Año CXXXV
 Nº 49.520
Rosario,
martes  25 de
junio de 2002
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Una vela que quedó prendida tras un corte de luz habría iniciado las llamas
El incendio total de una casa arruinó a un matrimonio y sus cinco hijos
La vivienda debe ser demolida y a la familia le quedó sólo lo puesto. Los chicos tienen entre seis y doce años

El fuego consumió en minutos lo que Domingo Olivera y su esposa, padres de cinco chicos, habían logrado tener trabajando toda la vida. La vivienda de Jazmín al 7200, en barrio Las Flores, quedó hecha cenizas. Los muebles, los tirantes de madera del techo, los tabiques que separaban las habitaciones, la ropa y los colchones alimentaron el fuego, que hizo estallar las ventanas y resquebrajó las paredes.
Al incendio lo descubrió la suegra de Olivera, que vive en la casa contigua y al ver el humo corrió a pedir ayuda a los vecinos. Eran las 11 de la mañana y la vivienda estaba vacía. El propietario, de 37 años, es plomero y había ido a trabajar igual que su esposa, de 27, que es empleada doméstica. Los chicos estaban en la escuela.
Los bomberos llegaron cuando el fuego había dominado la vivienda y las membranas de los techos vecinos. De acuerdo a las pericias, el fuego se inició a partir de una vela que uno de los chicos encendió y dejó olvidada. "Estábamos sin luz desde anoche", contó Olivera, visiblemente devastado ante el desastre.
Frente a la vivienda, la familia esperaba apesadumbrada recuperar las fuerzas para empezar a limpiar el terreno. "Acá vivíamos, porque no quedó nada. Ni las paredes se salvan", apenas pudo decir Olivera. Desde el piso hasta el techo, en el que ardieron los tirantes de madera que sostenían las chapas, todo resultó arruinado.

Descorazonados
La mesa de la cocina, de aglomerado, era el único mueble que quedaba dentro de la casa, quemada también e hinchada por el agua que salía de las lastimadas mangueras de los bomberos. Sobre la calle estaban expuestos los despojos de lo que había sido un colchón, una heladera, una cocina inservible y un radiograbador derretido. "Habíamos comprado todo nuevo hace tres años, cuando nos mudamos. Ahora no lo vamos a poder comprar nunca más", balbuceó el hombre.
La pareja tiene cinco chicos, Domingo, de 12; Luis María, de 11; Carolina, de 10; Mariana, de 7; y Adriana, de 6. Sólo les quedó la ropa que tenían puesta cuando partieron a la mañana temprano a la escuela.
La casa en la que vivían hasta ayer la habían construido con esfuerzo. Las paredes de bloque apenas resistieron el fuego, porque al encenderse las llamas desde abajo y alcanzar los tirantes del techo, el lugar quedó transformado en un horno gigantesco.
Algunos vecinos solidarios y muy acongojados ofrecieron su casa para que la familia pudiera pasar la noche, otros el teléfono, 4626616, para recibir la ayuda que puedan brindarle organizaciones y otros vecinos. Pero quedaron en la calle. Necesitan tirantes y chapas para reconstruir el techo y recuperar, al menos, su espacio.
Simple en sus once años, al traspasar la puerta de lo que fue su casa Luis María contempló el piso humeante y frotándose la cabeza murmuró: "Que desastre, papi".



Olivera en lo que queda de su casa en barrio Las Flores. (Foto: Gustavo de los Ríos)
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