Año CXXXV
 Nº 49.604
Rosario,
martes  17 de
septiembre de 2002
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La victoria de los socialdemócratas suecos: ¿tendencia o excepción?

Thomas Borchert

Estocolmo. - La victoria electoral de los socialdemócratas suecos despertó grandes esperanzas de que también la cancillería alemana quede en manos socialistas durante los próximos cuatro años, con un victoria del actual canciller, Gerhard Schroeder. "Paramos la tendencia derechista en Europa", se alegró el domingo por la noche el jefe del partido socialdemócrata sueco, Goran Persson.
El periódico conservador italiano Corriere della Sera comentó: "El resultado sueco no gustará a los gobiernos de centro derecha en Europa, desde Italia hasta Portugal. Y tampoco le gusta al candidato bávaro a la cancillería alemana Edmund Stoiber, quien el domingo pretende derrotar a la coalición rojiverde del canciller Gerhard Schroeder".
* Contexto adverso. Hasta las elecciones suecas, la situación era todo menos buena para la socialdemocracia europea. Según las encuestas demoscópicas, sobre Persson pesaba la amenaza de obtener un resultado débil como el de 1998 (36,4%) e incluso de perder el poder en caso de que sus compañeros los verdes no consiguieran superar el cuatro por ciento de los votos y quedaran así fuera del Parlamento.
Pero el recuento de votos trajo consigo la gran sorpresa de que Persson, con un aumento de votos, prolongará en cuatro años los casi sesenta años ininterrumpidos de gobierno socialdemócrata en Suecia. Los socialdemócratas llegaron con el 39,9% casi a alcanzar sus resultados tradicionales -superiores al 40%- y lo hicieron a costa del Partido de Izquierda.
Sólo en dos ocasiones, en 1991 y en 1998, obtuvieron menos de esa cifra. "Nos llaman antiguos y con nuestra tendencia a los resultados del 40% lo somos realmente", manifestó Persson haciendo un chiste sobre la confirmación de la posición tradicional dominante de su partido.
* Mirando a Berlín. Ya durante la campaña electoral, Persson lanzó una mirada a sus adversarios y los de su amigo Schroeder y trazó la diferencia decisiva: "Gerhard tiene que enfrentarse a una oposición fuerte y unida , yo a una débil y dispersa".
El resultado de las elecciones no sólo respaldó esta estimación, sino que la subrayó formalmente. De un bloque de centro derecha con los conservadores como clara "guía" y tres pequeños partidos, los electores hicieron uno nuevo con un pequeño partido y tres grandes fracciones.
Los liberales no pudieron -en su salto del 4,7 al 13,3%- robar ningún voto a los socialdemócratas. Por el contrario, fueron los culpables de una pérdida dramática de votos de los conservadores. "Fue una clara elección de centro, en la que la gran mayoría vota social liberal", comentó el jefe del Partido Liberal, Lars Leijonborg, en la noche de las elecciones con vista a las transformaciones en ambos bloques, que en el nuevo Parlamento estarán en la misma relación de fuerza que hasta ahora.
* El tema impositivo. El jefe del partido conservador, Bo Lundgren, tuvo que vérselas con valoraciones críticas similares a las de su amigo alemán de partido Edmund Stoiber, de la Unión Social Cristiana (CSU). Lundgren es un aburrido que sólo tiene números en la cabeza, se dijo una y otra vez.
Casi todos los editorialistas suecos sostuvieron que Lundgren se equivocó con su exigencia de recortes masivos de los impuestos. Más éxito tuvo Leijonborg, quien ganó votantes al introducir en la campaña electoral el problema de la inmigración, e hizo hincapié en distanciarse de forma creíble de la xenofobia. (DPA)


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