Año CXXXVI
 Nº 49.776
Rosario,
domingo  09 de
marzo de 2003
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Bobby Fischer, el hombre que revolucionó el ajedrez, cumple 60

Revolucionó el mundo del ajedrez hace tres décadas, llevando a su deporte a un nivel de popularidad que jamás volvería a alcanzar. Hoy cumple 60 años y la pregunta se repite: ¿Dónde está Bobby Fischer?
Según la revista estadounidense "Atlantic Monthly", conocida por la rigurosidad y minuciosidad de sus investigaciones, el genio estadounidense vive hoy en Tokio. Tiene una hija de dos años, que vive con su madre en Manila.
No se traiciona en ese sentido Fischer: sigue siendo tan impredecible, enigmático y excéntrico como en los últimos 30 años. Tras convertirse en 1971 en Buenos Aires en aspirante al título, y tras el impacto mundial que significó su victoria ante el ruso Boris Spasski en 1972 -que le dio el título mundial en plena Guerra Fría tras 25 años de dominio de jugadores soviéticos-, Fischer comenzó su periplo por lo inexplicable.
Del que había dado señales ya en Reikiavik, durante el match ante Spasski. El presidente estadounidense, Richard Nixon, debió enviar a su secretario de Estado, Henry Kissinger, para que convenciera a Fischer de jugar. El ajedrecista temía que los soviéticos tiraran abajo su avión en pleno vuelo. Luego, ya en Islandia, enloqueció a los organizadores con sus exigencias.
Hijo de un biofísico alemán y de una enfermera judía de origen polaco, Fischer nació en Chicago y vio desde temprano que la vida no era sencilla. Su padre abandonó a la familia en 1945. Décadas después se hablaría de su aparición en Moscú y de que era consejero del presidente chileno Salvador Allende.
Quienes siguieron de cerca su carrera en esos años aseguran que las difíciles condiciones en que vivió su infancia lo ayudaron a aislarse y concentrarse en sí mismo. Con 13 años ganó ante el gran maestro Donald Byrne la que la página especializada chessbase considera "la mejor partida de todos los tiempos". Su cociente intelectual era de 184, y a los 15 años dejó el colegio para sumergirse de pleno en su carrera.
Como ajedrecista nunca necesitó más que un adjetivo: genial. Como persona sumó muchos más: paranoico, excéntrico, impredecible, arrogante, extravagante... Su decisión de no competir con Anatoli Karpov en 1975 por el título mundial marcó el inicio de su etapa más oscura. La FIDE (Federación Internacional de Ajedrez) le quitó el título, que aún hoy reclama.
Los amantes del ajedrez soñaron luego con un duelo entre dos de los máximos talentos históricos de ese deporte, un choque Bobby Fischer-Garri Kasparov, que convertiría al ajedrez nuevamente en un tema de moda a nivel mundial.
No pudo ser. "Kasparov es un mentiroso patológico, que acordó previamente sus duelos con Karpov", disparó Fischer. "Lo voy a triturar", amenazó Kasparov. Nunca pasó de eso, jamás hubo duelo.
Durante un tiempo Fischer coqueteó con una secta a la que luego dejó por "satánica", y rechazó ofertas millonarias del sha de Persia y del dictador filipino Ferdinando Marcos. Las esperanzas de volver a verlo frente a un tablero se desvanecían, pero entonces saltó de nuevo su imprevisible carácter.
Organizó un match revancha ante Spasski en Belgrado. El problema era que corría el año 1992, y Yugoslavia estaba sometida a un embargo internacional por la guerra de los Balcanes. Ganó 10-5, pero antes escupió públicamente sobre la carta del gobierno estadounidense instándolo a no violar el embargo. Desde entonces tiene una orden de búsqueda y captura emitida por Washington.
En 1999 fue elegido por 64 expertos de 20 países como el ajedrecista del siglo. Un año después el diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung revelaba que Fischer y su familia habían sido espiados durante 15 años por el FBI, que temía que en sus torneos en la Unión Soviética se lo hubiera reclutado como espía comunista.
Su divorcio con Estados Unidos era ya total, y su excentricidad derivaba en exceso. Hoy cumplirá 60 años, y en su autoexilio quizás se tome un momento para admitir que el mito comienza a sufrir el paso del tiempo. Uno de sus logros, el de gran maestro más joven de todos los tiempos, con 15 años, seis meses y un día, ya fue superado: Hiraku Nakamura, estadounidense como él, obtuvo ese título el 5 de febrero de este año con 15 años, un mes y 27 días. (DPA)



Una de las leyendas vivientes del ajedrez mundial.
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