Año CXXXIV
 Nº 49.241
Rosario,
domingo  16 de
septiembre de 2001
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Opinión
La Argentina en la nueva selva mundial

Isidoro Gilbert

El mundo no será igual, se ha dicho y reiterado después de los atentados en los EEUU e imprevisible para algunas esperanzas del gobierno argentino de que Washington influiría para reprogramar la deuda externa y en otras iniciativas que después del reciente salvataje para el default inminente, entraron en la nebulosa. Si bien hay sospechas y hasta certezas sobre los responsables de la masacre, los líderes norteamericanos primero abroquelan a su nación con discursos inflamados, pero carente de precisiones como para saber cómo y a quién replicará. Esto ocurrirá en algún momento pero es prematuro precisar la reubicación de esa potencia en el orden mundial, y cuáles serán sus prioridades.
Pocos dudan de que el combate al terrorismo quedará en el tope de la agenda de la administración de George W. Bush. Lo merodea hace tiempo entre sus prioridades, pero pensadas a más largo plazo y a veces confundidas con la conmoción social o el narcotráfico. Además, derrumbes y millares de muertos apuntalan las concepciones mas fundamentalistas en el gobierno y opinión pública estadounidense que presupone el predominio de sus voceros, no solamente en el campo militar sino en el económico, que tanto interesa a nuestras autoridades, hasta para el futuro de las libertades públicas. Ya se dijo alguna vez durante la guerra fría: "Un fascista es un demócrata asustado".
Algo privilegia el sector más influyente del gobierno, o sea el canciller Adalberto Rodríguez Giavarini, el jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, el titular de Economía, Domingo Cavallo, o la ministra de Trabajo, Patricia Bullrich: que Washington tendrá en cuenta a quienes responden incondicionalmente, por lo que el país debe figurar entre los primeros sin cortapisas. Dice un hombre del Palacio San Martín: "Debemos estar en la lista de los amigos. Si dudamos en su momento nos lo harán hacer saber y mal". Claro, en su razonamiento estaban presentes en primer término los problemas económicos planteados en los EEUU y que por algunas semanas, se piensa, quedarán sumergidos.
¿Aceptar acríticamente las decisiones políticos militares que adopten los EEUU es lo que más beneficia al país? Lo preguntan legisladores de varios partidos, como lo reveló la sesión secreta con el canciller. Allí Rodríguez Giavarini fue cauto e hizo esfuerzos por explicar que el gobierno se ajustará al derecho internacional: con la Carta de las Naciones Unidas en su mesa dijo que el ataque terrorista "no se encuadra estrictamente a la definición de guerra", como lo sostiene el mandatario norteamericano. Pero horas más tarde puso algunos paños fríos. De hecho se instaló un debate: si las acciones punitivas contra "el mal" que todavía no quedó corporizado quedan en manos de las Naciones Unidas o si EEUU organiza una coalición que margina a la organización mundial, para tener manos libres. En la Alianza, pero también en el peronismo, oscilan entre una y otra postura, sin tener en cuenta reflexiones como la del presidente uruguayo, Jorge Batlle: una escalada solamente generará una espiral de violencia con consecuencias imprevisibles.

Convenciendo a Fernando
Algunos de estos razonamientos son aceptados en el Ministerio de Defensa. "Sería peligroso que salgan a pegar por presión de la política interna", razonan. Y un alto funcionario entiende como no alocado sospechar también en el fundamentalismo norteamericano que hizo volar oficinas y vidas en Oklahoma. Y teme esa voz que se repitan gestos agresivos contra palestinos o los Vladimir Putin en Chechenia, al fragor de la conmoción de los atentados. Yitzhak Rabin tenía claro que el fundamentalismo islámico se alimentaba de la pobreza, el desempleo y la ignorancia y que esas eran las metas a combatir, sin transigir con el terrorismo. Su modo de pensar le costó la vida.
El canciller tuvo que convencer a Fernando de la Rúa de que había que ceñir el accionar internacional en el marco de la ONU. Le explicó que él, como comandante en jefe de las FF.AA., "podría incluso enviar efectivos militares". Y recordó que Carlos Menem en 1991 apoyó a EEUU por fuera de Naciones Unidas "y nosotros nos opusimos". El presidente pensaba en gestos más contundentes, antes siquiera de saber cómo canalizaría la gran coalición mundial que hilvanaron los norteamericanos. Tal vez sospechara que los republicanos seguirían hostiles a la organización mundial. Pruebas al canto: retacean sus responsabilidades financieras, rechazaron el protocolo ecológico de Kyoto o no respaldan el Tribunal Mundial contra Crímenes de Guerra, todas iniciativas de la ONU. Los diplomáticos criollos saben que en Europa y en la Otán "están dispuestos a poner todo su poderío militar a condición de conocer contra quién se les descarga". Nadie regala sus opiniones.
No todos piensan como Giavarini en caso de decidir envíos de efectivos militares al exterior: diputados consultados creen que el gobierno deberá pedir permiso al Parlamento. Pasado el primer momento de desconcierto surge que el gobierno dio no sólo declaraciones: busca activar el Tratado de Asistencia Recíproca (Tiar) que fue inútil cuando la guerra de las Malvinas con objetivos aún poco claros, aunque dé tema para especular. No dijo, aunque pareciera en algunos funcionarios entusiastas, que otorga un cheque en blanco a Estados Unidos, pese a lo poco que influye la opinión local. La mejor manera de acompañar a Washington -creen los expertos- es asegurarse de que no actúe en solitario, con consecuencias desastrosas. Una de ellas: que la sola eliminación de Ben Laden no pondrá fin a la amenaza terrorista. Este es un debate muy extendido en la prensa europea, que no confunde repudio a la barbarie con qué políticas deberían adoptarse para combatirla. Y el mejor modo para los argentinos será encontrar un lenguaje común con Brasil, Chile o el Grupo Río y no dejarse ganar por urgencias sin principios o por el pánico, entienden en el alfonsinismo y el Frepaso. Definir el "bien" corporizado en los EEUU le cabe a Bush, pero no a nuestros gobernantes que deberían primero ser prudentes en sus juicios y no adoptar el discurso de otros; tendrían que tomar en cuenta los peligros del hegemonismo y sobre todo estar informados. Recordar que Bin Laden es un invento de la CIA contra la invasión soviética en Afganistán. A principios de los 80, EEUU tenía frente a sí la revolución iraní que hizo colapsar a su gendarme del Golfo y el avispero afgano con las tropas del Ejército Rojo dentro. Eran los días en que Osama Bin Laden coordinaba sin trabas el reclutamiento de voluntarios islámicos de todo el mundo para luchar contra los rusos. Una vez puesta en marcha la máquina adquirió, como el Golem de la mitología hebrea, vida propia. Caída la URSS, Bin Laden y su ejército tienen otros objetivos, luchar contra los norteamericanos. El "mal", la bestia, es un producto del "bien", de sus intereses estratégicos. Curiosa historia la de la Argentina. En 1979, cuando los soviéticos invadieron Afganistán para sostener una revolución de sus amigos, la dictadura se negó al embargo contra Moscú reclamado por Jimmy Carter para poder venderle a la URSS sus excedentes en cereales: 3.000 millones de dólares.

