Año CXXXIV
 Nº 49.136
Rosario,
domingo  03 de
junio de 2001
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Un taxista dice que fue amenazado de muerte desde un móvil policial
Luis Alberto Mancini recibe intimidaciones desde hace un año, pese a recibir custodia del gobierno provincial

Luis Alberto Mancini ya no sabe qué hacer ni a quién recurrir. Desde que en junio del año pasado un grosero error policial lo llevó a compartir la celda de Tribunales con los mismos ladrones que días antes lo habían asaltado y debía reconocer, este taxista no dejó de sufrir amenazas contra su vida y la de sus familiares. Ahora denuncia que la semana pasada un auto policial lo interceptó en la calle y su ocupante lo amenazó de muerte arma en mano.
La madrugada del 30 de junio de 2000, en Esmeralda y Virasoro, Mancini fue asaltado por tres delincuentes. Poco después, agentes del Comando Radioeléctrico detuvieron a dos de los ladrones e identificaron al tercero.
A raíz del hecho se inició una causa en el juzgado de Instrucción número 6, a cargo de Luis María Caterina, quien citó a Mancini para reconocer a ese tercer ladrón una vez capturado y en rueda de presos. Sin embargo el taxista nunca recibió la citación y, al faltar a ella, el juez pidió a efectivos de la seccional 19ª que lo trasladaran por la fuerza pública. Cuando los policías llevaron a Mancini a los Tribunales presumieron que se trataba de un detenido y, en vez de acompañarlo al juzgado, lo encerraron en la misma celda donde estaba su asaltante. Allí estuvo dos horas hasta que se detectó la irregularidad. En ese período fue agredido por los delincuentes y desde el despacho del magistrado se dijo que "sólo se trató de un error".

Promesas incumplidas
A partir de ese hecho, Mancini se reunió con el ministro de Gobierno, Angel Baltuzzi, para solicitarle garantías personales y hacia su familia dado que había sido amenazado por los detenidos con quienes compartió la celda. Entonces, el taxista no sabía que después las amenazas se repetirían. Claro que esta vez a partir de los policías a los que acusó por cometer el error.\El 31 de agosto de 2000 Mancini sufrió un atentado incendiario que destruyó el frente de su casa en un Fonavi de la zona oeste de la ciudad. Mientras el policía que lo custodiaba se cubría de la lluvia tomando un café en el interior de la vivienda, una bomba molotov estalló contra la puerta del departamento. Dos días antes, el taxista ya había recibido una amenaza telefónica: una mujer le anunció el atentado.\Desde aquel día Mancini ya no volvió a vivir como antes. "El mes pasado, un sargento de apellido Abreu que trabajaría en el Comando (Radioeléctrico) fue a mi casa y me amenazó de muerte a mí y a mis hijos. Quieren que retire la denuncia que hice contra los policías que me metieron preso junto a mi asaltante", explicó el taxista en la redacción de este diario.\La amenaza fue denunciada en la Fiscalía número 11 y a mediados de mayo fue citado de la División Judiciales de la Unidad Regional II para ratificar el contenido de la misma. Junto a él acudieron su esposa y un amigo que el día en que el sargento lo amenazó se encontraba en la casa.\Pero la historia no terminó allí. El 19 de mayo, un día más tarde a esa citación "un Peugeot 504 de color crema, con patente CCP230 de las que usa la policía, se paró junto a mi taxi en Cafferata y Catamarca. El tipo que manejaba me apuntó con un arma a la cabeza y me dijo que me iba a matar", recordó angustiado Mancini quien atemorizado dio marcha atrás y estacionó su vehículo en el garaje de la comisaría 7ª, ubicada a sólo 50 metros del lugar.\"Tengo la vida destrozada, no tengo trabajo porque nadie me quiere dar un taxi para manejar, tengo que ir a mi casa a escondidas para visitar a mis hijos y así estoy separado de mi familia", contó el chofer que reconoció haber llegado a La Capital después de que "nadie escuche mis reclamos. Seguro que van a esperar a que me maten para ver después cómo protegen a los míos", se quejó.\A la hora de buscar responsables, Mancini no tiene dudas: "El ministro de Gobierno no me atiende y todos los días voy a Gobernación para buscar una respuesta. Ellos me condenaron a esta vida, su sistema se equivocó desde el primer día y yo ya no sé a quien puedo recurrir. Quiero volver a ser un laburante como lo era antes para poder mantener dignamente a mi familia y no un protegido al que le ofrecen un subsidio de 100 pesos y un bolsón de comida, como lo hicieron en el ministerio, para que mis hijos puedan comer".


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