Año CXXXIV
 Nº 49.122
Rosario,
domingo  20 de
mayo de 2001
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El actor llega el jueves con su show "Pericón.com.ar" y se queda cuatro días en El Círculo
Enrique Pinti: "Los pueblos muy pobres saben reírse"
El monologuista propone una nueva radiografía de los rasgos más salientes de la sociedad argentina

Marcelo Menichetti

Enrique Pinti, uno de los artistas clásicos del humor argentino, retorna a Rosario para presentar cuatro funciones de su espectáculo "Pericón. com.ar", desde el jueves próximo, a las 21, con funciones continuas hasta el domingo en el teatro El Círculo, Laprida y Mendoza.
El verborrágico humorista funciona como una especie de espejo deformante que devuelve distorsionados hasta la exageración los peores defectos de la sociedad argentina. Heredero de la mejor tradición del café concert, Pinti supo agregarle valor a sus shows rodeándose de un gran elenco de actores y bailarines que aporta una importante cuota de color a sus densos monólogos que son las radiografías menos complacientes de la sociedad argentina.
En un paréntesis establecido en su cerrada agenda laboral, el capocómico dialogó con Escenario y admitió: "Estoy tapado de laburo. Más que un privilegiado me siento el rey de la Creación". En un momento en que la sociedad argentina -como casi siempre- se debate en una nueva crisis, la realidad política, que es la "piece de resistance" del bufo le da ingentes cantidades de tela para cortar. Los dislates de la clase dirigente argentina siempre fueron la veta que mejor explotó el cómico, faceta que abona con otros tópicos que muestran los principales tics de la tilinguería nacional.
-¿Pudo sobrevivir a pesar de que Menem dejó el gobierno?
Ni hablar. A veces me preguntan que haría si viviera en Suiza. La cosa me llena de satisfacción porque lo consideran a uno como un referente para la radiografía política de la realidad. Por otro lado me limitan mucho como artista, porque creen que uno depende únicamente del mal gobierno para poder existir o tener un poder de mínima convocatoria. Pero es uno de los precios que hay que pagar por haberse especializado en los últimos 20 o 25 años en una determinado tipo de teatro. Parecería que si uno no tiene eso no tiene nada.
-Usted hace reír a la gente mostrando algunos costados ridículos y hasta patéticos de nuestra realidad, ¿pensó alguna vez que la realidad misma sería el material de programas televisivos?
-Viajo, gracias a Dios y al público que me ha dado el dinero para hacerlo, y me voy dando cuenta de lo que se va a usar acá con un poco de anticipación, entonces vengo como preparado. Si yo no viajara y de repente un día en la televisión aparecen "Gran Hermano" y "Expedición Robinson", todo junto, yo creo que no lo podría superar. Cuando vi los primeros talk show que salían por cable norteamericano con una gorda de 120 kilos que estaba de novia con otra gorda de 140 kilos y una la había abandonado a la otra por un fisicoculturista de 22 años, entonces las dos gordas lesbianas se agarraban a trompadas con el tipo en el medio y se tiraban los pavos y la comida por la cabeza y después resbalaban en el clericó y caían al piso, yo dije: "Esto en cualquier momento viene a la Argentina", y un año después salió Mauro Viale (risas). No los veo. Al principio caí dos o tres veces porque dije: "¿Qué mierda es esto? ¿Estoy loco?" Después me acordé qué era. Yo tengo un canal que me da la posibilidad de ver la puerta de calle. Prefiero eso: ver quién entra y quién sale. Lo único malo es que es en blanco y negro (risas).
-Existe una alta dosis de voyeurismo entre quienes miran vidas ajenas por TV, ¿cree que somos parte de un juego de cajas chinas y alguien más se reirá mirando un reality show que muestra a los argentinos mirando vidas ajenas por televisión?
-Habría que pensarlo porque algún signo de inteligencia tiene que quedar en el mundo todavía. Alguien tiene que estar por encima nuestro riéndose de lo que nosotros nos reímos porque si no sería muy triste.
-La juventud de los 60, idealista y un tanto ingenua, fue muy distinta a la de fin de siglo ¿Las generaciones más jóvenes entienden su código de humor?
