Año CXXXIV
 Nº 49.122
Rosario,
domingo  20 de
mayo de 2001
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El folclore del fútbol. Jugadores hábiles, ¿jugadores sin garra?
El eterno mito del pecho frío

Gustavo Yarroch

El campeonato metropolitano 1986/1987 ganado por Central y donde Newell's salió segundo a sólo un punto quedó en la recuerdo de los rosarinos no sólo por razones estrictamente deportivas. En el último partido de ese torneo donde Newell's jugó en su cancha contra Deportivo Italiano los hinchas leprosos descargaron su bronca contra el entrenador Jorge Solari. Y, éste, enojado por las muestras de descontento, descargó una frase llamada a hacer historia. "Nos faltó el apoyo de los hinchas, que son unos pechofríos", disparó el Indio, institucionalizando un término (pechofrío) que merodeaba sin rumbo fijo en ciertos confines de tablón. Siempre atenta, la hinchada de Central recogió el guante y bautizó al enemigo con un apodo que promete valer para todo el viaje. De hecho, recientemente decretaron al 2 de mayo como el "Día del Pechofrío".
A decir verdad, pechofrío es una palabra futbolera de larga data. Pero fue en la última década cuando encontró su lugar definitivo en la pirotecnia verbal de la tribuna, desplazando a adjetivos como amargo y apático, que marcaron toda una época.
Según el hincha, un jugador pechofrío es, más o menos, quien responde a estas características:
* Cuando parece que le da lo mismo ganar o perder.
* Cuando tiene que aparecer en clásicos y finales y termina brillando por su ausencia.
* El que le escapa a los roces y es incapaz de tirarse al piso para recuperar una pelota.
* El que se borra en las paradas difíciles.
* El que es lagunero, y alterna partidos brillantes con otros intrascendentes.
* El que se destaca en los equipos chicos y decepciona en los grandes.
* El que, si llega a la selección, no supera un nivel mediocre.
El hincha no suele reparar en rigores semánticos para definir categorías.
Así, parece dar lo mismo un pechofrío que un temeroso o cagón, según define la jerga tribunera a quienes arrugan cuando las papas queman. Una certeza: al mote lo sufren exclusivamente los talentosos. Los correcaminos o picapiedras, en cambio, están inmunizados definitivamente del molesto sambenito.
El volante Rubén Capria, abonado a las gastadas de los rivales, despotrica contra el adjetivo, agresivo si los hay para los oídos de cualquier futbolista. "Lo de pechofrío es una boludez más grande que un rancho. Es algo que me rompe mucho, porque el que dice que sos un pechofrío, está diciendo que sos un cagón", exclama el Mago, mientras espera conseguir club.
Capria asevera que "los verdaderos huevos se demuestran cuando pedís la pelota en un partido difícil, en el que estás perdiendo o jugando mal, y tenés que ir al frente".
En diálogo con Ovacion, Capria se defiende de quienes lo acusaron de pechofrío en sus pasos por Estudiantes de La Plata, Racing, el fútbol mexicano y Lanús. "Cuando tuve que tirar penales, fui y los tiré. Pude haber errado alguno, pero iba y me hacía cargo. Cuando los partidos venían mal, agarraba siempre la pelota. Pero no le podés pedir a la gente que analice un partido como nosotros, porque ellos lo ven más con la pasión".
José Sanfilippo, conocido por sus épocas de goleador implacable en San Lorenzo como por sus incendiarias apariciones televisivas, recuerda que cuando "era pibe, ya se hablaba de los pechofríos, de los que estaban y no estaban dentro de la cancha". Y dice que lo mejor es dividir las aguas y no confundir a la gente.
"El que no pone la piernita, es cagón, no es pechofrío", asegura. A la hora de dar nombres, Sanfilippo prefiere poner el acento en dos extranjeros que ya no juegan en el país: John Jairo Tréllez, el colombiano que pasó por Boca, y Paulo Silas, el brasileño que supo destacarse en San Lorenzo. Ellos, asegura, "se borraban".
Blas Giunta, paradigma de la cultura del huevo, huevo, huevo, sorprende al salir en defensa de los jugadores que poseen un estilo diametralmente opuesto al que él solía pasear por la Bombonera. "Para mí, ellos tienen otras virtudes dentro de la cancha. No creo que debamos ser todos jugadores del mismo tipo y con las mismas características. Creo que debe haber un equilibrio, porque si todos los jugadores se matan y son calentones, tampoco sirve", sostiene.
Acaso tocado de cerca por el mote, Néstor Gorosito, hoy en la Universidad Católica de Chile, defiende su quintita con un discurso cuanto menos liviano. "En la Argentina siempre se idolatró a los habilidosos, nunca a los que pegaban patadas. Para mí, el pechofrío no existe. Es una idea que no entiendo, que no sé quién la inventó", afirma Pipo.



Para Capria, "los huevos" se ven en los partidos difíciles.
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