Año CXXXV
 Nº 49.339
Rosario,
domingo  23 de
diciembre de 2001
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Después de los saqueos. La experiencia de ser víctima de sus propios vecinos
Les destrozaron dos locales y ahora ya piensan dejar el país
Uno quedó literalmente arrasado y no abre más. Al otro lo van arreglando como pueden

Cuando veían a la gente llevarse lo que les costó 13 años de trabajo sintieron ganas de "matar". Sí, se les despertó ese sentimiento que "nunca" en sus vidas pensaron que "podría aparecer". Pero se quedaron de brazos cruzados, en realidad, trataron de salvar "aunque fuera algo". El miércoles pasado, Fabián Santiago (32), vio cómo sus vecinos del barrio le llevaban hasta el inodoro de uno de sus mercados ubicado en Godoy y Lima. Del saqueo de su otro negocio, en bulevar Seguí al 3300, no fue testigo directo, pero esto igualmente ya era un dato menor. Ese día, su esposa Cristina (33) no podía dejar a sus tres hijas solas en la casa. Sin embargo, sí pudo llamar al Comando Radioeléctrico, a los bomberos y hacer todo lo que estuviera al alcance de sus manos (mejor dicho, del teléfono) para tratar de defender su "laburo". Hoy la familia ya piensa en irse del país.
-¿Después de lo que vivieron el miércoles pensaron en radicarse en otro país?
-Sí, es más, lo tenemos casi decidido. No quiero esto para mis hijas.
-¿Dejarían todo lo que levantaron con 13 años de trabajo?
-No me queda otra. Sentí que lo que construí en estos años casi lo pierdo todo en media hora. Poner el lomo acá o en Francia, España, Italia o donde se me ocurra es lo mismo. Yo voy y pongo el lomo, donde sea.
Cuando Fabián tenía 17 años, salió de la escuela secundaria para entrar a trabajar como empleado en una carnicería. Con los años, pudo tener la suya propia y después comprar el mercado El Triunfo, ese mismo que ahora está íntegramente destruido y sólo conserva las paredes.
Siete años más tarde abrió el Supersantiago, en bulevar Seguí al 3300. En este local también entraron: "Se llevaron lo que pudieron, pero a la góndola de los vinos y las sidras la limpiaron. Rompieron las registradoras y los vidrios de las bateas de las carnes. De más está decir que el frente quedó aniquilado, por eso hoy el súper abre con la mayoría de las persianas bajas. El único que "se salvó" fue el local que abrieron el lunes pasado en Rouillón al 2300, donde ahora trabajan parte de los empleados de El Triunfo.
Las ganas de Cristina por mantener los productos bien exhibidos y atender a sus clientes lo mejor posible se esfumaron el miércoles pasado, y no por arte de magia, sino por un grupo de gente que entró al local, sacó comida y "destruyó todo lo que pudo", según contó la mujer.

Creer en el barrio
"Creí en el barrio, aposté a esas personas que nos vieron crecer y después vieron crecer a mis hijas. Ahora no puedo ni saludarlas, hasta una ex empleada entró a saquear", expresó Cristina. De ahora en más, aseguró con rabia e impotencia, trabajará sólo "por una necesidad de subsistencia".
Para los vecinos del barrio, ellos son -o eran- Fabián y Cristina a secas, por eso todavía no pueden entender cómo su gente les robó el "laburo y la ilusión de tantos años". Esa misma que después se acercó al local "para mirar su propia obra, para observar los destrozos que dejó hace menos de una semana", expresó la mujer.
Nada ni nadie les va a sacar de la cabeza que la gente que entró "no tenía hambre, sino que fue a destruir". Incluso, antes de que entraran por la fuerza los dueños del local se pusieron a armar bolsones con comida. "Pero ellos decían que no querían alimentos, querían alcohol", afirmaron.
Fabián y Cristina sintieron el miércoles ganas de matar, pero finalmente se quedaron mirando. "Uno no nació para asesinar, entonces no podíamos hacer otra cosa más que trabajar", soltó Fabián. "Lo único que hice en mi vida fue laburar para que esto funcionara, nadie me regaló nada y jamás me apropié de algo que no fuera mío. Por eso me quiero ir", aseguró.



En el súper de Godoy y Lima se llevaron hasta el inodoro.
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