Año CXXXIV
 Nº 49.088
Rosario,
domingo  15 de
abril de 2001
Min 15º
Máx 25º
 
La Ciudad
La Región
Política
Economía
Opinión
El País
Sociedad
El Mundo
Policiales
Escenario
Ovación
Suplementos
Servicios
Archivo
La Empresa
Portada


Desarrollado por Soluciones Punto Com






Santiago de Compostela: En el camino de la fe

Marcela Isaías

Nueve millones de peregrinos visitan al año Santiago de Compostela, la capital de la cultura de Europa o El País de los Mil Ríos, tal como suele llamarse a esta ciudad ubicada en Galicia, al noroeste de España. La peregrinación comenzó en los albores del siglo IX cuando fueron descubiertos en el lugar los restos del apóstol Santiago, momento en que empezaron a llegar cientos de personas al lugar del hallazgo, y hecho que al mismo tiempo dio origen a la ciudad de Santiago de Compostela.
A esta región de clima húmedo y templado, de grandes extensiones de espacios verdes, caminos sinuosos y pequeños bosques, se llega por cualquiera de las vías de transporte más conocidas. El viaje en tren o micro desde Madrid es incomparable. Son ocho horas reconociendo el bello paisaje de Galicia, repleto de pequeñas aldeas, puentes, campos, montañas y donde también, ya cerca a La Coruña (a 60 kilómetros de Compostela), se divisa el mar.
Una de las primeras cualidades que se aprecia al llegar a Santiago es encontrar una ciudad ecléctica, con calles de trazado medieval conviviendo con avenidas de densa circulación, donde grandiosas construcciones y monumentos se levantan junto a la arquitectura más moderna. Aquí la visita indiscutida es a la famosa catedral levantada para guardar los restos del apóstol, de enorme superficie y donde su fachada, con predominio del barroco, reúne elementos de diversas épocas artísticas; en tanto que dos torres de unos 70 metros de altura, denominadas de las campanas, cierran el frente del templo. Entre los museos de Santiago, el de su catedral es uno de los favoritos por los tesoros arqueológicos y artísticos que encierra.
Los miles de peregrinos que han pasado por Compostela y visitan la tumba del apóstol Santiago han dejado su testimonio con la marca de sus manos (la que se profundiza con los años), al apoyarla sobre mármol donde se levanta el Pórtico de la Gloria, entrada interior a la catedral construido en el 1166. Es común ver aquí una larga cola de peregrinos esperando para golpear su frente ante el Santo dos Croques (Santo de los Golpes), tal como se llama al autor del pórtico: el Maestro Mateo. Lo hacen deseando contagiarse la inteligencia de éste.
En Año Santo, cuando la festividad del apóstol (el 25 de julio) recae en domingo, quienes cumplan con los requisitos de visitar la catedral de Santiago, la tumba del apóstol y rezar alguna oración por las intenciones del Papa habrá obtenido la concesión del Jubileo, es decir la indulgencia plenaria. En fechas como estas o aquellas cercanas al 25 de julio, también los días de Semana Santa y domingos de Pascuas, en que se multiplican las visitas a la catedral, puede apreciarse el famoso botafumeiro, que "vuela" sobre los peregrinos inundando de incienso el lugar.
Se trata de un incensario de unos 50 kilos que comenzó a usarse en el siglo XIII para neutralizar los malos olores ocasionados por los cientos de peregrinos que visitaban la catedral. Para moverlo por la nave central se requiere la ayuda de un buen número de "tiraboleiros".
Siglos atrás, a los peregrinos que viajaban a Santiago se los reconocía por tres elementos que con el tiempo se convirtieron en símbolos distintivos: el zurrón o morral, el bordón o bastón y la calabaza para almacenar el vino. En la actualidad no todos peregrinan con estos elementos, sin embargo ya en la ciudad de Compostela los tres símbolos se venden (ahora como recuerdos) en los puestos ubicados en cercanías de la catedral.

Más para recorrer
Además de la catedral, en la Plaza del Obradoiro se ubican el Hostal de los Reyes Católicos, un hotel de lujo fundado en el siglo XV por esos monarcas para recibir a los peregrinos jacobeos y que en la actualidad los turistas no huéspedes también pueden visitar; el Palacio de Rajoy, construido por orden del arzobispo del mismo nombre en el siglo XVIII. En otro lado de la plaza se levanta el Rectorado de la famosa Universidad de Santiago de Compostela, de más de 500 años de existencia.
Pero si algo caracteriza a Santiago es la mezcla de peregrinos de todas las latitudes, en su mayoría jóvenes que llegan con sus mochilas al hombro y a los que se los puede ver principalmente en la Plaza del Obradoiro, de las Platerías, de la Azabechería, por nombrar uno de los tantos sitios de encuentro. Es aquí donde todas las lenguas y razas crean un particular paisaje cultural casi único y donde cualquier hora es buena para escuchar un concierto de música del Medioevo, rock, latina o clásica, sentado en las escalinatas de una de las plazas del casco histórico de Santiago.
Desde que en el año 829 la noticia de que el obispo Teodomiro, guiado por un pastor de nombre Pelayo, había descubierto la tumba del apóstol Santiago y se difundió por la comunidad cristiana de Europa, la ciudad de Compostela se transformó en la meta de las peregrinaciones, forjando de esta manera lo que se conoce como la ruta de la cultura europea. Justamente, el patrimonio artístico y cultural construido a lo largo de los siglos le valió que la Unesco lo declarara patrimonio cultural de la humanidad.

Comidas a la galega
Al salir de la Plaza del Obradoiro se ubica la Rúa do Franco, famosa por la cantidad de bares y restaurantes típicos donde el plato preferido varía entre lacón con grelos, almejas a la marinera, merluza a la gallega, filloas rellenas, empanadas de vieiras, langostas o el exquisito pulpo a la gallega. También es una buena oportunidad para probar la tarta de Santiago, a base almendras. Las comidas y bebidas en bares y restaurantes, y en general de los hogares galegos, suelen ser demasiado abundantes y condimentadas sin retaceos de especies, tal vez esa sea una de las razones por las cuales en el horario de la siesta los negocios permanezcan cerrados.
A la Rúa do Franco también se unen la Rúa do Vilar y la Rúa da Raiña, ideales para ir de tapas (raciones), que varían entre las de pulpo, calamares, langostinos, chipirones, servidos en las barras de los comedores.
Otra de las calles inevitables de transitar es la de San Francisco, que se inicia en la iglesia y convento del mismo nombre y desemboca en la Plaza del Obradoiro, característica por estar rodeada de antiguos edificios.
Todos los que deciden peregrinar hasta la tumba de Santiago apóstol inician de una u otra manera uno de los caminos a Santiago, diseñando en el imaginario un itinerario posible que comienza en el mismo sitio de la partida y concluye en el lugar de encuentro común: el sepulcro apostólico. Ese mismo trayecto construye historias, alimenta creencias, renueva ideas en cada uno de los peregrinos que llega a Santiago de Compostela.



Bailes tradicionales en la Plaza de las Platerías.
Ampliar Foto
Notas relacionadas
La torre de Berenguela
Datos útiles
Diario La Capital todos los derechos reservados