Año CXXXIV
 Nº 49.104
Rosario,
miércoles  02 de
mayo de 2001
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El protagonismo de los jóvenes y la educación en valores
Pérez Esquivel: "Se han globalizado la marginalidad de los pobres y la exclusión social "
Para el premio Nobel la educación debe generar conciencia crítica

Patricia Martino

"La globalización ha globalizado la pobreza, la exclusión social y la marginalidad de los pobres", sostuvo el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel en diálogo con La Capital. Además, durante un recorrido por la "Aldea niños para la paz" (ver aparte), centro de formación para jóvenes que tienen entre 13 y 20 años y que preside, el incansable defensor de los derechos humanos expresó su profunda preocupación por la falta de participación de los jóvenes.
-Son muchos los estamentos que piensan que en la Argentina se asiste a una suerte de globalización ideológica, motorizada por la globalización económica. En ese marco, y según la mayor interacción de las naciones, ¿tiene sentido pensar en rescatar la cultura argentina y latinoamericana?
-Es cierto, se ha globalizado la economía, una economía donde todo tiene precio pero nada tiene valor, pero eso no se puede tomar como base para la vida de los pueblos. La globalización nos está llevando al pensamiento único. Esta es prácticamente la dictadura del mercado donde no hay ciudadanos, sino consumidores, donde no hay personas sino una masa. Hay una diferencia importante entre lo que es el pensamiento único y lo que debe ser un pensamiento multicultural.
-¿Cuál debería ser ese pensamiento multicultural?
-Podríamos hablar de una mundialización, que tiene que ver con la cultura, la educación, el desarrollo, el entendimiento y el conocimiento entre los pueblos. Esto lo tenemos que diferenciar claramente. Esta globalización ha globalizado la pobreza, la exclusión social y la marginalidad de los pobres. Tenemos que tener un pensamiento propio, integración como pueblo, desarrollo cultural y otra visión del ser humano.
-¿Cuál es el rol que deberían asumir los jóvenes que están interesados en modificar ese estado de cosas?
-Deben dejar de ser espectadores y asumirse como protagonistas y constructores de su propia vida y su propia historia a través de la participación, la conciencia crítica y el rescate de valores. Saber diferenciar toda esta cosa malsana que hoy nos vende Gran Hermano o El Bar, donde prácticamente parecen idiotizados y no hay valores. Tienen que tener verdadera conciencia crítica para diferenciar los verdaderos valores de los antivalores, no pueden ser espectadores, deben ser protagonistas. Ese es el crecimiento para ser persona, a partir de ello van a descubrir el sentido de la vida; de lo contrario siempre serán dependientes y nunca ellos mismos.
-¿En qué aspectos debe hacer más hincapié la educación?
-Hay que hacer hincapié para generar una conciencia de hombres y mujeres que trabajen para la libertad, una conciencia crítica para poder reconocer en el otro un igual. Muchas veces, cuando los economistas hablan de desarrollo suman y restan, pero una de las grandes inversiones que debe tener un país es en educación, en el desarrollo cultural y educativo. Ese es el crecimiento fundamental de los valores de un pueblo.
-¿Hay diferencias de oportunidades entre el interior y Buenos Aires?
-Sí, aunque pienso que el interior tiene una gran potencialidad que tiene que desarrollar. Lamentablemente para Buenos Aires es como si el resto del país no existiese, mira más si sucede algo en Estados Unidos que en su propio continente. Eso es una pérdida de identidad. Tenemos que recuperar la fuerza, la energía de nuestra identidad, la capacidad de ser pueblo. Ser pueblo no significa juntar gente, es tener una espiritualidad, una cultura, necesidades comunes para poder desarrollarnos como sociedad. Pero hoy muchas de estas cosas están desapareciendo con esta masificación y globalización. Hoy tenemos el desafío de comprendernos, porque no podemos dar solidaridad si no comenzamos por uno mismo, por nuestro grupo más cercano. La solidaridad es una de las grandes conquistas de los pueblos, nos permite convivir en la diferencia y respetarnos unos a otros.



Pérez Esquivel junto con los rosarinos que visitaron la aldea.
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