Año 49.007
 Nº CXXXIV
Rosario,
miércoles  24 de
enero de 2001
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Gonzalo García vivirá su tercer Mundial de seven, esta vez no como jugador sino como médico de Los Pumas

Pablo Mihal

En las entrañas llenas de historia de Murrayfield, un corazón caliente le quitaba al cuerpo el frío escocés. Fue en Escocia, una tierra donde el rugby es religión, que se acunó el primer Mundial de seven en una experiencia inolvidable por lo novedosa y fantástica. Y fue allí donde Gonzalo García comenzó a demostrar todas sus virtudes en esta versión del rugby.
Con Lisandro Arbizu comparte el halago de ser los únicos rugbiers argentinos que jugaron los dos mundiales de seven disputados hasta el momento, ya que después de esa experiencia en el Viejo Mundo, también defendieron los colores albicelestes en la mítica Hong Kong.
Hasta ahí, nada raro, ya que ese dato forma parte de la historia y de las estadísticas argentinas en este deporte. Pero el destino a veces se encapricha y juega sus propias cartas. Retirado ya de la competencia internacional, García estará presente en lo que será su tercer Mundial. Pero este tendrá un sabor diferente, ya que no será como jugador sino como parte del cuerpo médico de Los Pumas (ver aparte).
Haciendo un repaso de su carrera, el primer capítulo de su historia mundialista lo escribió en la escocesa Edimburgo, torneo que finalmente ganó Inglaterra y en donde Argentina cosechó la Copa de Plata.
"Creo que el primer Mundial fue espectacular, más allá de que era novedad porque era la primera vez que se realizaba. Las expectativas generadas en Escocia, y el hecho de haber jugado en semejante estadio como lo es el de Murrayfield, en un lugar donde el rugby es religión como lo son las Islas Británicas. Representar al país en un Mundial, personalmente fue muy importante", reseñó el hombre de Duendes para comenzar a desglosar su transitar por el seven internacional.
"Por suerte pude jugar casi todos los partidos y ganamos la Copa de Plata. Se hizo muy difícil porque eran grupos de 6 equipos y teníamos rivales muy duros en la zona. El equipo no se caracterizó por jugar muy bien, pero era una formación muy contundente que tenía una buena defensa y en donde el nivel de los jugadores era muy parejo. Sufrimos la baja de Gonzalo Camardón, que creo era el jugador clave del equipo, justo en la última práctica, en el último día. Fue una baja importante pero anduvimos bien", dijo el también ganador de los seven internacionales de Taipei en 1994 y Punta del Este en 1995.
-¿Cómo fue el nivel del primer Mundial?
-Cada país llevó lo mejor. Los partidos fueron durísimos, muy intensos. Yo creo que Inglaterra salió campeón porque los equipos del Pacífico Sur no se bancaron el frío. Jugamos con un frío terrible. Tan bajas eran las temperaturas que habían montado carpas especiales que tenían calefacción y entre partido y partido íbamos ahí para no enfriarnos, pero jugábamos con tres o cuatro grados bajo cero. Yo creo que ese no fue un detalle menor, porque influyó por ejemplo en Fiji, que perdió 21 a 7 con Inglaterra en las semifinales del torneo.
-¿Qué es lo primero que se te viene a la mente cuando se habla del Mundial de Edimburgo?
-El hecho de tener puesta la camiseta de Los Pumas. Tener la sensación de estar tan lejos de Argentina y llevar puesta esa camiseta. Fue un orgullo ya que había un montón de jugadores que podrían haber estado tranquilamente ocupando mi posición. Creo que fue emocionante.
-¿Qué diferencia notaste entre el primer Mundial y el segundo?
-Creo que la evolución del juego. Partamos de la base que la diferencia física entre los equipos del Pacífico Sur y los de Europa con Argentina siempre existió, yo creo que de Mundial a Mundial la diferencia no se acentuó sino que Argentina progresó pero los otros países también lo hicieron. Fue el rasgo característico en la parte física pero también en los conceptos del juego. Como en el rugby de 15, el seven también cambió muchísimo. Se juega de otra manera. Antes se jugaba más parado, ahora se tiene más contacto. Se fue progresando en el juego pero se hizo un juego de mayor contacto, mayor velocidad y mayor carrera.
-¿Cuál es la impresión que quedó de Hong Kong, el segundo Mundial?
-La gran diferencia que hubo con el primer Mundial fue la preparación, más organizada y más seria. En el torneo en sí, en Hong Kong se plasmó más la diferencia de las potencias con el resto de los equipos, incluida Argentina. Como país... es un lugar maravilloso, exótico, increíble. Lo que más me impactó fue la fiesta de la gente en las tribunas en un estadio ultramoderno metido en el medio de una ciudad donde se mezcla la vieja cultura oriental con la occidental.



García, desde el piso, intenta frenar a Lomu.
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