Año CXXXVI
 Nº 49.703
Rosario,
jueves  26 de
diciembre de 2002
Min 21º
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cartas
Navidad y cámara oculta

Ante esos enormes ojos de mirada dolorosa, mirada que vemos acusadora en la medida que es inflamable nuestra cola de paja, ¿cómo intento explicarles a mis hijos que esos chicos compatriotas no tendrán en la vida iguales oportunidades que ellos? Y convencerlos de que el día de mañana tal vez no deberían sacar ventaja de su provisión completa de neuronas, de su educación orientadora, de su mejor instrucción e información. Porque el caudal informativo que reciben les dirá muy bien cuántos son los que se mueren de hambre. También les dará cifras que muestran la producción de alimentos excedentes. Pero aun así me temo que no les quede claro que el hambre no es una enfermedad para la que carecemos de medicamentos, sino más bien parece una injusticia. Dudo que les quede claro puesto que tampoco parecen entenderlo los responsables de la decisión de vender tantos millones de toneladas en ventajosa moneda fuerte, dejando olímpicamente sin comida a los que no pueden pagar ese precio. Esos responsables son empresarios y dirigentes que en su mayoría se dicen cristianos. La Constitución de nuestra República dispone que el gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano, y creo que estaremos todos de acuerdo que en ese culto el mandato mayor es el de amar a tu prójimo como a ti mismo. El Concilio Vaticano II señala la falta de coherencia entre la fe que se pregona y el comportamiento que se tiene en la vida, como la mayor traición a la misión que le ha encomendado Jesús. Al final voy a quedarme con la metáfora con que el cura de mi pueblo trataba de explicarnos el porqué de la Navidad: Jesús vino para avisarnos que Dios toma nota de lo que hacemos espiándonos desde unas ventanitas que son los ojos de nuestro prójimo.
Norberto C. Almasio


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