Año CXXXIV
 Nº 48990
Rosario,
domingo  07 de
enero de 2001
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"De dobles y bastardos": Bajo la lógica del nombre falso

Paola Piacenza

La obra de Luis Gusmán (1944) está atravesada por la búsqueda de un idioma -una morfología, una sintaxis y una entonación particular- en la que se reconoce con igual derecho el estilo personal del autor y la inflexión de una lengua posible para la literatura argentina, en una de sus modalizaciones más singulares. Esta pretensión aparece tematizada en sus ensayos (por ejemplo, los reunidos en La ficción calculada, 1999) y ejercitada en su narrativa (cuentos y novelas) desde El frasquito, en 1973. En los más de treinta cuentos recopilados en De dobles y bastardos -algunos inéditos y otros reescrituras de los de La muerte prometida (1986) y Lo más oscuro del río (1990)- este idioma también supone una lógica: la del nombre falso.
La lengua menor de estos relatos tiene la incertidumbre del registro coloquial y la provisionalidad de una conversación. Las palabras ya no son el nombre de las cosas porque eluden las grandes afirmaciones en un pequeño universo narrativo, como dice el autor en el Prólogo, encerrado en los bordes de vidas sencillas con discursos precarios hechos de restos. Los personajes tienen Nombres de artistas o apodos, canturrean letras de canciones en inglés tan familiares como desconocidas y su enciclopedia es producto de la lectura de la sección Curiosidades de Selecciones del Reader´s Digest. Hablan una lengua hecha a medida de sus destinos cotidianos más dada a la sorpresa que a las grandes previsiones.
La bastardía del título es menos un suceso que una condición de la existencia de estos personajes desheredados o desembarazados de un rumbo para su vidas. Mientras que Finamore, protagonista del cuento del mismo nombre, encuentra la muerte a lo bonzo por obra de una broma pesada cuando dormía refugiado en la puerta del baño del Automóvil Club -pura casualidad- el personaje de El rojo color de sus ojos lleva un dolor en la mirada que ningún avatar de la realidad puede modificar. El dolor es su destino desde que un ómnibus -imposible de prever- arrolló a su mujer matándola en la calle. Los personajes proponen y sabe Dios quién dispone. El humor y una forma extraña de resignación son los que impiden que las historias se tornen trágicas. Los héroes de Gusmán no parecen conscientes de su actos hasta que sus vidas se les revelan súbitamente pero sin escándalo.
Calladamente, es en esos momentos en los que muchos de los cuentos adquieren un discreto carácter moral; lo que de acuerdo con el prólogo resulta inevitable y necesario. Dice Gusmán: cuando nos proponemos hablar del mundo caemos en una moraleja. Kafka, Joyce y Shakespeare: los autores más leídos por Gusmán en sus textos críticos están en estos relatos: se puede leer la alegoría kafkiana, la búsqueda de un estilo por indagación de la lengua propia de la literatura de Joyce y el personaje partido del dramaturgo inglés.
Los cuentos se presentan en cuatro secciones: Del cielo y de la tierra, De dobles y bastardos, De cruces y antepasados y De amores perdidos. La cuidadosa estructura doble de los títulos (en el último caso, la nostalgia sería el doble del amor perdido) se eleva al cuadrado con un epígrafe, respectivamente, de Rimbaud, Borges, la Odisea y Faulkner que repite en abismo la estructura binaria. El cielo y la tierra en Rimbaud, el original y su impostor, en Borges; el anonimato de la muerte y el nombre propio, en el texto homérico y una estrella que cae pero porque hay alguien para verla; en Faulkner. La prolijidad compositiva es un rasgo sobresaliente de la poética de convención consciente de Gusmán pero en este caso se extrema con carácter de obsesión probablemente por la exigencia de la reescritura. Los personajes se duplican en pares conformados por hermanos, parejas o la voz de un narrador testigo que narra en primera persona. Entre ellos no hay obligatoriamente un encuentro sino antes bien un desencuentro esencial, como si se conocieran mejor en su lejanía. A través de la estructura doble, pareciera querer decirse que a algunos les toca vivir -ingenuamente- ciertas vidas y a los otros, comprenderlas.



Luis Guzmán, a la búsqueda de un "idioma".
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