Año CXXXVI
 Nº 49.672
Rosario,
domingo  24 de
noviembre de 2002
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Reflexiones
La mafia de la electricidad

Evaristo Monti

Corre un rumor -seguramente ha de ser un chiste- por las redacciones de los grandes diarios norteamericanos sosteniendo que la economía globalizada está en crisis y de sus efectos nocivos no escapa Estados Unidos de América, razón por la cual -ahí va el chistoso rumor- en una gran ciudad yanqui, la mafia decidió recortar de su nómina a 35 comisarios y 27 jueces. Que las mafias en el mundo actual no atraviesan su momento de esplendor es un hecho incontrastable. Los 24 años que le metieron a Giulio Andreotti, primer ministro italiano durante los 20 años que fueron de 1972 en adelante, es producto de la ruptura del pacto de silencio, la omertá, por dos grandes mafiosos convertidos en buchones, finalmente arrepentidos como Torrimasso Buscetta y Totó Riina. La mafia tendría 200 años de antigüedad, nacida en Sicilia cuando la milicia protectora armada por la Corte de Nápoles que huyó del avance napoleónico, se volvió autónomo y operó por su cuenta. Por aquí, como La Mano Negra, aparece a principio del siglo pasado y se desarrolla con fuerte impulso en Rosario, según se aprende en el documentado libro de Osvaldo Aguirre.
La mafia extorsiona, secuestra, mata, intimida. Los italianos tienen más de una variante, por ejemplo la camorra. Los japoneses la jacuza y los chinos la tríada, de feroz crueldad. Ese tipo de organización que se perfeccionó en especialidades y jerarquías magistralmente descriptas por Mario Puzo en la saga El Padrino ha dejado una suerte de marca. Toda actividad estable, operando delictualmente, es llamada mafia, como caracteriza Horacio Bello, presidente de la Asociación del Personal Jerárquico de la EPE a las bandas que venden facturas abaratando el importe a pagar a sus tramposos abonados. Personalmente pondero la valentía de Bello porque como sostiene "lo sabe todo el mundo, se comenta en la peluquería, la plaza y el súper" pero advierto que vengo postulando una teoría ecléctica, según la cual, lo que sabe todo el mundo es lo más difícil de erradicarse. ¿Quién ignora la quiniela clandestina, la prostitución con rufianismo incluido, los privilegios de ricos y famosos, la escapatoria de los dueños del dinero para zafar donde caen los pobres? ¿Quién ignora el tráfico de cheques sin fondos, los horrores del tránsito, la suciedad que provocan los perros cuyos desprendimientos gambetean los rosarinos?
Se roban autos a destajo, nadie ignora que van a parar generalmente a desarmaderos ¿es tan difícil localizarlos? No, pero cabe suponer que eso ocurre cuando no pagan el canon de protección como ha ocurrido en San Miguel, provincia de Buenos Aires, al descubrirse que un concejal y un comisario cubrían prostíbulos percibiendo tal coima que cada uno tiene 9 automóviles.
La Asociación del Personal Jerárquico de la EPE ha formulado una denuncia pública tan grave que cuesta entender el silencio de los fiscales y las autoridades de la empresa a tantos días de publicada. "Desde las cuadrillas a las autoridades cometen delitos" dice Bello y explica que seguramente hay una red clandestina de usuarios que pagan unos pesos mensualmente -son abonados- para achicar las facturas, hay una clase de "choros VIP de la luz" (esto es suposición mía) que tienen otros beneficios.
No es contradecir a Bello, pero así como no creo en la complicidad gremial, creo que los "muchachos de la camioneta" van más allá. Imagino que a los abonados les rebajan la factura y, como decía Gatica "a la gilada" se la aumentan. Caro, Chiola y Stival -interventor, subinterventor y gerente local- saben de mis preocupaciones directas, con casos que llamaremos personales o familiares, aclaración que hago para evitar el reproche de habladurías o distorsiones. Facturas exageradas, estiramiento a la categoría más cara para engordar la factura, balancean lo que Bello denuncia, hay no pocos privilegiados como el alto directivo que denuncia desarrollando apicultura sin pagar electricidad.
Noten los rosarinos que además y esto no es culpa de la EPE, le pagamos la luz a los Kirchner en Santa Cruz, solventamos parte de las jubilaciones al personal municipal, pagamos el alumbrado público, pagamos esa truchada del medidor de contraste y tenemos las tarifas hogareñas tan caras que un porteño o bonaerense paga, asómbrese, 4 pesos por cada 10 que pagamos nosotros. Y encima, los muchachos de la camioneta estarían haciendo clearing entre los cometeros y los inocentes buenos clientes y en consecuencia estrujados.
El notable escritor británico Ian McEwan cuyo éxito reciente -Expiación- es un alarde de narrativa novelesca, acaba de decir que en la vida personajes reales y de ficción se superponen. Basta ver la película argentina "Lugares comunes" en la que el personaje que encarna Luppi reprocha ásperamente a su hijo haber traicionado a la Argentina yéndose a vivir a España y hablando mal de nuestro país. Pues la realidad quiere que Federico Luppi se ha radicado en España y habla pestes de la Argentina. El personaje que se inventó Roberto Paladini, ardoroso defensor de lo nacional, impugnando a la descastada cofradía política ha cedido paso al verdadero Paladini cuya acumulación de dinero yace en los inexpugnables tesoros de bancos extranjeros sin que esto implique imputación contra el empresario, sino favorecer el entendimiento de lo que va entre ficción y verdad.
Que nadie lo note, que nadie lo encare, que nadie se moleste suena a desprecio por la gente. Más valiera recomendar la lectura de un fenomenal librito de Editorial Losada con las Aguafuertes Porteñas de Roberto Arlt, especialmente el discurso que en una de sus publicaciones en el extinguido diario El Mundo el autor de "Los siete locos" propone a los candidatos a diputado nacional.


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