Año CXXXVI
 Nº 49.679
Rosario,
domingo  01 de
diciembre de 2002
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El cazador oculto: Soledad, un éxito inoxidable

Ricardo Luque / La Capital

Soledad es una genuina rareza criolla. El Tifón de Arequito, como apodan a la joven desde que poncho al viento sacudió la modorra de Cosquín en aquel lejano y tórrido verano de 1997, tiene la extraña virtud de arrasar con la taquilla donde quiera que vaya. Su don, una mezcla de carisma, intuición y sensibilidad, hizo que se convirtiera en un imán del éxito y de los que sueñan con salvarse con el éxito de los otros. Así es como, en medio del desierto de la Argentina de la Triple D (devaluación, desocupación, desnutrición), a ella le llueven las ofertas de trabajo. Sin ir más lejos esta semana se dio el gusto de firmar un contrato con la productora de Cris Morena para protagonizar una telenovela, "Rinconcito de luz", por Canal 9. Y, como si eso fuera poco, se sumó a la grabación del álbum "30 años" del grupo de cumbia Los Palmeras, en el que prestó su voz para el tema "Luna lunera". Se ve que la Sole está empeñada en demostrar que es una artista de amplio espectro, una condición que alientan y entusiasma a los encargados de manejarle las finanzas. No cabe duda de que los promotores de la cantante confían ciegamente en que la mejor manera de ampliar un mercado es diversificando la producción. Y, a la luz de los pasos que ha dado hasta ahora, la estrategia, una regla de oro de la economía, rige su carrera artística. Porque, desde que asomó como la punta del iceberg de la nueva generación del folclore, probó suerte con un cancerbero de las tradiciones de la música popular como César Isella y con un gurú de la revolución marketinera de la industria del disco como Emilio Estefan. Y lo extraordinario es que sobrevivió a ambos. También a la aventura cinematográfica que emprendió con "La edad del sol", una película dirigida al público adolescente con la que sus mentores esperaban llenarse los bolsillos y que terminó dándoles un fuerte dolor de cabeza. Así y todo, la Sole volvió a la carga y una vez más, poncho al viento, alcanzó el triunfo. ¿Cómo? Siendo ella misma. Porque, está probado, la gente la quiere más por lo que es que por lo que hace. Y está bien que así sea.


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