

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Debe haber experiencia educativa con solidaridad.

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