Año CXXXVI
 Nº 49.744
Rosario,
miércoles  05 de
febrero de 2003
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Contaminación en interiores
Humo de cigarrillos, ácaros y otros imperceptibles venenos multiplican las alergias y cánceres

En el interior de los hogares, oficinas y edificios, se encuentran ocultos "enemigos" en forma de pequeñas partículas de polvo, humo de cigarrillo, ácaros y otros imperceptibles venenos que representan un reto para los profesionales de la salud que observan como se multiplican los casos de alergias, canceres de pulmón y una serie indeterminada de enfermedades.
Según estudios realizados en Europa y los Estados Unidos, los habitantes de los países industrializados pasan más del 90 por ciento de su tiempo en interiores, proporción que se acrecienta en lactantes, ancianos, personas con enfermedades crónicas y la mayoría de los residentes urbanos de cualquier edad.
Por lo general, los riesgos ocupacionales en la industria pesada están bajo control y son tratados por un médico o personal de salud de la propia empresa, pero no es así en el interior de los hogares y de muchas oficinas, donde los ocupantes se ven expuestos a distintos contaminantes. La etiología en estos casos puede ser difícil de establecer, ya que muchos signos o síntomas no son específicos, y esto hace que los diagnósticos diferenciales sean un reto, y el desafío es aun mayor por las manifestaciones similares de los contaminantes y por su semejanza con los efectos del resfriado común y las alergias.

Presiones laborales
Muchos de los efectos también pueden asociarse, independientemente o en conjunto, con situaciones de estrés, presiones laborales o malestares pasajeros, lo que hace todavía más complejo el trabajo del médico en un diagnóstico correcto.
El órgano más afectado por estos contaminantes volátiles es el pulmón, aunque sus efectos agudos pueden incluir signos y síntomas no respiratorios que dependen de las características toxicológicas de las sustancias y de los factores relacionados con el huésped.
Uno de los contaminantes más comunes en interiores es el humo del tabaco que pese a las restricciones que se pusieron en práctica en los últimos tiempos en la mayoría de los países desarrollados, todavía sigue siendo uno de los principales causales de enfermedades por contaminación interior.
El humo del tabaco en el ambiente es una mezcla dinámica y compleja de más de 4 mil productos químicos que se encuentran tanto en su fase de vapor como en partículas y, según los últimos estudios científicos, se sabe que muchos de estos compuestos son agentes tóxicos y cancerígenos.
Pero lo que destaca en la contaminación de interiores respecto al humo del tabaco es que sus consecuencias son sufridas por lo que se conoce como "fumador pasivo", es decir, aquel que convive con un fumador y recibe, al encontrarse en un ambiente cerrado, los mismos efectos perturbadores que el segundo. Según la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA), unos tres mil fumadores pasivos de ese país mueren al año como consecuencia del cáncer al pulmón.
Pero este no es el único "enemigo" que convive con nosotros en nuestros hogares y lugares de trabajo; las emisiones de aparatos de calefacción, calefones -con desperfectos-, vehículos automotores próximos a nuestras ventanas o garajes, pueden ser fuente de contaminación. La pésima ventilación de la mayoría de los edificios de oficinas, sobre todo aquellos que tienen sus ventanas vidriadas que no pueden abrirse, han generado más de un problema de combustión.
Los contaminantes gaseosos de las fuentes de combustión incluyen los llamados contaminantes atmosféricos prominentes; monóxido de carbono, dióxido de nitrógeno y dióxido de azufre. El monóxido de carbono, por ejemplo, produce asfixia y una acumulación de este gas inodoro e incoloro puede dar lugar a una variedad de síntomas que derivan de la afinidad de los compuestos y su combinación con la hemoglobina, formando carboxihemoglobina e interrumpiendo el transporte de oxígeno por la sangre.
En tanto, el dióxido de nitrógeno y el dióxido de azufre actúan principalmente como irritantes y afectan la mucosa de los ojos, la nariz, la garganta y las vías respiratorias.
Según establecen los parámetros de la EPA y de la Agencia Europea del Medio Ambiente, en los interiores con aire de mala calidad se incrementa la transmisión de enfermedades infecciosas transportadas por el aire, muchas de ellas que habían sido controladas, como el caso de la tuberculosis.



La polución interna transmite enfermedades infecciosas.
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