Año CXXXIV
 Nº 49.122
Rosario,
domingo  20 de
mayo de 2001
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Recursos humanos
Empleabilidad: el desafío del desarrollo personal

Cristina Mejias (*)

Hace un tiempo, hablando con gente de marketing, me decían: "Si querés sacar un vino fino al mercado, lo primero que tenés que definir es un buen nombre, que realmente signifique algo para la gente. También una etiqueta que haga juego, después un linda botella. Cuando tengas todo eso, después pensá qué ponés adentro". Esta misma metodología de desarrollo de producto puede ser aplicable a nuestro desarrollo personal.
Desde ya, tengo que tener alguna profesión, pero a esta altura ser ingeniero, contador, abogado, creo que es secundario, sí hay que pensar como profesional. Inglés, Internet, computación, etcétera., son hoy requisitos elementales. Y agregaría una buena percepción de la realidad.
La Universidad de Michigan realizó un estudio preguntándole a los números uno de las compañías cuál era el factor que ellos valúan como más importante en sus directivos. La respuesta fue la capacidad de mirar el horizonte a cinco años.
Se habla de flexibilidad, de capacidad para cambiar, etcétera. Cuando tengo todo eso, deberé decidir a qué me tengo que dedicar, que puede significar:
* hacer lo mismo que estoy haciendo,
* hacer lo mismo que estoy haciendo con algunos cambios,
* hacer otra cosa totalmente distinta.
En los EEUU ya hay gente que muestra lo que se augura para este siglo: que un individuo promedio tiene tres carreras distintas a lo largo de su vida.
Finalmente, en este desarrollo personal siempre debo tener un plan B, porque nosotros podemos armar determinado proyecto, pero la realidad nos puede obligar varias veces a cambiar.

Las otras oportunidades
Si analizo las oportunidades de trabajo en mi especialidad, puedo discernir cuáles son locales y cuáles están fuera de mi área de acción o localidad. Cuando digo esto último, estoy diciendo que puede no ser en Buenos Aires sino en La Plata o en Bahía Blanca, o en cualquier lugar del mundo.
Del análisis se desprenden algunas observaciones: \* Si tengo altas posibilidades de trabajo en mi especialidad a nivel local y fuera de mi localidad, estoy en el mejor de los mundos, lo único que tengo que hacer es mantenerme actualizado, pero realmente tengo un trabajo que no creo que me traiga problemas.
* El problema es si me encuentro en un lugar donde son altas mis posibilidades de trabajo en la Argentina pero no en el mundo. Porque se puede tratar de un puesto que esté desapareciendo; en este caso, mi consejo sería mantenerme entre los mejores, vigilar la evolución y estar previendo eventualmente algún tipo de cambio.
* El siguiente sería el caso de que tenga pocas posibilidades en ambos lados, entonces es probable que me encuentre en algún puesto en extinción y, lo más lógico como estrategia, sería desarrollar nuevas competencias y cambiar de tareas. Por ejemplo: el caso de un dibujante técnico, los dibujantes técnicos hoy han sido reemplazados por las computadoras.
* Y el último cuadrante sería: posibilidades bajas en mi lugar, pero altas en otros lugares. Como el caso de un ingeniero textil o automotriz, si esa es mi vocación y no quiero cambiar de carrera, me queda la alternativa de emigrar.
Las empresas contratan gente con competencias y también ayudan a la gente a desarrollar competencias. De alguna manera, los responsables de RR.HH creamos capital intelectual, pero tenemos que tener cuidado de aquello de no criar ranas para un pantano que se va a secar.
Se puede ayudar a que la gente entienda que esto no es un problema que se lo van a solucionar y que se va a resolver más o menos rápido. Pienso que alertar ayuda a pensar, a decir esto no es fácil, a buscar otras alternativas, a cambiar de trabajo. La gente se identifica mucho con su puesto y con el lugar adonde llegó, y a lo mejor la posición que ocupa en este momento ni siquiera tiene el mismo nivel que la anterior ni se relaciona con lo que hacía antes; pero seguramente todavía posee una gran cantidad de competencias que pueden ser aplicables en algún otro sector o trabajo.
En el nuevo milenio la realidad se nos vino encima y no podemos cambiarla fácilmente. La globalización vino para quedarse, la estabilidad laboral ya no existe. Si el mundo no se adapta a mí, yo me tengo que adaptar al mundo. No todos tienen la posibilidad de pensar así, pero creo que nosotros deberíamos hacer reflexionar a la gente y decir: "Si la montaña no viene a mí, yo voy a la montaña". Y en esto adquiere valor la capacidad de aprender.
(*) Socióloga, consultora de empresas



Hoy se exigen nuevas competencias profesionales.
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