Año CXXXV
 Nº 49.379
Rosario,
domingo  03 de
febrero de 2002
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Ocho horas a merced de las olas frente a las costas de Comodoro Rivadavia
Cuatro marinos de Carcarañá vivieron una odisea en el sur argentino
Los náufragos fueron rescatados por un helicóptero al que por el frío reinante le estalló el parabrisas

Norbeto Puntonet / La Capital

Carcarañá.- "Pensé que nos moríamos todos allí mismo", señaló Miguel Angel Pérez, que junto a otros tres carcarañenses fue rescatado del barco pesquero que encalló hace unos días cerca de Comodoro Rivadavia. Pero la odisea no terminó en el mar ya que en la costa, en medio de un temporal, un grupo de náufragos se perdió entre los cerros cuando intentaba llegar al casco de una estancia en busca de más ayuda, luego de que el helicóptero que los rescató perdió el parabrisas tras el primer transporte de sobrevivientes.
Pérez, contramaestre de 44 años y padre de seis hijos, trabaja junto a uno de ellos, Mario de 23 años, su yerno Pablo Ledesma de 22, y un amigo también de Carcarañá (Norberto Gerstner) para la empresa armadora Argenova, a bordo del Angela Wrigth.
La madrugada del 19 de enero pasado el buque pesquero, de 36 metros de eslora y nueve de ancho, navegaba al garete por el golfo San Jorge esperando el momento de completar su carga de calamares, a 400 kilómetros de Comodoro Rivadavia, a unos 25 de la costa, y en una profundidad media de 80 metros, cuando una enorme piedra en medio del mar lo hizo encallar.
"Era la una y media y no me explico qué pasó, porque esa piedra está bien marcada en las cartas de navegación a 14 millas de la costa. Nunca pescamos cerca de allí porque el barco puede pasar pero los equipos de pesca se engancharían con las rocas del fondo. Parecería que algo hubiera levantado el barco y lo depositó en el islote rocoso", reflexionó el marinero con más de 20 años en los mares.

Terror a bordo
Una vez encallada la nave los 24 tripulantes saltaron de sus cuchetas y fueron a cubierta sólo con lo puesto. El barco se mecía a voluntad de las olas, que a esa altura llegaban a medir hasta cuatro metros y además se avecinaba un temporal. Los marineros tuvieron tiempo de arroparse y aferrarse a cabos sobre la cubierta mientras la marea subía, que en vez de liberar al barco lo arrojaba contra las rocas lastimándolo aún más.
"Fueron casi ocho horas que se hicieron interminables, donde el mar nos tenía a su antojo y ya no poseíamos fuerzas para sujetarnos. En un momento me dormí por el cansancio y si un compañero no me despierta las olas me hubieran arrojado fuera del barco", contó Mario, padre de una nena de 18 meses, aún impresionado por todo lo vivido.
"El helicóptero llegó en el momento justo porque no aguantábamos más. Nos fueron izando de a dos, y ya con seis a bordo nos llevaron hasta la costa. En el último viaje trasladaron a seis de nosotros hasta Comodoro Rivadavia, pero no volvieron a buscarnos porque el calor interior del aparato y el frío de afuera rompió el parabrisas", explicó Pérez con lujo de detalles.
"Le debemos la vida al rescatista que dirigió el operativo, tendría unos 23 años y no tiene nada que envidiarle a los de otras partes del mundo. También le debemos la vida a Prefectura Naval de Rosario donde hicimos los cursos para navegar y saber actuar ante las dificultades", recordó Pérez, quien en ningún momento dejó de estar abrazado por alguno de sus hijos.

Perdidos en la Patagonia
Los sobrevivientes relataron a La Capital que al ver que el helicóptero no regresaba, pensaron que algo terrible había pasado con sus compañeros, lo que generó escenas de tensión e histeria entre los náufragos. "Estábamos en la costa bajo la lluvia con mucho frío, entumecidos, y varios de nosotros en estado de shock. El paisaje que nos rodeaba era de acantilados, piedras y espinillos, y decidimos que un grupo saliera en busca de ayuda".
Miguel Angel, Mario y Pablo, junto a un engrasador oriundo de Salta, se separaron del grupo rumbo al sur en busca del casco de una estancia que habían divisado desde el mar poco antes del siniestro. Pero según explicaron, por un efecto visual, la distancia en el agua se calcula tres veces menos que la real. Por lo que pensaron que les llevaría una hora encontrar la construcción que habían visto, pero les insumió más de tres horas y media de marcha.
"Cuando pensábamos que ya estábamos perdidos pasamos un cerro y vimos la casa, recién nos sentimos seguros y las lágrimas nublaron nuestros ojos. Nos abrazamos en silencio y agradecíamos a Dios, mientras la gente de la granja, ya alertada por la Prefectura, corría a nuestro encuentro. Fue emocionante. El que no creía en Dios, desde el 19 de enero es creyente", dijo Pérez con emoción, mientras confesaba que aún no puede dormir tranquilo porque todas las noches sueña con el agua salada del mar pegándole en la cara.
Los náufragos hoy se recuperan psicológicamente de los momentos difíciles que les tocó vivir. El cariño de los amigos y las tímidas sonrisas de sus esposas, hijos y nietos pronto los pondrá fuertes para hacerse nuevamente a la mar. Eso sí -confesaron-, están pensando seriamente en seguir trabajando juntos en el mismo barco porque "sería duro que el mar se lleve a un familiar, pero a tres sería terrible para nuestras mujeres e hijos".



Tres de los protagonistas del insólito accidente.
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