Año CXXXVI
 Nº 49.749
Rosario,
lunes  10 de
febrero de 2003
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Tenis. En el primer mundo
Argentina aplastó en la Copa Davis
Fue 5-0 sobre Alemania. En abril enfrentará como local al actual campeón

Alejandro Cachari / Ovación

Capital Federal (enviado especial).- La Copa Davis es como un termómetro. La ubicación del país en el tradicional torneo por equipos está íntimamente vinculada con el presente de sus tenistas. Argentina estuvo 10 años en la Zona Americana; Brasil no figuró hasta que surgió Gustavo Kuerten; Chile, hace unos años, cuando Marcelo Ríos estuvo en la cima recuperó el prestigio que había tenido en la época de Jaime Fillol, Patricio Cornejo y Hans Gildemeister; Ecuador fue protagonista cuando Andrés Gómez fue el número cinco del mundo y volvió a pelear en el Grupo Mundial en el mejor momento de Nicolás Lapentti; Paraguay desapareció de las luchas importantes cuando se retiró Víctor Pecci.
Cuando la generación que tuvo como sobresalientes a Alberto Mancini y Martín Jaite dejó de jugar, Argentina se hundió en los torneos regionales y recién pudo asomar la cabeza el año pasado. Llegó a semifinales y ahora ya está en cuartos. Paradójicamente, recibirá a su verdugo y actual campeón defensor, Rusia, entre el 4 y el 6 de abril. Si supera ese obstáculo jugará por las semifinales entre el 19 y el 21 de septiembre ante Croacia o España, en cualquier caso como visitante.
La Davis está vinculada con sus protagonistas. Argentina tiene un top ten y una camada de profesionales capaces de pelear con cualquiera en cualquier superficie.
Dentro de dos meses habrá una batalla tremenda frente al actual campeón, después de que Rusia superara angustiosamente en el último punto a República Checa con el triunfo de Nicolai Davydenko sobre Radek Stepanek después de que Jiri Novak humillara a Yevgeny Kafelnikov en sets corridos. El escenario volverá a ser el mismo, no todo puede ser perfecto.
Detalles al margen, el tenis argentino, que el año pasado fue campeón mundial por equipos, volverá a preparar el escenario para otro acontecimiento estelar. Similar a aquellos que tenía como protagonistas a Guillermo Vilas y José Luis Clerc. Con una diferencia sustancial. Desde el viernes y hasta el domingo, la mayoría de los jugadores que no participó de la Davis estuvo alentando al costado de la cancha con Guillermo Cañas y Mariano Zabaleta a la cabeza.
Del proceso de preparación participaron casi todos. Se pusieron del otro lado de la red para hacer de partenaires de Gaudio, Nalbandian, Chela y Arnold.
La tan mentada armada argentina que siempre intentó tomar como ejemplo al tenis español está dando resultados: para ello fue necesario una política deportiva adecuada, jugadores de jerarquía y un grupo de entrenadores que siempre están a disposición para dar una mano. Obviamente, hay excepciones. Es más, algunos con sobradas razones. Pero son las reglas del juego. También juega su partido el vedetismo, infaltable en los deportes de alto rendimiento.
El equipo de Gustavo Luza hizo sencillo un match complicado. Con apenas tres momentos puntuales, aniquiló a la debilitada Alemania por las ausencias de Tommy Haas y Nicolas Kiefer.
El golpe de gracia lo dio Gaudio el viernes. Rainer Schuettler, reciente finalista en Australia, no tuvo tiempo ni de acomodarse en la cancha que ya estaba camino a los vestuarios. Apenas una hora y 31 minutos fueron suficientes para que el Gato se impusiera por 6/2, 6/3 y 6/0. Ese resultado provocó un crac en la serie. Alemania perdió el partido que debía ganar y el capitán Patrik Kuhnen se vio obligado a desgastar a Schuettler en el dobles. Pero tampoco funcionó.
El triunfo del dobles fue otro momento de inflexión. Más allá del triunfo quedó demostrado que Nalbandian puede sobrellevar el peso del partido cuando Arnold, doblista de jerarquía, no está en su nivel. Es un dato riquísimo de cara al futuro.
El otro instante de importancia fue el estreno de Nalbandian como singlista en casa. Tuvo problemas, vaciló, pero sacó adelante el partido sobre la base de temperamento y su capacidad natural para jugar al tenis.
La victoria, trascendente por sí misma y contundente en el resultado, dejó réditos que van mucho más allá del acceso a los cuartos de final de la Davis por segundo año consecutivo.



Los tenistas festejan con la bandera celeste y blanca.
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