Año CXXXIV
 Nº 48.992
Rosario,
miércoles  10 de
enero de 2001
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Hijos de la tevé
Pediatras afirman que acusar a la caja boba de los problemas sociales es ingenuo. Y que su erradicación del hogar podría llegar a ser contraproducente

El exceso de TV es malo en los niños, dicen los pediatras. Conspira contra la interacción social, empobrece el lenguaje, genera violencia y provoca sobrepeso. Sin embargo, erradicarla del hogar o prohibirla puede ser aun más contraproducente: Sería catastrófico, lo peor que se puede hacer, argumenta el semiólogo Fernando Andacht, profesor de sociología y comunicación en las universidades Católica y de la República, en Montevideo, Uruguay.
Induce un deseo enfermizo. Conocí a una familia que le había prohibido la tevé a su hijo, y cuando venía algunas horas a mi casa se transformaba en un adicto a la pantalla y miraba hasta los informativos políticos, agrega Andacht, participante en una mesa redonda sobre los niños y la televisión, llevada a cabo en el último Congreso Latinoamericano de Pediatría realizado en la capital uruguaya.
La Academia Americana de Pediatría sólo recomienda evitar la exposición a la pantalla en los menores de dos años, y luego de esa edad la acepta con reservas durante un máximo de dos horas diarias. Pero Andacht es terminante: Acusar a la tevé de todos los males y exigir que se haga cargo de cosas (como la educación o el contacto con los padres) que la propia sociedad no asume, es ingenuo o utópico en el peor sentido de la palabra. Dosificar sería ideal, pero esta no es una sociedad ideal.

Aislados
En términos generales, los médicos tienden a poner el acento en los efectos perjudiciales de la pantalla sobre el desarrollo infantil. Aurora Delfino, profesora de Neuropediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República, en Montevideo, asegura que es jugando -y no viendo tevé- donde el niño aprende a conocer el mundo que lo rodea. Allí logra habilidades de coordinación, reconoce formas, letras y colores, desarrolla la memoria y la atención, enriquece el lenguaje. En cambio, la televisión aísla al niño: los únicos sentidos que trabajan son la visión y la audición, y el resto quedan poco estimulados.
Otros estudios afirman que cada hora de exceso frente al televisor aumenta en un 12% el riesgo de obesidad infantil, en tanto numerosas investigaciones sugieren que las imágenes violentas en la pantalla pueden disparar conductas destructivas, sobre todo poco antes de la adolescencia.
¿Pero realmente se puede culpar a la televisión de todos los demonios que se le atribuyen?

El menú de la pantalla
La televisión impone su omnipresencia y se transforma en un integrante más de la cotidianidad familiar. Una encuesta realizada en Uruguay mostró que hay más hogares con un aparato de televisor que con agua potable o calefón (sus resultados podrían extrapolarse a gran parte de la región). El Homo videns que denuncia el filósofo italiano Giovanni Sartori en el libro del mismo título parece fermentarse desde la cuna.
El 60% de los niños empezaron a ver tevé antes de los dos años de vida, y el 40% mira más de tres horas diarias, se alarma el pediatra Nelson Ferreira, de Tacuarembó. Fuentes de la Unesco aseguran que en América del Sur los menores de 14 años están frente a la pantalla un promedio de 4 horas.
El tiempo máximo no nocivo es dos horas diarias con programas seleccionados. Y el aparato no debe estar en el dormitorio, dice Ferreira. Sin embargo, todavía no existen estudios que establezcan una relación inequívoca dosis-efecto entre la exposición al televisor y trastornos de la conducta o el desarrollo en infantes.
Michel Zann, psiquiatra del Hospital Charles-Nicolle de Rouen, Francia, admite que la supuesta violencia inducida por la televisión en chicos tal vez dependa fundamentalmente de factores individuales o factores educativos socio-familiares.
¿La misma consideración debería aplicarse en otros estudios sobre los efectos de la pantalla? Andacht no vacila: Atribuirle a la televisión tantos efectos perjudiciales parte del equívoco básico de que existe una oposición feroz entre lo natural (el ser humano angelical) y la perversa técnica de la comunicación. Pero no hay que ser maniqueísta. La técnica y el ser humano se definen recíprocamente.
El especialista agrega que el hecho de que un chico esté ocho horas frente a la pantalla no es culpa de la televisión, sino de los padres ausentes. Y que la menor dedicación a la lectura también está influida por el alto costo de los libros.
Concluye Andacht: No conviene dejar de confirmar las premisas que se tienen por ciertas. Ninguna imagen mata a nadie, las armas violentas sí. En cualquier caso, un solo libro mató más personas que todas las emisiones de tevé en su historia: Mi lucha, de Adolf Hitler.
Matías Loewy


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