Año CXXXV
 Nº 49.586
Rosario,
viernes  30 de
agosto de 2002
Min 2º
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Reflexiones
Un espejo demoledor

Osvaldo Aguirre / La Capital

Las transformaciones que cristalizaron alrededor de 1880 han sido estudiadas desde diversos ámbitos. La implementación de un modelo económico que definió el futuro de la Argentina, el desarrollo de la inmigración, el origen de los partidos políticos, son episodios tan cruciales para nuestra historia que no pueden dejar de desplegarse en nuevas investigaciones. "Diseñar una nación", libro de Leandro de Sagastizábal que acaba de publicar Editorial Norma aporta en este marco la novedad de abordar la etapa desde una perspectiva cultural.
De Sagastizábal concentra su análisis en el "Anuario Bibliográfico de la República Argentina", una publicación creada por Alberto Navarro Viola y que apareció en Buenos Aires entre 1879 y 1887. En principio se trataba de un catálogo de publicaciones científicas y literarias impresas en el país, que pronto constituyó un importante medio de crítica y reflexión y en consecuencia respondió tanto al propósito de documentar el movimiento de lo que era una incipiente industria como al de orientar a los lectores y fijar convenciones estéticas. Navarro Viola, abogado y catedrático, se desempeñaba además como secretario del presidente Julio A. Roca. Era un miembro de la elite, pero tuvo características distintivas: según se lee en "Diseñar una nación" reunió las figuras del intelectual bibliófilo y del editor.
Como fuente y archivo intelectual, dice De Sagastizábal, el Anuario "nos permite indagar las preocupaciones prioritarias de la Nación que se está construyendo y abordar el cruce de la articulación del poder con las prácticas culturales". El valor de la publicación consistió en documentar la construcción de un Estado, el modo en que una clase ejerció su poder y se proyectó en el futuro, al establecer un modelo de país a través de la economía, la sociedad y la cultura que se perfilaban como dominantes a fines del siglo XIX. La empresa dirigida por Navarro Viola supone además una fuente privilegiada para rastrear los símbolos y los códigos culturales de la época, ya que ilustra las ideas y los credos de la generación de los intelectuales de 1880. El Anuario intervino además en la construcción del consenso que esa clase necesitaba para legitimar su dominio. "Este corpus -dice el autor- funcionó como uno de los canales por los cuales se puso en conocimiento aquello que se producía, lo que a su vez, de alguna manera, implicaba la difusión de la ideología gobernante". La lectura y la alfabetización fueron dos de los instrumentos principales en el desarrollo del proyecto modernizador. Entre otros tantos hechos que explican nuestro presente, allí se produce la formación de un público lector, a través de la difusión de la prensa y de la actividad editorial.
La descripción que hace De Sagastizábal tiene al menos dos ámbitos posibles de resonancia. El más inmediato es el de la industria editorial: el significado del "Anuario" no se mide por la extensión de sus registros sino por el campo cultural que recorre y delimita, por el nuevo oficio allí manifestado -el de la edición- y por la importancia que otorga una sociedad a ese conjunto de actividades. Un contraste notorio con la coyuntura actual. Por otra parte, la empresa de Navarro Viola aparece como el testimonio de un proyecto de país que hoy parece transitar su disolución.


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