Año CXXXIV
 Nº 48949
Rosario,
sábado  25 de
noviembre de 2000
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La colección del Castagnino vuelve a ser colgada con muchas novedades
Varias de las obras del museo serán nuevamente exhibidas luego de haber sido restauradas en Buenos Aires

Con cambios significativos, desde el 2 de diciembre se exhibirá nuevamente al público parte de la excelente colección de obras de arte que posee el Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino (sito en Pellegrini y Oroño), que fue bajada hace dos meses para poder realizar tareas de restauración y catalogación. De esta manera, se cierra la segunda etapa de un convenio que la institución está llevando adelante con la Academia Nacional de Bellas Artes y la Fundación Antorchas, que en un futuro permitirá realizar un catálogo razonado de la colección y un nuevo guión museológico, poniendo énfasis en las producciones locales.
Si bien este trabajo llevará más de dos años, los rosarinos ya podrán ver algunos frutos de la primera catalogación que se hace del patrimonio en toda la historia del museo, a la vez que redescubrir las valiosas obras (varias decenas) que fueron intervenidas en la Fundación Antorchas, institución reconocida a nivel mundial, donde trabajan los mejores especialistas del país, algunos de los cuales fueron contratados especialmente para restaurar estos trabajos.

Capacitación
Estas tareas también permiten capacitar al personal del museo, ya que en el marco del convenio, la restauradora del Castagnino trabaja conjuntamente con los especialistas de Buenos Aires, y a su regreso podrá continuar su trabajo en la ciudad con un equipo de dos conservadoras en la nueva sala de restauración, que se acaba de inaugurar en el marco del convenio realizado entre la Municipalidad y Antorchas. Esta sala está equipada con elementos de alta tecnología que fueron aportados por la fundación, mientras que el museo y la Fundación Castagnino se hicieron cargo de los gastos edilicios para acondicionar el lugar.
La decisión de restaurar las obras fue tomada en forma conjunta por los restauradores y los conservadores luego de verificar que muchos de los principales cuadros del patrimonio presentaban serios problemas: desprendimientos de la capa pictórica, roturas en la tela, y grietas y alteraciones en el barniz, que en algunos casos habían distorsionado completamente el color originario. Estos deterioros, según los expertos, debían ser solucionados de un vez porque aceleran el envejecimiento natural de los materiales, y se corría el riesgo de perder los trabajos.


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