Año CXXXV
 Nº 49.332
Rosario,
domingo  16 de
diciembre de 2001
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Incertidumbre
La convertibilidad, en una encrucijada: Cuáles son los escenarios posibles
Ninguna de las opciones es un picnic y todas requieren del ajuste político y fiscal

Eduardo Remolins (h) (*)

¿Hacia donde marcha la economía? Argentina enfrenta varios escenarios posibles de evolución en el corto plazo. Se puede hablar de tres escenarios puros y luego de combinaciones de esos escenarios o escenarios mixtos.
1- Mantener la convertibilidad. El gobierno puede "comprar" algo de tiempo y sostener un poco mas la convertibilidad. Esto se lograría echando mano de reservas del Banco Central, de los depósitos de las AFJP (es decir nuestros depósitos) o directamente de los depósitos de los ahorristas. La situación en este escenario sería una continuación de la recesión con deflación, es decir caída de los precios. El riesgo de incautación de depósitos es elevado y se mantendría su inmovilización por la desconfianza en el gobierno y el sistema financiero. Evidentemente, gastar las reservas del Banco Central (como está haciendo el gobierno) para sostener la convertibilidad, es como querer defender un castillo sitiado arrojándole al atacante las piedras con que están echos los muros. A la larga el enemigo entra desfilando.
2- La dolarización. Para que este escenario sea posible el gobierno debería conseguir un crédito de entre 1.000 y 6.000 millones de dólares, ya que si a las reservas del Central se les restan (correctamente) los encajes en dólares de los bancos, no existen suficientes dólares para cubrir la base monetaria, como lo explicara esta semana Miguel Angel Broda y otros economistas de ortodoxia a prueba de balas. Si además se restan fondos que no son propios del BCRA (como el préstamo del FMI) y que deben ser devueltos, las reservas ascienden a 4.300 millones de dólares contra 11.000 millones de la base monetaria.
En este escenario también sigue la recesión con deflación. La inmovilización de depósitos continúa pero podría incautarse parte de ellos para pagar erogaciones del Estado. No es seguro que baje el riesgo país ya que la posibilidad de default sigue latente. De hecho aumenta, ya que el Estado pierde 700 millones por año de intereses que hoy obtiene por el depósito de las reservas.
El riesgo de devaluación no desaparece, como se pregona, ya que el Estado, aún con la economía dolarizada, puede crear otra moneda en cualquier momento y canjearla por los dólares compulsivamente a una tasa diferente al uno a uno imperante. De hecho el Patacón y los demás bonos provinciales son cuasi monedas y seguirían circulando paralelamente al dólar, ya que no hay dinero para rescatarlos y sacarlos de circulación. Estos bonos (o su equivalente federal) podrían transformarse en moneda en cualquier momento, aún con la economía dolarizada. Por lo tanto, la dolarización no aventará los temores a una devaluación.
Por último, el país perdería la capacidad de hacer política monetaria y de que el Banco Central asista a los bancos en crisis. ¿Qué significa esto? Que el país estará más expuesto a los vaivenes de la economía norteamericana, sufriendo la apreciación de la moneda y la suba de la tasa de interés cuando la economía norteamericana crece, aunque Argentina esté en el medio de una recesión. Tan cierto es que EEUU no acomodará sus decisiones de política monetaria a las necesidades de Argentina, como que Bill Gates no maneja su empresa de acuerdo a lo que le conviene al tintorero de la esquina. Además significa que el sistema financiero va a ser mucho más vulnerable, porque el Estado no va a tener los dólares (ni puede emitirlos) para asistir a un banco en problemas.
¿Por qué en los primeros dos escenarios va a haber deflación con más recesión? Este es el problema central del país y todos los economistas del mundo así lo reconocen. La sobrevaluación de la moneda que padecemos significa que deberíamos ser, por lo menos, un 30% más baratos de lo que somos.
En otras palabras, no somos un país para que una hora de estacionamiento cueste dos o tres dólares o un vaquero treinta o cuarenta. Esta distorsión se corrige de alguna de las siguientes formas: con devaluación o bajando los precios.
