Año CXXXV
 Nº 49.604
Rosario,
martes  17 de
septiembre de 2002
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Brote de locura y luego el horror
Una mujer mató a su hija de 7 años en un hogar de clase media en barrio Belgrano
Stella González estranguló a su nena y colocó su cuerpo en el placard. Un día después avisó a su cuñada

Paola Irurtia / La Capital

"Maté a Rocío", dijo Stella Maris González cuando llamó a su cuñada por teléfono. Rocío tenía 7 años. Su mamá, de 44, la estranguló con un lazo de tela y la dejó envuelta en un cubrecama dentro del placard de su dormitorio casi un día entero. La mujer escondió el crimen a su hijo, de 16 años, que llegó a la casa horas después. Hasta que ayer a la mañana decidió pedirle ayuda a su cuñada. "Maté a la nena ayer a la mañana. La tengo en casa, en el placard. Vengan a ayudarme", le dijo.
Stella González atravesaba una profunda depresión por la que estaba en tratamiento. Vivía con su esposo y sus dos hijos en una vivienda prolija y cuidada en Chubut 7320, en barrio Belgrano. Se ocupaba de la casa y de su familia con dedicación y era algo distante en la relación que mantenía con los vecinos. Pero su angustia trascendió de todos modos cuando el esposo viajó a Estados Unidos cercado por la realidad económica del país y la merma en su trabajo de pintor, a fines del año pasado. Sólo estuvo afuera unos meses, hasta que el pedido de su esposa lo hizo regresar. La angustia de la mujer se había ahondado tanto que "no tenía ni fuerzas para levantarse de la cama", según confiaba a sus vecinas. Todos pensaron que las penurias de Stella se habían terminado cuando Arturo volvió de su viaje. "Decía que lo extrañaba, que no podía vivir lejos de él", repetía ayer la gente de un barrio azorado.
La mujer continuó tratándose por su síndrome depresivo y, según sostuvo la policía, aún se encontraba medicada y en tratamiento. Había hablado de quitarse la vida en varias oportunidades. Esa intención la mantenía cuando mató a su hija, según confesó después, "para terminar con las penurias y las limitaciones de su familia".
Su hijo Jeremías llegó horas después del crimen. Se había ido de la casa el día anterior. Cuando preguntó por su hermana, la mujer le contestó que estaba en la casa de una amiga, y que volvería el lunes. Según la policía, el chico contó que almorzó y se fue a dormir. Pero se despertó dolorido por una golpiza. Lo que ocurrió durante la tarde en la casa sólo lo saben el chico y la mujer, que ayer permaneció "como extraviada" todo el día en la seccional donde quedó detenida.
El padre de los chicos, Nibaldo Arturo Almonacid, de 46 años, estaba trabajando cuando ocurrió la tragedia. Ayer a la mañana sus familiares lo fueron a buscar y llegó junto con la policía a la vivienda.
El hombre, pintor y empapelador, había conseguido un empleo de sereno -sólo los fines de semana- para compensar la merma en sus ingresos como trabajador independiente.
La policía encontró el cuerpo de su hija en el placard de la pieza matrimonial, vestida y rígida debido a la cantidad de horas que había permanecido allí dentro. Aún tenía el lazo de tela de algodón en el cuello, con varias marcas de lesiones.
Los vecinos que estaban levantados ayer a las 6 de la mañana pensaron que habían entrado ladrones a la casa de Tulo, como llaman a Arturo, cuando vieron los patrulleros en la puerta de su casa. La muerte de la pequeña Rocío los dejó shockeados.
Conocían a Stella González desde hace unos 20 años y a su esposo de toda la vida, porque Arturo nació en el vecindario.
El matrimonio Almonacid cuenta con el cariño del barrio entero, que los considera una pareja muy reservada. Vieron como construyeron su casa y el nacimiento de los chicos. Conocen al hombre como un trabajador responsable y habilidoso. Y a la mujer como una obsesiva por sus hijos y su casa. Sus conocidas sólo podían atribuir el homicidio a un momento de locura, esa palabra que encierra todo lo que aparece sin sentido.
González quedó detenida ayer a la mañana y permaneció en la subcomisaría 22ª "como extraviada" todo el tiempo. En ese estado volvió a repetir que quería terminar con las penurias y necesidades de su familia.



Sin explicación. La casa de Almonacid, en Chubut 7320. (Foto: Silvina Salinas)
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