Año CXXXIV
 Nº 49.122
Rosario,
domingo  20 de
mayo de 2001
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Quilmes y Banfield definen el ascenso a primera
Al Taladro le basta con igualar. Si pierde por la mínima diferencia subirá el cervecero

Quilmes y Banfield volverán a estar hoy cara a cara en la segunda final por el título de campeón de la Primera B Nacional y el ascenso directo a la máxima categoría del fútbol argentino, con la particularidad de que en este partido, más que nunca, un gol puede ser la diferencia entre el cielo y el infierno para cualquiera de los dos equipos.
A esta final, que se jugará en el inusual horario de las 11 con el internacional Horacio Elizondo como árbitro, Banfield llega con la ventaja de haber ganado en el partido de ida jugado el último sábado(2-1) y ascender con el empate, pero en caso de perder, aunque sea por la mínima diferencia, Quilmes se quedaría con todo por tener mayor coeficiente (1,083 contra 2,042).
El partido debía jugarse ayer a las 15.20, pero el Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires y la policía argumentaron que no podían realizar el operativo de seguridad porque al lado del moderno estadio Centenario, en el estadio Nacional, se está desarrollando el Mundial juvenil de hockey femenino sobre césped y querían evitarse cualquier tipo de cruces entre ambos grupos de espectadores.
El sábado pasado, al finalizar la primera final, a Banfield le quedó un sabor agridulce a pesar de haberse alzado con una merecida victoria.
A los 26 minutos de la etapa inicial se colocó 2-0, superando a Quilmes en todos los sectores del terreno de juego, y en el ambiente flotaba la sensación de que el local podría liquidar el ascenso en casa obteniendo una contundente diferencia de goles. Pero la insatisfacción pronto se adueño de los hinchas del Taladro.
Quilmes descontó con el gol de Fernando Clementz (que no jugará esta mañana por haber llegado al límite de amonestaciones) y la final quedó abierta y con la concreta posibilidad de que el coeficiente pueda transformarse en el arbitro del ascenso a la máxima categoría.

Sin lugar para especular
Claro está, Quilmes deberá ganar y Banfield puede llegar a moverse en el terreno que mejor maneja, el del contraataque, postura que le agrada a la mayoría de los equipos del fútbol argentino de estos tiempos.
El Garrafa José Luis Sánchez (estuvo engripado durante la semana) fue la gran figura enel partido del sábado pasado y Quilmes deberá extremarse para limitarle los espacios al talentoso zurdo banfieleño.
Banfield (22 cotejos invicto y verdugo de Instituto en semifinales) dejó mejor imagen en el primer tiempo de 90 minutos, fue contundente, ordenado y contó con una notable cuota de sacrifico en Rubén Forestello y Carlos Leeb, figuras junto al Garrafa Sánchez.
No obstante, en Quilmes regresa al equipo el zaguero Fabio Schiavi (se repuso de un desgarro e ingresará por Clementz) y con el equipo dirigido por Héctor Rivoira recupera un valuarte en la defensa y un referente en cuanto al temperamento.
En el equipo que conduce Héctor Rivoira existe una duda ya que no jugaría el marcador lateral derecho Lautaro Trullet (padece una lesión muscular) e ingresaría por él Luciano Mazzina; en tanto que en Banfield jugarán los mismos 11 que la semana pasada.
¿Pesarán en Quilmes las sombras de las tres finales perdidas en la pasada temporada y que caló muy hiondo en el sentimiento de todos los cerveceros? Según Rivoira no, porque "de ese plantel sólo quedan seis jugadores", pero los hinchas no cambiaron de equipo y son los mismos que lloraron aquellas tres frustraciones, por lo tanto si la diferencia no se concreta se harán sentir.
Quedan 90 minutos, a cara o cruz. Pasadas las 13 de hoy una multitud festejará el ascenso y la otra penará por una frustrada ilusión. No habrá lugar para la alegría de los dos. Aunque a uno de los dos todavía le quede una oportunidad más ante Chicago, en una de las semifinales del reducido. Así y todo no será lo mismo.



Banfield y Quilmes juegan al todo o nada para subir.
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