Esta última alternativa es la que estaría vigente en los primeros dos escenarios. Hasta que los precios no bajen lo suficiente no se reactivará la economía. En economía se dice que el mercado "ajusta por precio o por cantidad". Esto significa que si los precios no bajan lo suficiente, simplemente se vende y se produce menos. Eso es lo que pasa hoy en Argentina.
Eso quiso decir Enrique Iglesias, presidente del BID, cuando dijo que la opción de Argentina es devaluación o deflación. Ahora bien, en los últimos 12 meses los precios cayeron aproximadamente 1,5%.
Aunque los salarios hayan caído 20% o 30% hay otros precios que no caen o inclusive han subido (los combustibles, el transporte). ¿Si los precios bajan 1,5% por año, cuántos años de recesión y deflación necesitamos para bajar 30%? Este argumento es de lógica económica y lamentablemente no puede ser rebatido con voluntarismos.
3- La devaluación. El tercer escenario es la devaluación con pesificación. Es decir, pasar los activos financieros (incluyendo las deudas) denominadas en dólares a pesos, uno a uno, y después devaluar. En este escenario los depositantes en dólares perderían parte de sus depósitos, igual que en los escenarios anteriores. Los acreedores en dólares también pierden algo, al cobrar en una moneda devaluada. Pero se evita la quiebra del sistema financiero que de otro modo no cobraría nada.
En lugar de deflación habría un salto inflacionario que el gobierno debería controlar a través de una muy dura política fiscal y monetaria. En realidad la política fiscal debería ser un verdadero "déficit cero". Y la política monetaria debería encargarse de que haya pocos pesos en la calle para que esos pesos no vayan a comprar dólares, empujando demasiado el tipo de cambio, o se vuelquen a bienes y aceleren la inflación. El piso de esta última se ubicaría entre 8 y 10% para el primer año. El techo lo marcará la seriedad de los que implementan la política económica.
Este escenario tiene dos etapas. La primera cubriría aproximadamente el primer año después de la devaluación. En este año la recesión será aún mayor por la desconfianza inicial en las medidas y la iliquidez de la plaza. El gobierno debería concentrarse en presentar las nuevas reglas de juego (el sistema de fijación del tipo de cambio, la política monetaria y la fiscal) y cumplirlas para generar credibilidad. Junto con la caída de la actividad caerán los ingresos y el precio de los activos, reales y financieros medidos en dólares.
En buen romance, ganaremos menos en dólares y los autos y acciones costarán menos en dólares.
En el segundo año post-devaluación se produciría la reactivación, si se controló el proceso adecuadamente, y la inflación estaría nuevamente en un dígito, aunque no tan baja como durante la convertibilidad. Las exportaciones aumentarían y el mercado interno estaría naturalmente protegido por el valor del tipo de cambio, sin necesidad de medidas proteccionistas como más aranceles.
En suma, la devaluación en el corto plazo es peor que la dolarización, pero mejor en el mediano y largo plazo.
4- Escenarios mixtos. El primer escenario mixto es devaluación con dolarización. Es pagar el costo de la devaluación pero no aprovechar sus beneficios. Es hacer la guerra en Afganistán pero después indultar a Bin Laden. Devaluar y después atarse las manos, sin saber cuanta inflación generará la devaluación.
Un segundo escenario mixto es una devaluación pero sin pesificación. Es decir, no pasar las deudas y los depósitos a pesos, pero desagiar de alguna manera esas deudas, es decir reducirlas en alguna cuantía. Esto puede hacerse con una parte del costo a cargo de los acreedores (los bancos) y otra parte a cargo del Estado.
Como puede verse, ningún escenario es precisamente un picnic. La raíz de esto es que no se puede evitar el costo de las malas decisiones de política económica de los últimos (¿doce?) años. Además, es importante aclarar que el ajuste fiscal y político es necesario en todos los escenarios. No se discute. Finalmente, este artículo no representa una expresión de deseos, es simplemente un diagnóstico.

(*) Economista del Idied, Universidad Austral



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