Año CXXXIV
 Nº 49.258
Rosario,
miércoles  03 de
octubre de 2001
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Las alteraciones diurnas contribuyen a las alteraciones de sueño de los pequeños
El dolor, la ansiedad, el miedo o la sensación de desprotección producen cambios en la estructura del sueño

Durante los primeros quince años de la vida se producen más cambios en la estructura del sueño y en las funciones fisiológicas a él asociadas que en el resto de la vida. En ese marco, el trato que se le brinda al bebé desde que nace, la proximidad con la madre, el ambiente y la imposición del sueño por parte de los padres determinarán diferentes cuadros patológicos en esa edad y las subsecuentes.
El sistema nervioso de los recién nacidos está suficientemente maduro para registrar el dolor, que a su vez provoca ansiedad, miedo o sensación de desprotección. Esos son los elementos que contribuyen a las alteraciones del sueño, apunta Antonio Millán, pediatra del Hospital Fundación Jiménez Díaz, de Madrid, España.

Durante la infancia
Existen características específicas del desarrollo infantil, como el llamado acoplamiento, que es el resultado de la evolución del ser humano en relación con el sistema de cuidados que se haya generado desde los primeros días de vida.
El acoplamiento es un deseo biológico de proximidad y contacto con los adultos que proviene de la selección natural, no de la necesidad de ser alimentado sino de ser defendido de los depredadores. En el ser humano, esa sensación se desarrolla en cuatro fases (tres de las cuales tienen lugar durante la infancia):
* Desde el nacimiento a 2-3 meses de vida: respuesta social indiscriminada en la que el niño responde a casi todos los estímulos sociales y no a una persona en particular.
* Desde los 2-3 meses a 7 meses: el lactante ya muestra una predilección por una determinada persona o grupo de personas.
* De los 7 meses a 3 años: se inician los comportamientos de búsqueda o acercamiento activo y puede decirse que el niño está "acoplado".

Estabilidad
La estabilidad del sueño total en los primeros 12 meses de la vida es relativamente baja. Los períodos de vigilia se incrementan de 128 minutos (en las seis semanas de vida) a 210 minutos (en los 6 meses de edad), localizados fundamentalmente por las tardes.
Durante los primeros tres meses, el adormecimiento nocturno se produce generalmente con facilidad, pero a partir de esta edad se observa cierta dificultad para alcanzarlo.
Hacia los cuatro meses de edad la maduración de los sistemas de control produce una distribución casi estable de los períodos de sueño y vigilia diurnos, de tal forma que los patrones diurnos están relativamente bien establecidos.
En el recién nacido, la duración total del sueño suele ser de 16 a 17 horas al día. Las horas de sueño disminuyen progresivamente al crecer (14 a 15 horas en las 16 semanas de vida y de 13 a 14 horas hacia los 6 y 8 meses). A partir de los 10 meses, la organización y los ciclos del sueño comienzan a ser muy parecidos a los del adulto. Para los bebés y los niños de hasta 7 años el sueño es la actividad en la que más horas invierten.
Los problemas o patrones del sueño están relacionados con el bienestar de la familia y del entorno. No todos los problemas del sueño son anormalidades ni todos precisan tratamiento. El trastorno se definirá como una alteración real de una función fisiológica que controla el sueño y opera durante el mismo.
El psiquiatra de la Clínica de Trastornos del Sueño del Hospital General de México, Alfonso Martín del Campo, sugiere algunas recomendaciones:
* Ubicar las habitaciones en la parte trasera de la casa con el propósito de alejar al bebé de los ruidos de la calle y el resplandor de las lámparas.
* Orientar la cama de los niños hacia la ventana para que por la mañana reciban la energía del sol, y la de los adultos en una posición en la que los rayos del sol no sean tan directos, pues de esa forma tendrán un efecto calmante.
* Pintar el cuarto en tonos pálidos, que son los más propicios para producir la sensación de tranquilidad; los verdes pálidos, azules y amarillos pueden resultar sedantes.
* Tener una buena ventilación. La temperatura ideal a la que debe estar el dormitorio para propiciar el sueño es de 18 grados.
Vanesa Saint Cyr



Hasta los 7 años, el sueño es lo que demanda más horas.
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