Año CXXXIV
 Nº 49.262
Rosario,
domingo  07 de
octubre de 2001
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Análisis: La política deberá volver a nacer

Mauricio Maronna

La encuesta que hoy publica La Capital no hace otra cosa que confirmar lo que este diario ha venido anticipando desde hace meses: la saturación de la mayoría de los rosarinos con una forma de hacer política. Si para que algo renazca primero tiene que morir, el rechazo popular hacia la actual oferta electoral debería servir para que esos mismos partidos aprendan de una buena vez la lección y generen los cambios que se reclaman: transparencia, ideas renovadoras, recambios dirigenciales y derogación de la ley de lemas.
De la crisis política se sale con más y mejor política, y no con votos a Sarmiento, a San Martín o a Charly García. Más allá de los miles de ciudadanos honestamente desencantados, y si las victorias y las derrotas tienen padres y huérfanos, constituiría un error erigir en progenitores de la criatura a los sectores antidemocráticos y fascistoides que desde algunas tribunas mediáticas levantan con fervor patriótico la consigna de meter papel higiénico en las urnas.
La trituradora de ilusiones que significó la Alianza gobernante, la poco cautivante propuesta opositora, la depresión económica, los hechos de corrupción sellados bajo la conocida fórmula de la impunidad en el Senado de la Nación, la grisácea acción del Ejecutivo municipal y del Concejo, además de la insufrible ley de lemas constituyen para los rosarinos un cóctel indigerible a la hora de romper la atonía preelectoral.
Cada referente de peso intentó poner una zanahoria en el palo tratando de atraer voluntades. El primero fue Horacio Usandizaga, quien lanzó públicamente, antes del inicio de la campaña, su aspiración de ser intendente en el 2003. Lo siguió el gobernador Carlos Reutemann al colocar su nombre como candidato a senador suplente y desempolvando la boleta sábana. Al fin primó su habitual sentido común y dejó de lado la idea. Finalmente (y con las encuestas en la mano), el intendente Hermes Binner hizo pública su decisión de aspirar a una nueva reelección como bonus track para atraer votantes a la lista que encabeza Mónica Fein. Hace más de un año el jefe del Palacio de los Leones había descartado la misma re-reelección que ahora pretende alcanzar con una frase categórica: "Mi profesión es la de médico, no la de político. Los viejos terminan actuando como tapones en la política".
Los resultados del domingo próximo, aunque algunos canten victoria y otros muerdan el polvo de la derrota, dejarán el sabor amargo de un capital político que quedará menguado por los votos negativos. Y esto les cabe a la Alianza y al Partido Justicialista .
Pero la decepción popular no alcanza solamente a los partidos establecidos: la izquierda, de tanto repetir consignas quiméricas, dejó de constituirse en alternativa. A la derecha la corrió por derecha el gobierno nacional con su saga interminable de ajustes. La voluptuosidad dialéctica de Elisa Carrió es la excepción que confirma la regla, aunque su liderazgo testimonial lejos está de empardar la irrupción del Partido Intransigente en la década del 80 o del Frepaso en los 90.
La abulia preelectoral que domina el escenario tiene, sin embargo, un atenuante: el 46,1 por ciento de los consultados les asigna "poca o muy poca importancia a los comicios". Y para el 24,3 por cierto la parada del domingo "tiene mediana importancia". El 2003, si el mensaje de las urnas es correctamente leído cuando pase el temblor, será otra historia.
Seguir por el mismo sendero implicaría un suicidio no ya para algunos políticos, sino para la política. A no pocos partidarios del no vote (a la derecha de su pantalla) les empieza a correr adrenalina de sólo pensar en un "empresario exitoso" que obligue a la clase política a aprender la lección por el espanto.


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