Año CXXXIV
 Nº 48.979
Rosario,
martes  26 de
diciembre de 2000
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Las Abuelas vieron empañarse la fiesta que organizaron el pasado sábado
Una brutal agresión fue el abrupto final del Festival por la Identidad
El cantante de Bersuit Vergarabat sufrió un botellazo en la cabeza durante el show realizado en Plaza de Mayo

Juan Salinas

Una botella de cerveza arrojada desde casi veinte metros se estrelló contra la calva cabeza de Gustavo Cordera, el vocalista de Bersuit Vergarabat, dejándolo nocaut. Tal fue el abrupto y triste fin del Festival por la Identidad organizado por las Abuelas de Plaza de Mayo, en el escenario que lleva su nombre, el sábado por la noche.
El accidentado concierto de Bersuit Vergarabat se dirigía hacia su fin y el público -parte del cual se encontraba muy alcoholizado y entregado a la manía de la pirotecnia- pedía a voz en cuello el controvertido tema Sr. Cobranza (que acusa al poder y a sus personeros de narcotraficantes) cuando, en un breve instante de silencio en que el escenario estaba prácticamente a oscuras, un energúmeno apuntó desde lejos y arrojó con fuerza la botella que impactó en el cráneo de Cordera, quien se desplomó sin sentido.
Por un momento todos los presentes pensaron lo peor. Pero como el evento no estaba -al menos en ese instante- siendo registrado por las cámaras de televisión, ningún diario porteño dio la noticia. Por lo visto, lo que no aparece por la TV no existe, porque apenas dos semanas atrás, también en la Plaza de Mayo, al culminar la Marcha de la Resistencia, los muchachos de Hijos le hicieron el vacío a Hebe de Bonafini, presidenta de la Asociación de Madres de Plaza de Mayo, desalojando la plaza y arrastrando con ellos a la mayoría de los asistentes. Una retirada que, salvando las distancia, recordó a la del Primero de Mayo de 1974, protagonizada por las huestes de la Juventud Peronista vinculada a Montoneros luego que, desde el balcón de la Casa Rosada, un anciano Juan Perón los tratase de imbéciles e imberbes.
Tampoco en la Marcha de la Resistencia hubo cámaras de TV ni diario alguno se dignó reflejar el sonoro divorcio de Hijos y Madres, continuado el sábado por el amoroso encuentro de Hijos y Abuelas.

Fiesta, agresión y decepción
La del sábado fue una noche fresca en Buenos Aires y en la Plaza de Mayo estaban dados todos los ingredientes para que la reunión organizada por las Abuelas de Plaza de Mayo fuese una fiesta. Sin embargo, la brutal irrupción de un inadaptado envió a Cordera al hospital, no sin antes recibir una terrible paliza. Ese fue el abrupto fin del festival, con la gente desconcentrándose mientras rumiaba el amargo bocado de la bronca y la tristeza.
Desde bien temprano el ambiente se percibía denso. La convocatoria, planteada por las Abuelas como un espacio de encuentro social, comenzó a concretarse alrededor de las 20.20, cuando llegaron a la plaza desde distintos barrios de la Capital y el conurbano las murgas Mala Yunta, Acalambrados de las Patas, Pitucos, Quitapenas, Gambeteando el Empedrado, La Redoblona, Amantes de la Boca, Kilmes, Matadores y Verdes de Monserrat. Su alegre entrada, en medio de luces de bengala, contrastaba con el consumo indiscriminado de vino y cerveza de muchos de los asistentes.
Ya entonces el público se encontraba diferenciado en tres sectores. Sobre el escenario montado en el comienzo de la Avenida de Mayo, junto al Cabildo, convivían trabajosamente quienes intentaban disfrutar del espectáculo con quienes se dedicaban a consumir alcohol. Cerca de la Pirámide, cuatro ateridos efectivos de la Policía Federal en mangas cortas controlaban un vallado, al igual que otros compañeros sobre la Casa de Gobierno, a fin de preservar de eventuales ataques el pesebre navideño instalado por sugerencia de la primera dama, Inés Pertiné.
Por fin, junto al monumento a Manuel Belgrano se levantaba la carpa en solidaridad con los presos de La Tablada.

Un momento de vacilación
Todavía tenemos fuerza para seguir luchando. Hay mucho por hacer, por eso necesitamos del pueblo, de la juventud. Ojalá muchos de los que están hoy acá y duden, vengan a vernos. Estamos deseando abrazar a nuestros nietos y también estamos por la libertad de los presos de La Tablada. Necesitamos estar juntos para cambiar el destino de nuestro país. Queremos una patria justa, libre y soberana, como querían los 30.000 desaparecidos, trataba en vano de hacerse oír Estela de Carlotto, ante una multitud enfervorizada que clamaba por la aparición de Bersuit Vergarabat. Habían pasado las 21 y todavía faltaba la obra teatral A propósito de la duda, de Daniel Fanego sobre textos de Patricia Zángaro (ver aparte).
Poco después de las 22 arrancó Bersuit, como es su costumbre, con todos sus miembros vistiendo pijamas. Arrancó en medio de una pirotecnia desenfrenada, hasta el punto de que parte del manso público que disfrutaba de las mejores ubicaciones se retiró a lugares más distantes pero también más seguros.
Como cada vez más petardos eran lanzados sobre el escenario, Cordera dijo entre canción y canción: No se lastimen con la pirotecnia. ¿Porqué no nos calmamos un poco, loco? Estas cosas de Fabricaciones Militares están lastimando a la gente. Estamos viviendo en una fiesta.
El líder de la Bersuit invocó en otra interrupción a quienes han venido de lejos para escucharnos. La tercera y definitiva interrupción se produjo cinco minutos antes de las 23, cuando en un instante de silencio y oscuridad, una botella de cerveza silbó en el aire y le pegó en la frente. Fue el fin, y hubo que esperar al día siguiente para confirmar que Cordera se encontraba fuera de peligro.


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