Año CXXXIV
 Nº 49.088
Rosario,
domingo  15 de
abril de 2001
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La pintura que se hace en Rosario

Rubén de la Colina

No sé si es una deformación que he sufrido a través del tiempo que cada vez me gusta más lo que se hace en Rosario. Las veces que voy a Buenos Aires y visito las muestras que se están haciendo no veo el carácter tan específico que tienen estas obras. Las muestras que se hacen aquí, en general, tienen una atracción especial. Voy a hacer nombres: la muestra que ha hecho Elizalde, la muestra que ha hecho Ballesteros en El Círculo, la muestra que ha hecho Moretti en el Rivadavia.
Esas muestras, para mi, tienen un atractivo especial que no conecto cuando voy por Buenos Aires viendo las galerías. Parecería como que acá en Rosario hay una pintura que se hace casi desgarrada, no por compromiso, no para agasajar a la moda sino que en general se hace sintiendo hondamente eso que está vigente todavía entre nosotros que es el sabor a esa realización pictórica, ese gusto por el manejo de la materia, del armado de la obra, de la decisión optativa sobre el color. Todos esos elementos juegan para que se exprese un pintor y acá se hace con una veracidad, con una honestidad, con una limpieza de intención que muchas veces no lo encuentro en Buenos Aires.
De manera que puedo decir que casi soy un fanático de la pintura de Rosario. Posiblemente porque he admirado mucho a lo que ha sido Alfredo Guido, lo que ha sido Manuel Musto, lo que ha sido Augusto Schiavoni. Son maestros que no los puedo comparar con lo que se estaba haciendo en esa época en Buenos Aires. Pienso que también existe la pintura mala en Rosario, existe también la aventura estéril que muchas veces termina nada más que en eso, en una intención de asaltar, tomar por asalto. No estoy de acuerdo con la improvisación, no estoy de acuerdo que se hagan convocatorias de 500, 600 artistas rosarinos, porque pienso que esas convocatorias conducen a que se destruya un poco la formación del artista.
Siempre he pensado qué distintas son las áreas que corresponden a cada hecho artístico, cuál es la razón por la cual es tan difícil la trayectoria de un pintor comparada con la de un músico. El músico generalmente a los 4 años ya toca piano, está componiendo, está haciendo una sinfonía. Estoy exagerando, pero se dan casos así: Mozart, Schubert, que empiezan a trabajar desde muy chicos, Bach, en cuya producción no hay diferencia entre las primeras y las últimas obras. En los pintores hay tanta diferencia entre una obra juvenil que nos hace casi sonreír por la ingenuidad del planteo y las obras de madurez. ¿Qué quiere decir esto? Que la formación del pintor es muy lenta. Con los poetas ocurre exactamente lo mismo; no es lo mismo, inclusive, el pudor que tienen los escritores de mostrar sus obras juveniles, generalmente son ocultas o destruidas.
Creo que en la gente que resolvió pintar hoy y mandar un cuadro a un salón para que se exponga hay un problema de seriedad. Debe haber una responsabilidad de carácter profesional, aunque esté en decadencia todo lo que sea afirmar en el tiempo algo, porque está mucho más actualizado lo transitorio, lo que no tiene perspectiva de permanencia. Aún así pienso que la formación del artista tiene que ser muy lenta, que tiene que ser poco a poco ganada, y en el buen sentido de la palabra. No ganada por piratería, la cual está al alcance de todo el mundo. La delincuencia también, pero existe otro camino válido. No por la proliferación de piratas y delincuentes vamos a declinar nuestra intención de hacer las cosas de la mejor manera.
Yo pienso siempre que Rosario se ha caracterizado en su pintura, por lo menos, en dar a la gente, al destinatario, lo mejor que se pueda. Tenemos los ejemplos de Musto: sus pinturas, después de 70 años, están perfectas, mientras hay otros pintores cuya pintura está craqueleada, se ha cuarteado, se ha destruido. Hay que estar remendando los cuadros, transformándose en un problema de honestidad profesional.
Brindar lo mejor que uno pueda es hacer una pintura que tenga la garantía de lo perdurable, y si no puede improvisarse en la materia, tampoco se lo debe hacer en las ideas. Las ideas tienen que madurar.

(testimonio obtenido por Edgardo Donoso)



De la Colina en su casa, con su obra.
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