Año CXXXIV
 Nº 49.018
Rosario,
domingo  04 de
febrero de 2001
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La comunidad religiosa muestra profundos conflictos entre sus jóvenes
Una colonia menonita mexicana es duramente golpeada por las drogas

Julie Watson

Cada noche, las familias menonitas de los llanos del norte de México se reúnen en torno de la radio en sus austeras casas de adobe y sintonizan el programa radial de Blanca Peters.
En una mezcla de español y un dialecto alemán, la periodista da un panorama de la comunidad menonita en la zona, desde la altura que ha alcanzado el maíz hasta la lista de enfermos y recién nacidos.
Pero un fin de semana reciente, Peters omitió un suceso notable: la incursión policial en dos hogares menonitas con la incautación de droga crack y una pistola calibre 9 milímetros que estremeció a esta colectividad conservadora, aquejada ahora por el narcotráfico y la drogadicción. Seis menonitas fueron detenidos.
"Los comentarios en la comunidad nos dan la certeza de que hay muchas más casas donde se fuma crack", dijo el jefe de policía de Cuauhtémoc, Enrique Villagrán. "Sus dirigentes están muy preocupados, dadas sus tradiciones, costumbres y estilo de vida altamente religioso y moral".

El primer éxodo
Unos nueve mil menonitas se desplazaron de Canadá a las desoladas llanuras de Chihuahua en 1922 para conservar un modo de vida arraigado en la agricultura y en el respeto por la familia, Dios y las tradiciones. México fue la última escala de un largo viaje desde Alemania, pasando por Rusia y Canadá, para hacer valer su derecho de no pelear en ninguna guerra.
En México, vivieron encerrados durante décadas en campamentos remotos con nombres como Colonia Manitoba. Pocos hablan español.
Si hasta hace dos décadas no usaban la electricidad ni el automóvil, ahora los 50 mil menonitas de México luchan por mantener alejados los vicios de la sociedad moderna a medida que las tiendas, las camionetas y los tractores entran en sus campamentos remotos.
"Los problemas más comunes son la droga, el alcohol y la infidelidad matrimonial", dijo Funk. "Hace mucha falta un mensaje de esperanza".
Hace un año, la policía mexicana empezó a vigilar los campamentos a pedido de dirigentes comunitarios preocupados por la delincuencia, y se hacen planes para crear un centro de rehabilitación de drogadictos.
La policía cree que un grupo de jóvenes menonitas mantiene contacto con traficantes del norte de México y a conformado una mafia menonita, no sólo para vender drogas en su comunidad sino también para llevarlas a Estados Unidos.
El año pasado, agentes de la aduana norteamericana detuvieron a tres personas de apellidos germánicos, oriundas de Cuauhtémoc. Cada una llevaba unos 50 kilos de marihuana a Texas. Se cree que los tres son menonitas, aunque la aduana no pregunta a los detenidos su religión.
Manuel Caracosa Alvarado, director de un centro de rehabilitación en Cuauhtémoc, dice que recibe a un centenar de menonitas por año, adictos a drogas duras como la cocaína, el crack y la heroína.
Francisco Friessen se internó en el centro luego de quedar atrapado bajo su tractor, que volcó cuando él lo conducía en estado de ebriedad.
"Mucha gente de mi campamento debería pedir ayuda para superar la adicción al alcohol o las drogas", dice este hombre tímido que viste camisa de seda color borgoña y jeans violetas.



Niños menonitas juegan cerca de un granero.
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