Año CXXXIV
 Nº 49.118
Rosario,
miércoles  16 de
mayo de 2001
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Futuro imperfecto
Central sigue en la Copa
Los canallas clasificaron pero sufrieron por errores inconcebibles

Sergio Faletto

El Central del juego imprevisible sumó anoche una característica más que alarmante: la falta de inteligencia. Porque cuando se confunde capacidad con soberbia, el error se convierte en grosería y la ventaja evidente se transforma en igualdad probable. Tan probable como real. Como lo fue el gol del empate que convirtió Tagliani y puso en crisis de pánico a todo el Gigante de Arroyito. Pero la conquista del equipo chileno no fue casualidad. Tuvo sus causas. Y todas fueron canallas. Porque cuando la diferencia está asegurada lo lógico es elegir el camino del transcurrir en el tiempo reglamentario con la consigna de no condicionar el mañana. Es decir evitar roces para no lamentar lesiones y expulsiones. Sin embargo, el Central de las contradicciones no pensó y quedó expuesto a las heridas vanas. Y Carlos Amarilla, un árbitro con los antecedentes suficientes para tomar recaudos, sacó a relucir su injusta rigidez y en el revoleo de tarjetas se fueron Baldivieso y Cornejo en Cobreloa, pero también Cuberas y Lequi. Innecesario costo. Elevado.
Las dos sensibles bajas sufridas en el complemento originaron en el público la lógica sensación de debilidad para afrontar lo que viene, y los hinchas dimensionaron en el acto la magnitud del error. Porque Cuberas comete una infracción desde atrás que era evitable, por el resultado favorable merced al gol convertido por De Bruno en la primera etapa. Y la del pibe Lequi ya rozó la ingenuidad cuando al ser expulsado Cornejo se mete en el tumulto y se deja llevar al vestuario por la estrategia trasandina.
Vale aclarar también que mucho tuvo que ver en todo este dislate el empecinamiento de Ezequiel González por gambetear en espacios reducidos, lo que provocó el origen de la violencia chilena sustentada en la impotencia. Pero la experiencia no viene ligada a la habilidad, sino a los años, y el Equi, el gran hacedor de esta clasificación, todavía tiene que crecer.
Por eso quizás Bauza debió hacer un llamado de atención en tiempo y forma, sin embargo la decisión llegó tarde. Aunque el plantel y el cuerpo técnico disponen del plazo necesario para redimirse y remediar, y así seguir disfrutando de la participación en la Copa Libertadores.
Porque a pesar de los yerros cometidos, Central está entre los ocho mejores equipos de América, y esto es un logro indiscutible, y que ya esté clasificado para los cuartos de final tampoco es casualidad.
Los auriazules iniciaron anoche un partido con poca claridad, pero la diferencia de jerarquía se hizo ostensible en algunos momentos, cuando las individualidades se asociaron en torno a lo que genera Ezequiel González, y es conocido que cuando el volante se enciende ilumina a todo Central. Como en el minuto 37, cuando con un taquito mágico habilitó a Lequi para que la jugada continúe en un centro pasado que Pizzi bajó de cabeza al corazón del área y De Bruno empujó a la red.
Ese fue el momento cuando el pueblo canalla gozó. Pero después sufrió. Y al final sintió alivio. Sensación que se volverá a alterar cuando tenga la satisfacción de jugar la otra fase.



La roja para Cuberas. Central pasó, pero sufrió tres expulsiones.
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