Año CXXXIV
 Nº 49.012
Rosario,
lunes  29 de
enero de 2001
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cartas
El comienzo de la vida

Ante la carta que me contesta el señor Ramacciotti, pido disculpas ante quienes comparten el pensamiento que tiene sobre la concepción. No creo que todos sean hipócritas e ignorantes. El intolerante fui yo por usar dichos términos. Sin embargo, se equivoca cuando dice que me pongo de juez para decidir hasta dónde se vive. Creo que esta posición es asumida por el firmante, al condenar a una humilde mujer a morir por un aborto clandestino. Yo no limito la vida, pero sí lo hace Ramacciotti al posibilitar que en estos casos mueran tanto el feto como la mujer. Yo pretendo que al menos ella viva, porque tengo total certeza de que se trata de un ser humano, pero no la tengo respecto al embrión. Asimismo, puedo aseverar que en el primer mes de embarazo no hay vida y que por lo tanto, "la píldora del día después" o el DIU, eliminan al embrión antes de que la haya adquirido. Por lo tanto, no se puede penalizar a quienes usen estos métodos, pues no se los puede culpar de un crimen probable. Y nadie sabe si ese embrión devendrá en un ser vivo, un aborto espontáneo, un tumor, o un caso de anencefalia, como el que ocasionó que una pobre mujer tuviese que vivir varios meses sabiendo que tenía un feto muerto en su vientre. No hay dogma, ni razón alguna que justifique la crueldad para con un ser humano.
Carlos Enrique Galiano


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