Año CXXXIV
 Nº 49.122
Rosario,
domingo  20 de
mayo de 2001
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Análisis
El canje de deuda es otro shock de baja intensidad
El gobierno insiste con recetas efectistas para calmar a los mercados. Son planes que mueren en el corto plazo

Marcelo Batiz

Los efectos de los buenos anuncios cada vez son más efímeros para la convulsionada economía argentina. El canje de deuda anunciado por el gobierno es sólo un caso de "shock de baja intensidad" en la disputa que el Ejecutivo en pleno (sería un error circunscribirla sólo al Ministerio de Economía, que ya va por su tercer titular) mantiene con el mundo de las finanzas. Por el contrario, desde hace un año que se convirtieron en una sucesión que terminó por cansar a muchos.
Si el anuncio del ajuste salarial de mayo del año pasado fue recibido con satisfacción por el mercado en el corto plazo, al poco tiempo hubo que recurrir a la reducción del impuesto a los intereses y a beneficios para empresas del sector informático para mantener las expectativas. Que el anuncio fue insuficiente lo puso de manifiesto el nuevo "shock" del compromiso federal con las provincias, con la pretensión de dar seguridad de que las cuentas fiscales no se desbordarán en los próximos cinco años.
El blindaje financiero del 18 de diciembre del año pasado se presentó como el definitivo lanzamiento al crecimiento "sin riesgos", como rezaba la propaganda oficial que involuntariamente incorporó a la vida cotidiana la palabra de moda en el 2001.
La asunción de Ricardo López Murphy el 5 de marzo tuvo una repercusión favorable inmediata que se desvaneció en cuestión de pocos días, al punto que tras su renuncia el riesgo país se ubicaba por encima del nivel al día de su jura como ministro de Economía.
Con el retorno de Domingo Cavallo al quinto piso del Palacio de Hacienda, los "shocks de baja intensidad" se pusieron a la orden del día: aprobación en tiempo récord de las leyes de competitividad y de delegación de facultades al Ejecutivo, acuerdo con el gobernador Carlos Ruckauf para reducción de gastos en la provincia de Buenos Aires, renegociación de las metas trimestrales de déficit con el FMI y el inminente megacanje, que terminaría de alejar los peligros de una cesación de pagos.
En otro contexto, la seguidilla de anuncios de esa naturaleza sería un aliciente de largo alcance para un gobierno que estuviera decidido a abordar una política económica de crecimiento. En la Argentina del 2001, no. Y no por una empecinada "miopía" de los operadores financieros, unidos en una supuesta confabulación.
Bajo la desesperada carrera oficial de dar "señales" a los mercados, subyace una situación tan grave que transforma en inútiles todos los intentos por disimularla y hasta convierte en escépticos a los habitualmente optimistas. Tal es el caso del ex presidente de la Bolsa de Comercio, Julio Macchi, de quien cuesta encontrar una opinión negativa en los archivos periodísticos.
Macchi tuvo la contundencia de quien conoce el paño del derecho y el revés: "Están dadas todas las condiciones para que los mercados no apoyen a la Argentina", sentenció.
¿Cuáles son esas condiciones? La situación fiscal aparece en primer lugar. Una prueba de la fragilidad de ese frente fue aportada la semana pasada por el Ministerio de Economía, donde se presentó como "positivo" el déficit de 907 millones de pesos de abril, mes en el que se estrenó el impuesto a las cuentas corrientes y que sin esa ayuda hubiera cerrado con un rojo de 1.091 millones.
El anuncio del "positivo" déficit de abril tuvo lugar nueve días después de que Cavallo diera a conocer un recorte del gasto público por un monto similar. Será difícil encontrar una muestra más evidente de la endeblez del ajuste: el déficit de un mes supera en siete millones al recorte del gasto en un año. Por si fuera poco, el rojo acumulado de mayo y junio no podrá superar los 910 millones para no violar la pauta recientemente reprogramada con el FMI.
Los números reflejan que la recesión viene golpeando como nunca en sus tres años de existencia. Ni en los peores momentos posteriores a la devaluación del real en enero de 1999 tuvieron un correlato fiscal tan negativo. La recaudación de marzo del año en curso cayó más del 13% y la de abril el 9,1%, con lo que hay que remontarse hasta cuatro años atrás para encontrar una recaudación mensual tan magra.
La dirigencia política parece haber tomado nota tardíamente del problema y ahora anuncia la decisión no sólo de rebajar los sueldos de funcionarios y legisladores, sino también la cantidad de ambos. Al respecto, el gobernador cordobés, José Manuel de la Sota, convocó a un plebiscito para transformar a la Legislatura provincial en unicameral y reducir a la mitad los cargos electivos.
La propuesta se alinea con la que el economista del Cema, Carlos Rodríguez, difundió por todo el país a través de su correo electrónico. Si se imitara en todos los cargos electivos nacionales, provinciales y municipales del país, el ahorro sería de tal magnitud como para eliminar definitivamente el déficit consolidado.
Si esa decisión se hubiese tomado con el mismo restablecimiento de la democracia, hoy no habría deuda, ni riesgo país, ni impuestos distorsivos, ni excusas para postergar el crecimiento. Tampoco necesidad de recurrir a shocks de baja intensidad.



Daniel Marx es el encargado del megacanje de deuda.
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