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 miércoles, 20 de agosto de 2003

Todo un pueblo se emocionó con el retorno al trabajo

Jorge Sansó de la Madrid / La Capital

Nelson.- "Bienvenido al trabajo, papis" no es sólo la frase, muchas manos infantiles estampadas en colores en un pasacalle dan muestra de la profunda emotividad del momento. Con las primeras luces del día, ayer la fiesta comenzó cuando sonó la hora de entrar al trabajo, atronaron las bombas de estruendo, rompieron en ovación cientos de palmas, las mujeres lloraron a mares -los hombres, también- y los chicos se abrazaron a sus padres. Así llegaban a su fin años de angustias, en el momento justo en que el tradicional frigorífico que hoy se llama Finexcor reabrió sus puertas. Valía la pena tanta alegría.

Deliberadamente inexacto, un hombre mayor le dijo a La Capital que ya no recordaba qué fue primero, si el pueblo o el frigorífico. "Sólo sé que uno y otros se necesitan. No saben cuánto sufrimos con la quiebra, porque de los 5.000 habitantes más de 1.500 familias vivieron directamente del frigorífico y el resto también dependía igual de él".

El hombre se quiebra y llora, pero sus lágrimas tienen otro sabor. Se recompone, se pone en la fila y comienza a caminar hacia la planta. Uno a uno atraviesan el portón mientras los demás aplauden, corean sus nombres, se alienta una recuperación que deje atrás una etapa de privaciones que casi hundió a esta localidad.

La lucha por la recuperación de la planta fue penosa. Ayer, los numerosos cortes de ruta, los reclamos en los medios, los viajes a Santa Fe y Buenos Aires que autoridades comunales, gremio y empleados realizaron con ejemplar perseverancia, parecían lejanos. Pero sólo eso, parecían. Sus huellas están muy frescas en la memoria colectiva y nadie quería romper el encanto de una madrugada tan esperada con ese recuerdo.

La firma Finexcor había alquilado la planta y la puso en funcionamiento por un tiempo, entre febrero de 1999 y mediados de 2000, hasta que en 2001 el cese fue definitivo, cuando la ilusión se creyó perdida.

"Tengo mucha confianza. Todavía no entré, estoy esperando pero esperanzado", dice Alberto, quien ayer hubiera querido atravesar el portón junto a sus compañeros. Pero ahora la espera le resulta más cómoda y no puede evitar contagiarse de la emoción.

"Este proceso ha sido lento por cuestiones ajenas a la empresa. Habíamos hecho una inversión cercana a los siete millones de pesos en la planta y estamos esperando las habilitaciones. De hecho no las tenemos todavía para la Unión Europea, pero calculamos que faltan algunos trámites burocráticos que para cuando allá termine el receso de verano, a mediados del mes que viene, podríamos tener la habilitación de exportar a esos países. Hoy tenemos algunos destinos como Israel, Perú, Brasil, países árabes, Estados Unidos y Canadá", explicó Marcelo Petrarca, jefe de Recursos Humanos.

El ejecutivo anunció que "a medida que vayamos incorporando mercados vamos a necesitar más empleados", porque los planes de Finexcor son los de expandirse, como confían los lugareños. La de Nelson es su segunda planta que se suma a la que la firma posee en Bernal desde 1962.

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