Acordar con Brasil
Pero Argentina ha jugado, con Raúl Alfonsín, Menem y De la Rúa, un enorme papel para afianzar la paz regional, que es más valorado por la administración norteamericana que una votación o respaldo circunstancial. "Ustedes no le dan toda la importancia que tiene que el Mercosur es la única zona de paz en el planeta, o el valor del acuerdo de confiabilidad firmado por Argentina y Chile que nos sirve para presionar en algunas zonas calientes por problemas fronterizos o de viejas rivalidades", comentó aquí días atrás el ex funcionario del gobierno de Bill Clinton, Arturo Valenzuela.
De las dificultades inmediatas, hasta que se aclaren las cosas, prevalece la parálisis de las gestiones de Cavallo para reprogramar la deuda externa. Aunque las ha negado, sobre ellas habló a legisladores del Partido Justicialista el economista peronista Jorge Remes Lenicov y son consideradas por el ministro como claves para que no se hunda el programa de déficit cero y permitir tener fondos para sacar al país del estancamiento. No es un dato menor la muerte de muchos cuadros de los centros financieros asentados en las oficinas de las Torres Gemelas. Un caso menos patético: la delegación de la Unión Industrial que pensaba abrir canales de comprensión en el Norte llegó a Washington el día de los atentados y sólo pudo hablar con funcionarios de menor nivel. Aunque son prematuras aún las certezas, el incremento del petróleo y cereales y una eventual depreciación del dólar actuarían a favor del comercio externo. Pero la tendencia a la depresión o estancamiento económico tanto en EEUU como en Europa frenaría más el flujo de capitales. Incluso Brasil sufre una nueva salida de divisas que hace brincar al real y enfurece a Cavallo, otra vez actuando como un elefante en un bazar frente al gran socio.
Es cierto que la trepada de la moneda brasileña es deletérea pero no se resuelve con declaraciones que confirmarían las preferencias del ministro por abrir, ahora más que nunca, un cauce de negociación con EEUU, tanto bilateral como para el Alca, sin tener certeza si ese objetivo continuará siendo prioridad para EEUU en el futuro inmediato, ante la nueva realidad. No pocos expertos creen que frente a la crisis, EEUU tenderá más a abrir mercados que los suyos propios, coincidentemente con el papel más trascendente del ala derecha del Partido Republicano. Sería dañino para los tiempos que vienen deteriorar la no fácil relación con Brasil: podría ser productivo ampliar la integración a toda América del Sur para negociar en mejores condiciones con EEUU y Europa.

Papel militar
¿Qué repercusiones tendrá el martes negro en las FF.AA.? Que actúen en los nuevos escenarios de conflicto, ampliando la veterana presencia en las Fuerzas de Paz, aunque ahora tendrían otro sentido. Temores de que se confunda terrorismo con conmoción social hubo siempre y son los que generan dudas sobre si a los militares no se les daría nuevamente presencia en el frente interno. Lo niegan en Defensa aunque hay legisladores que sospechan que algunas de las iniciativas en esa cartera para fusionar fuerzas tienen en última instancia el objetivo de reformular las hipótesis del trabajo castrense \En pocos países hay tanta sensibilidad por lo ocurrido en Nueva York y Washington como en Argentina. Fue en Buenos Aires donde el terrorismo, externo/interno voló la embajada israelí y la sede de la Amia. Es por eso que lo ocurrido no puede serle indiferente. Pero si aquellos atentados pudieron ser una consecuencia de una mala decisión, intervenir en el Golfo, es razonable que se pida sensatez junto a la firmeza y el compromiso de no permitir que se agreda contra la vida. Siempre teniendo en cuenta el interés nacional, no supeditar una decisión grave a las penurias económicas.
En el gobierno se tiene la certeza de que hay unidad de conceptos en esta encrucijada entre el oficialismo y la oposición y que el drama no estará en la deslucida campaña electoral. Dependerá de si habrá argentinos en fronteras lejanas.



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