Año CXXXV
 Nº 49.339
Rosario,
domingo  23 de
diciembre de 2001
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Análisis económico
Las consecuencias de los saqueos

Pablo Kandel

Cuando se analizan los sucesos ocurridos en el país en los últimos días, normalmente se sigue una pauta rígida: análisis de política (el derrumbe de De la Rúa, las ansias del peronismo de recibir en bandeja el poder, el aislamiento de Cavallo, la falta de autoridad para contener los desmanes, etcétera) o de política económica (el deterioro de la convertibilidad, la inminente cesación de pagos, la desconfianza en el exterior, etcétera).
Todo esto son análisis rutinarios y casi previsibles, palabra por palabra. Pero lo que casi nadie dice es qué es lo que va a pasar en lo inmediato: no va a haber reposición de mercaderías, ni en los locales saqueados o incendiados, ni en los que no lo fueron, pero que sus dueños o encargados temen sufrir las mismas consecuencias.
Esto puede llegar a significar una perspectiva firme de desabastecimiento para una parte de la población, y hay que advertirlo.
Es preferible que estemos completamente equivocados, y que los hechos demuestren lo contrario, pero entre tanto no hay que callar que ese peligro existe.
La única forma que tiene la población de abastecer sus necesidades básicas alimentarias es a través de la comercialización minorista que está gravemente amenazada en su existencia.
Salvo que se recurra a otros métodos, más bien rudimentarios, como por ejemplo, cabe recordar que el emperador Nerón incendió Roma porque quería tocar la lira y cantar contemplando el impresionante espectáculo, pero finalmente mandó distribuir pan comprendiendo que los ciudadanos se iban a morir de hambre.
No está firmado en ningún lado que estos delitos hayan terminado. La sombra temible de los saqueos es una enfermedad contagiosa que se propaga y para muchas personas promete rico botín.

Una certeza peligrosa
Una vez comprobado que los esfuerzos policiales y de las fuerzas de seguridad, si bien meritorios, son insuficientes y no se dan abasto para cubrir todos los puntos de riesgo y todas las horas del día y de la noche, la impunidad en el desmán y el atropello pasa a afirmarse como una certeza que los impulsa a actuar, y hacerlo ahora, ya, porque saben que después de cada acción viene la reacción y unos días más pueden llevar a que sea tarde y que se dé vuelta la tortilla.
Por otra parte, desde el punto de vista de los comerciantes saqueados, chicos, medianos y grandes, desde verdulerías de barrio hasta las más poderosas multinacionales de la comercialización minorista, ¿quién va a pagar los daños? Los cuales son de dos tipos: el costo de las mercaderías sustraídas o destruidas, y el costo de reparar las instalaciones rotas.
¿Las compañías de seguros? Es dudoso, porque en la mayoría de las pólizas hay cláusulas que liberan al asegurador de pagar por daños producidos por causas políticas, disturbios, terremotos y cosas semejantes. Una compañía que no pusiera esa cláusula muy pronto se iría a la quiebra porque no podría sostener sus compromisos.
¿El gobierno, entonces, tendría que pagar? Es una posibilidad y ya han empezado las presiones para que el Estado pague. Pero, ¿con qué plata? Y además, si lo hiciera estaría prácticamente financiando a los saqueadores y dándoles una palmadita en la espalda.
La plata del Estado es del contribuyente, o sea que todos nosotros estaríamos pagando el costo de los desmanes. Bueno, esa es una pregunta que tendrán que responder los factores en juego: nuevo gobierno, supermercadistas, aseguradores, etcétera.
Pero no es la única pregunta pertinente. Aquí va otra: ¿quién pagará a los proveedores, y a los proveedores de los proveedores, y a los fabricantes e importadores, y a los abastecedores de insumos, y los salarios en todas esas etapas? \Es evidente que se rompen la cadena de comercialización y la cadena de pagos, que ya venía muy deteriorada por la recesión y la depresión, y a ellos se añade este nuevo factor que es una violencia masiva.
Una pregunta que mira hacia el futuro, e introduciendo el factor cambiario y de precios. Todo el mundo admite que el régimen de la convertibilidad está agotado y que las primeras medidas que tomará el nuevo gobierno alterarán fundamentalmente esta situación ya intolerable.

El enigma de la moneda
Pero sin entrar en las infinitas especulaciones sobre cuáles serán las nuevas reglas del juego, sí corresponde preguntarse sobre qué base calculará sus costos el empresario, y qué niveles de precios o qué moneda exigirá para que le paguen o aceptará pagar, si es vendedor o comprador respectivamente, o a qué precio deberá hacer llegar la mercadería al consumidor final.
Esto puede llevar de por sí a complicar las cosas tremendamente durante una gran cantidad de días, hasta que el nuevo gobierno y sus autoridades económicas se pongan de acuerdo y den reglas claras, firmes y sustentables a las cuales el productor o comercializador pueda atenerse sin riesgo de pérdidas sustanciales de su capital de trabajo.
Pero mientras nos hacemos estas preguntas seguimos mirando en la televisión los saqueos, los saqueadores y los saqueados, y la desmoralización y la tristeza son increíbles.



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