Año CXXXIV
 Nº 49.227
Rosario,
domingo  02 de
septiembre de 2001
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La necesidad de un debate sobre el rol del sistema crediticio

Salvador Di Stefano - Adrián Giacchino

Los problemas financieros en las pequeñas y medianas empresas son estructurales y anteceden a la actual crisis. Son producto de la falta de un mercado de capitales en nuestro país y de la inexistencia de crédito a tasas bajas que se suma a un grave problema de competitividad de las empresas a causa de la alta presión tributaria y elevados costos internos.
En la última década, la República Argentina no logró armonizar políticas que despierten la posibilidad de obtener negocios rentables para aquellos emprendimientos que contaban con financiamiento bancario.
La transformación económica de la década del 90 generó diferencias entre las empresas de mayor tamaño (producto de la concentración) y las pymes, lo que se manifiesta todavía en las distintas condiciones en que acceden a los recursos financieros, técnicos, humanos, y la llegada a los mercados.
Simultáneamente se produjo un atraso en los factores de competitividad, porque en muchos casos las empresas no tuvieron ni el tiempo, ni las condiciones y ni el apoyo para adecuarse a las nuevas formas de la economía abierta.
La recesión de los últimos 38 meses se intentó combatir con una mayor presión tributaria que apuntaba a generar mayores recursos en el sector público para de esta forma equilibrar el presupuesto nacional. A través de esta metodología se lograron dos objetivos: por un lado, el sector privado (con una mayor presión tributaria) comenzó a ser menos competitivo, a perder dinero y postergó toda inversión; por otra parte, el gobierno no logró recaudar lo previsto, siguió mostrando un déficit crónico y comenzó a endeudarse en el mercado a tasas exorbitantes.
Así, el sector público desplazó al sector privado del mercado de crédito. Mientras en junio de 1998 los créditos al sector público ascendían a 22.000 millones y al sector privado en 66.000 millones, en la actualidad, el sector público absorbe 40.000 millones, y el sector privado menos de 60.000 millones.
El sector privado, a su vez, comenzó a sufrir deterioros en su estructura financiera pues la recesión que lleva más de 3 años provocó caída de ventas, menor nivel de rentabilidad, un aumento del riesgo empresario, endeudamiento creciente, todo esto sin alcanzar el punto de equilibrio económico.
El círculo vicioso se fue cerrando a través de mayores índices de mora que impactaron en los resultados de los bancos, los que absorbieron con los empresarios el costo de la transformación.
Claramente, el déficit crónico, las altas tasas que pagaba y paga el Estado, como así también las mejores garantías que ofrece hicieron que el crédito se dirigiera al sector público.

Sobre las regulaciones
Las regulaciones prudenciales impuestas al sistema financiero argentino en el año 1995 fueron muy positivas, tanto que lograron soportar en los últimos 60 días una fuerte salida de depósitos del sistema y los bancos devolvieron hasta el último centavo que le reclamaron. Sin duda, se armó una estructura eficiente que sirvió para reforzar su solvencia y que en los últimos días fue probada con un resultado altamente satisfactorio.
Sin embargo, de cara al futuro, si los estados nacional, provincial y municipal se comprometen al déficit cero, habría que pensar que todo el proceso de desplazamiento del crédito del sector privado hacia el público, tiene que comenzar a revertirse. Debería procederse a una flexibilización en las regulaciones prudenciales del Banco Central República Argentina (BCRA), de modo tal que las empresas puedan tener un mejor acceso al crédito bancario, y de esta forma poder potenciar la salida de la crisis.
Las pequeñas y medianas empresas fueron empujadas a tener que negociar sus cheques ante la asfixia de crédito que sufrieron. Es imposible que estas compañías sigan canjeando estos valores a tasas en pesos superiores al 5% mensual, y que sean rentables. Es necesario un cambio fiscal que permita recrear un ambiente de negocios, reduzca el costo impositivo del crédito y permita seguir o desarrollar proyectos rentables.
Sin déficit del sector público es innecesario que las entidades financieras tengan enormes exigencias de capital que no le permitan expandir el crédito a negocios rentables, como también excesivos regímenes de previsiones, que le hacen inmovilizar fondos en forma exagerada.

Discutir el futuro
Es necesario un debate muy amplio acerca del futuro del sistema financiero. Sin un cambio por parte del ente rector (BCRA) es imposible que los bancos cambien su política ya que su operatoria está totalmente regulada.
Además, es importante no caer en el facilismo de que toda la culpa la tienen los bancos. Lo que hay que estudiar es un radical cambio del sistema financiero para que todos los actores del mercado, individuos, empresas y bancos tengan la posibilidad de generar negocios, de lo contrario todos pierden, lo que se manifestó claramente en esta última crisis.
El propio Estado tuvo que salir a mendigar fondos porque no podía honrar su deuda.
Ahora se abre una nueva etapa, la del déficit cero que podría devolver al mercado más de 40 mil millones que le fueron prestados al sector público. Unos 5.000 millones de dólares al año aportarían las AFJP y las entidades financieras que tienen un stock de 15.000 millones de dólares en títulos públicos. Todo esto transformaría lentamente en créditos a la actividad productiva.
Urge abrir una nueva etapa a través del crédito genuino y bien direccionado. Si observamos la estructura de financiamiento de las empresas argentinas, la proporción del pasivo con relación al patrimonio es baja, comparado con los países desarrollados. Esto se dio pues las decisiones empresarias han privilegiado la subsistencia ante las turbulencias de los últimos años (inflación, recesión, lapsos de altas tasas de interés reales).
Este mercado tiene que recrearse a través de estudios conjuntos entre bancos y empresas que determinen la viabilidad de los negocios y proyectos, como asimismo estructurar operaciones sobre la base del requerimiento financiero, sea capital de trabajo o incorporaciones tecnológicas que requieren líneas especiales.
La salida está a la vuelta de la esquina: cumpliendo el déficit cero y dejando de endeudar al Estado. Lo importante es no desviar la atención en cuestiones que son estrictamente secundarias.



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