Año CXXXV
 Nº 49.392
Rosario,
sábado  16 de
febrero de 2002
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El sangriento conflicto en Medio Oriente entró en una fase de libanización

Christian Fuerst

Tel Aviv. - Los extremistas palestinos asestaron un golpe psicológico incalculable al poder ocupacional israelí al volar con una bomba una de sus "armas maravillosas", el tanque de combate Merkava III. Expertos militares estiman que los cien kilogramos de dinamita, que el jueves destrozaron en la Franja de Gaza el tanque considerado "indestructible" y que mataron a tres soldados, han dado paso a una fase más violenta en la guerra no declarada que mantienen ambas partes.
"Ahora tenemos Líbano en los territorios palestinos", dijo un oficial horas después del atentado perpetrado cerca del asentamiento judío de Nezarim. "Fue como si hubiesen derribado un (avión de combate) F-16", añadió.
Varios medios israelíes alertaron ayer de una "libanización" del conflicto: Hezbolá, las milicias shiítas próximas a Irán, mantuvieron en vilo durante 18 años a las tropas de ocupación israelíes con bombas accionadas por control remoto y atentados suicidas hasta que consiguieron su retirada en mayo de 2000. Desde hace algunos meses, los servicios secretos de Israel vienen alertando de la cada vez más estrecha cooperación entre las milicias en el sur de Líbano y los palestinos.
Pese a los contínuos ataques de represalia israelíes y las numerosas detenciones, pese al asesinato de enemigos políticos y a la red invisible de colaboradores, Israel no ha conseguido impedir el respaldo que Hezbolá y los grupos armados palestinos se prestan.

Contrabando de armas
Lo que entretanto ya no se cuestiona es la cooperación entre los palestinos y Hezbolá en la compra y el contrabando de armas, que a principios de enero fueron descubiertas en el mar Rojo, a bordo del Karine-A. También existen estrechos contactos entre Hezbolá y los grupos radicales de Hamas y la Jihad en la planificación y ejecución de atentados. Así, en los meses pasados los nombres de los terroristas suicidas de Jihad fueron dados a conocer primero en el canal de televisión de Hezbolá en Líbano.
La retirada unilateral de las tropas israelíes de la autodenominada "zona de seguridad", en el sur de Líbano, con la que el ex primer ministro Ehud Barak puso fin a uno de los capítulos menos honrosos de la historia de Israel, tuvo ya consecuencias antes de que regresaran los primeros tanques en mayo de 2000: Líderes activistas palestinos -como el jefe de Al Fatah en Cisjordania Marwan Barguti- tomaron de repente como modelo a Hezbolá. En vista del éxito de sus hermanos shiítas en el país vecino, estos líderes exigieron abiertamente combatir con las armas a la potencia que los ocupa. Todo ello fue meses antes de que comenzara la sangrienta Intifada.
Con la dramática orden de retirar las tropas, Barak consiguió calma en el frente norte, pero sin querer incitó a los palestinos a la revuelta, según creen los analistas.
Pero, en tanto, el alcance de la violencia en la Franja de Gaza y en Cisjordania llega más allá de la confrontación militar en Líbano. En los 16 meses de Intifada se han matado a casi tantos israelíes como durante los 18 años de ocupación en el sur de Líbano. El ministro de Asuntos Exteriores, Shimon Peres, prometió ayer que el ejército encontrará "la respuesta adecuada" a este nuevo desafío.
Para cada vez son más grandes las dudas en la efectividad de los ataques militares. El diario Maariv advierte: "La esperada respuesta israelí la tendrán los palestinos en breve. Pero después, -y eso lo hemos vivido en Líbano y en otros lugares- la escalada sólo conduce a un nuevo desgaste y a más víctimas". (DPA)



Un tanque israelí en Gaza.
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