Año CXXXV
 Nº 49.313
Rosario,
martes  27 de
noviembre de 2001
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Lo había denunciado un abogado y ahora lo hizo un taxista
Condenan por segunda vez a un agente de tránsito que pidió coima
Lo sentenciaron a tres años de prisión en suspenso y a tres de inhabilitación

Jorge Salum

Hay gente que no aprende la lección. Ese parece ser el caso de Ramón Angel Ramos, un inspector de tránsito de la Municipalidad de Rosario que ya había sido condenado por pedir coimas y aún así reincidió. Ahora un juez lo sentenció a cumplir tres años de prisión en suspenso, otros tres años y medio de inhabilitación para ejercer cargos o empleos públicos -entre ellos, obviamente, el de inspector- y finalmente a pagar 1.000 pesos de multa. Y todo porque pidió dinero a un taxista para ignorar una multa ante un supuesto exceso de velocidad.
Ramos, de 32 años, integraba un retén de inspectores que controlaba el tránsito en el parque Independencia. Cumpliendo esa función detuvo a un taxi -un viejo Torino que funciona a gas oil- y acusó al conductor de manejar a una velocidad mayor a la permitida para el bulevar Oroño, a la altura del Museo de la Ciudad. Pero allí mismo el agente municipal ofreció una solución para que el taxista no tuviera que pagar la multa por la infracción que supuestamente había cometido: le pidió dinero -50 pesos- a cambio de ignorar la presunta falta y no labrar el acta respectiva.
Todo el episodio fue observado de cerca por otras tres personas. Dos de ellas eran compañeros de Ramos y la otra era la pasajera del taxi. Cuando los inspectores advirtieron la presencia de esta mujer, el que pidió la coima cambió de actitud, hizo la multa y el auto de alquiler finalmente pudo seguir su marcha.

Lo denunció la Municipalidad
Al poco tiempo el taxista fue citado por un juez del Tribunal Municipal de Faltas. Allí realizó su descargo. Dijo que no conducía a velocidad excesiva y contó lo que había sucedido cuando lo detuvieron. Y dijo que su pasajera podría atestiguarlo. Para deslindar responsabilidades, la Municipalidad hizo entonces la denuncia penal en el juzgado de Instrucción Nº 8 y el inspector terminó procesado por tentativa de extorsión.
El caso recaló en el juzgado de Sentencia Nº 5 a cargo de Ernesto Genesio, secretaría de Ernesto Eiris. Allí se hizo el juicio y, entre otras cosas, se comprobó que el taxista no mentía. Para ello fue fundamental la declaración de su pasajera, cuyo testimonio coincidió casi literalmente con el del conductor.
Por eso Genesio condenó a Ramos a dos años y seis meses de prisión que se unificaron con la pena que le impusieran en un fallo anterior, y se convirtieron en tres años. Aunque no irá a prisión, si esta sentencia queda firme no podrá trabajar como inspector municipal de tránsito, ni ejercer ningún otro empleo público, por tres años y seis meses. Además, deberá pagar una multa de 1.000 pesos, siempre y cuando la Cámara Penal confirme el fallo que fue apelado por el condenado.
La primera vez que lo descubrieron, el pedido de coima de Ramos y otros tres inspectores terminó convirtiéndose en un escándalo. Es que la víctima fue nada menos que un abogado, quien exigió a todos que se identificaran y los denunció ante la Justicia. Tanto él como sus colegas fueron condenados por ese hecho.
En este nuevo caso, los compañeros de Ramos ni siquiera fueron enjuiciados, ya que jamás se identificaron ni participaron directamente del pedido de coima. Ramos fue quien se acercó al taxista y propuso el arreglo y por eso fue el único condenado.


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