-Mirá, por lo que ellos me dicen sí. Pero me lo dicen los que vienen al teatro. Recibo saludos por la calle de adolescentes y de jóvenes que no me han venido a ver a teatro pero los padres han alquilado los videos y se quedan fascinados por la velocidad con que hablo, por el lenguaje fuerte, por las puteadas. Una gran parte me dice: "Usted canta la justa, usted dice la verdad". Me creen, en una palabra. Creo que la juventud de hoy tiene valores muy positivos. Además de la apatía que tiene una parte, no toda la juventud, hay otra parte que está totalmente idiota. Pero en la década del 60 una porción de la juventud también estaba totalmente idiota, estaban dale que dale con Palito Ortega y el Club del Clan, bailaban el twist y si les hablabas de algún problema social te lo negaban. Ahora, hasta el más boludo, desconectado, forro, pelotudo, colgado, con una pizza de jamón y morrones en la cabeza, aún el más tarado te dice: "No, si se caga de hambre la gente". En cambio en el año 59, 60 y 61, cuando yo les hablaba a mis amigos de las villas miserias me decían: "Acá come todo el mundo". Lo que sí, la juventud despierta de aquella época era mucho más comprometida que ahora, porque tenían con qué comprometerse. Hoy en cambio, aunque los chicos tengan sensibilidad y tengan apertura mental, dicen: "¿Con quién me voy a identificar?".
-Algunos se identifican con las embajadas y piden el pasaporte para emigrar.
-Exacto, porque quieren rajar de acá.
-¿Alguna vez pensó que el buen humor era algo inútil en la Argentina?
-Ah, no. Siempre siempre lo defendí porque, entre cagarse de hambre a secas y cagarse de hambre con gracia es mejor hacerlo con gracia. Esto, los pueblos pobres, pobres de antes, lo saben. El napolitano es un pueblo paupérrimo de siglos; el brasilero lo es de siglos y el cubano, lo es también desde siglos y sigue siendo, por bloqueo o por lo que quieras, cagado de hambre. Los pueblos muy pobres saben reirse y la alegría que tiene esa gente es llamativa.
-A usted se lo conoce por su trabajo humorístico fundamentalmente, pero hace otras cosas también. ¿Sigue cultivando esa faceta artística dramática?
-Siempre pido que me llamen. Vengo pidiendo que me llamen de "Tiempo final" y lo hice el año pasado. Por todos los medios habidos y por haber: desde la Capital, la provincia y el exterior le vengo pidiendo a Suar que me incluya en alguna miniserie con resultado negativo.
¿Cuáles fueron sus últimos trabajos dramáticos?
-Con María Victoria Menis el año pasado hicimos "Arregui, las noticias del día", que estrenará el 2 de agosto con Carmen Maura, que vino especialmente de España a filmar su parte. Arregui es pobre hombre al que la familia se le viene encima, lo caga a gritos su mujer y no puede con sus 35 años en tribunales donde traga polvo, frustración y bronca. Un día, piensa que se va a morir, y tira todo por la borda. Arregui es un personaje dulce, encantador, patético, grotesco, muy caído y apagado, todo lo contrario a lo que soy yo. Y todo lo contrario a lo que terminé de hacer con Aníbal Di Salvo que fue la versión cinematográfica de "Chúmbale", la obra de Oscar Viale, donde soy un padre castrador, estúpido. Un grotesco argentino que filmé junto a Marcelo Mazzarello y María Rosa Fugazot en la parte interpretativa. Son dos cosas distintas a lo que hago habitualmente y distintas entre sí.
-¿Tuvo frustraciones en ese terreno?
-Lamentablemente Robert Duvall me tomó una prueba en un casting para la película que está filmando en Buenos Aires y el primero lo pasé hablando en inglés, fantástico. El segundo lo hice con él directamente y quedó fascinado, pero no me llamó. Llamó a otro actor argentino radicado en Los Angeles y me cagaron el papel. Iba a hacer un gangster una escena sola pero con Robert Duvall. Es una de las frustraciones más grandes de mi vida que no me hayan llamado, sobre todo después de haber pasado los dos castings. Yo decía: "No me van a entender el inglés, me van a tirar un pedo". Pero dijeron que el inglés estaba bien.
-¿Qué hay por delante?
-Tengo la posibilidad de hacer una escena breve en la película de Eugenio Zanetti que se va a filmar a partir de agosto. Se va a llamar "El árbol en llamas" y van a actuar Anthony Quinn y todavía no tiene los otros actores norteamericanos que van a venir. Tengo que hacer un obispo muy truculento.
¿Se considera un privilegiado?
-Ni hablar. No puedo ir a los lugares donde actúo un día antes porque estoy tapado de laburo. Más que privilegiado soy un rey de la creación. Con Magdalena Ruiz Guiñazú estoy haciendo un micro a la mañana por radio, más el teatro, más el libro que estoy escribiendo y que se publica a fin de año. Los libros míos, tanto "Del Cabildo al shopping", "Pinti delivery", "Sostiene Pinti" o "Los argentinos de la A a la Z" son best sellers y me los renuevan cada año y encima me va bien en el teatro, estoy haciendo una gira de la puta madre.
-Es como para que alguien le pregunte: "¿Y vos, de qué te quejás?".
-"Gordito,a vos te va bien..." (risas) Esto se lo aclaro a la gente cuando me quejo en el teatro porque me quejo por lo que le pasa a mi hermano, a mi primo, a mi prima, a mi sobrino, a toda la gente que se quiere ir del país. Pero a mí me va muy bien.



El nuevo show de Pinti tiene referencias de "Salsa criolla".
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